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domingo, 22 mayo 2022 1:07

Froome cercena muchas ilusiones

Hay un vídeo que circula en el Centro Mundial de ciclismo que tiene la UCI en Aigle (Suiza), el más popular de todos con los que cuentan, en el que aparece el estreno de Chris Froome en un Campeonato del Mundo, el de Salzburgo (Austria), en 2006, en categoría sub-23. En él se le ve al actual líder del Tour con un casco rojo y un buzo negro y verde en el momento en el que está en la rampa de lanzamiento de ese Mundial contrarreloj. Pocos segundos después, Froome golpea con su bicicleta a un juez árbitro y las hojas que éste tenía en la mano vuelan. Se vuelve a montar en la bicicleta y continúa su camino.

Ocho años después, Chris Froome no sólo es maillot amarillo del Tour de Francia sino que se ha convertido en un gran especialista contra el crono, en uno de los mejores del mundo. Los datos le avalan.

Su medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres, sus dos segundos puestos en las contrarrelojs del Tour del año pasado, los dos que ha logrado esta temporada en la Tirreno-Adriático y el Criterium del Dauphiné, ambos detrás de Tony Martín, y el segundo puesto que consiguió este miércoles explican mucho mejor su valía en esa disciplina.

Entre Avranches y el Mont-Saint-Michel, una llegada que sirvió para darle más brillantez a una de las maravillas de Occidente, uno de los grandes monumentos de Francia, que forma parte del patrimonio de la UNESCO, Froome cortó de cuajo muchas de las ilusiones que podían tener algunos corredores por desplazarle del primer puesto de la general. Los tiempos no admiten duda en una contrarreloj que ganó Tony Martin a una media de 54,271 kilómetros por hora, con doce segundos de ventaja sobre Froome.

Es la segunda contrarreloj que gana en el Tour el alemán. Fue el único que terminó a menos de un minuto de Martín.

Froome fue el mejor en los pasos intermedios. En el kilómetro nueve y medio, Valverde perdía 25 segundos, Contador, 26 y Mollema, 29. Se estaba convirtiendo en un martillo pilón, que en el segundo punto intermedio, en el kilómetro 22, dejaba a Contador a 1:26 y a Valverde, a 1:27.

Purito Rodríguez estuvo fuera de la etapa en todo momento y finalizó a 3:29. Froome ha pasado de presentarse como delegado de Kenia en aquel mundial de Salzburgo, donde le dijeron que no podía ser a la vez oficial y corredor, a tener la general del Tour de Francia muy controlada, con unas diferencias cómodas, que le van a permitir manejar los tiempos sin agobios.

Una evolución que nadie pensaba que podría tener cuando daba sus primeros pasos en el ciclismo.

La bahía que hay en el Mont-Saint-Michel permite, dos veces al mes, presenciar una de las grandes obras de la naturaleza, una marea que fluctúa con quince metros de diferencias entre la pleamar y la bajamar. Y una marea, amarilla, es lo que vimos en Froome. El resto de corredores, Valverde, Kreuziger, Mollema, Contador o Ten Dan, se movieron en unos tiempos parecidos.

En un paraje único a nivel mundial, con un viento que azota la tienda gigantesca en la que escribimos, un magnífico horno para cocer periodistas, echamos la mirada hacia atrás y comprobamos que el talento termina por imponerse, casi siempre, pero que en el caso de Froome tuvo la fortuna de caer en el centro mundial de ciclismo, donde comenzó a sumar triunfos de calidad. Primero, una etapa en el Giro de las Regiones. Rob Hunter le prometió un contrato con Barloworld, con quien corría, si seguía obteniendo buenos resultados. Quedó segundo en la etapa reina de la Guillermo Tell. Pasaría a profesionales.

Lo primero que le enseñaron en Suiza fue a bajar puertos. Era una carencia que tenía entonces y que ha conseguido mejorar, sin ser un gran especialista. Su mejora en las contrarrelojs tienen un nombre, el del americano Boby Julich, tercero en el Tour de Francia de 1998, con el que trabajó durante un cierto tiempo hasta que el Sky realizó una catarsis interna en su equipo y a todas aquellas personas que habían tenido algún problema con el dopaje decidió no renovarles el contrato.

Julich fue una de ellas. Siguió entrenando con Tim Kerrison, del que Julich era un fiel seguidor. Froome, que mide 1.86 y pesa 69 kilos , se ha convertido en un rodador sólido, capaz de volar a más de 50 kilómetros a la hora entre Avranches y el Mont-Saint-Michel.

Fueron 33 kilómetros en los que los ciclistas lograron sentir todas las sensaciones posible. Desde la falta de aire que se notaba ante la las hileras de miles de aficionados que no dejaban pasar el aire y convertían la carretera en un tubo del que el corredor parecía quererse escapar rápido, hasta el aire que les pegó de frente en la parte final, lo que les refrescaba una piel bañada en sudor.

Doce segundos separaron a Tony Martín y Froome, que miden lo mismo. La diferencia está en el peso. Martin le saca seis kilos a Froome, que siempre sucumbe ante un especialista -Tony Martin en la Vuelta a la Vuelta a España de 2011, Bradley Wiggins en el Tour del año pasado, Martin de nuevo en el Tour de este año le han ganado-, pero que es capaz de sacar al resto de sus rivales ventajas importantes en la montaña y en la contrarreloj. Si un corredor es el mejor en esos terrenos, con una gran regularidad, la ecuación termina por resultar perfecta.

Valverde se mostró a un buen nivel y Contador, sin estar mal, no tiene el nivel, quizá por las alergias, -tampoco quiere buscarse él mismo excusas-, que le castigan y le impiden poder rendir a un nivel más alto para ganar el Tour.

A día de hoy no hay nadie mejor que Froome en este Tour. Ganó la primera etapa en montaña en Ax 3 Domaines y también pasó el rodillo en la primera contrarreloj. Sólo el campeón del mundo, Martin, pudo con él. Con un desarrollo de 56-11, Froome va cerrando rendijas por las que le puedan llegar problemas.

Lo más interesante es que ningún ganador del Tour, Evans y Contador, podrán repetir triunfo en la carrera. Vamos camino de tener un ganador africano. La rueda de los mejores sigue girando rápido, muy rápido.