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Felipe de Brabante, un heredero tranquilo al servicio de su país

El príncipe Felipe de Bélgica, hijo primogénito del rey Alberto II y de la reina Paola y duque de Brabante, afronta a sus 53 años la sucesión en la Corona belga con un temple sereno y con amplia experiencia al servicio de la imagen de su país en el extranjero, especialmente a través de misiones comerciales, tras el anuncio de abdicación hecho hoy por su padre, el rey Alberto II. Según explicaba en una entrevista reciente para el diario 'La Libre Belgique', ha vivido con «entusiasmo» su preparación para ocupar el puesto de su padre.

Nacido el 15 de abril de 1960, del próximo rey de los belgas los medios destacan su esfuerzo por formarse a través de los años para ocupar el trono, pero también su timidez a la hora de relacionarse en público y su gran simpatía en privado. Cuando cumplió la mayoría de edad fue instruido durante tres años en la Escuela Real Militar de Bélgica. Continuó sus estudios en universidades europeas de renombre como Trinity College o la Universidad de Oxford y finalmente se graduó con honores en Ciencias Políticas en la Universidad de Standford, California.

Antes de que se casara, se le relacionó con la Infanta Cristina. ¿La razón? Realizó varios viajes a Madrid en fin de semana y protagonizó alguna escapada a la estación de esquí de Baqueira en compañía de la segunda hija del Rey Juan Carlos.

En 1999, a la edad de 39 años, se casó con Matilde d'Udekem d'Acoz, con la que ha tenido dos niños y dos niñas: la princesa Elisabeth, nacida en 2001, que ahora se convertirá en la heredera; el príncipe Gabriel, en 2003; el príncipe Emmanuel, en 2005, y la princesa Elénonore, en 2008.

En el plano institucional y desde 1993, el príncipe Felipe ha encabezado cerca de 70 misiones económicas de gran relevancia para Bélgica, las más recientes en Tailandia, en 2013; en Vietnam, Japón, Turquía, Australia y Nueva Zelanda en 2012; en Rusia, Estados Unidos, China y Chile en 2011, y en India, Brasil, Ucrania y Kazajistán en 2010. En 1994 prestó juramento como senador de derecho.

Al margen de sus numerosas funciones oficiales, la Casa Real destaca que el príncipe Felipe está comprometido con profundizar el conocimiento de su país, con el papel y la imagen de Bélgica en el mundo y con las relaciones internacionales. Además, muestra un interés particular en los jóvenes y en su integración en la sociedad del mañana, motivo por el cual no sólo suele visitar escuelas y universidades sino que también sigue de cerca diversos problemas sociales como el paro y la lucha contra la pobreza y la exclusión.

Los rumores

En los últimos años, su vida ha estado marcada por rumores que en nada le han favorecido. El libro 'Cuestiones Reales', del periodista belga Fréderic Deborsu, ha sido una bomba de especulaciones cuya metralla ha asediado a la casa real belga. El autor le considera un individuo «frustrado», «con complejo de inferioridad» y «atormentado» por la fuerte autoridad de su padre.

También se ha llegado a especular acerca de su tendencia sexual. Algunos periodistas han alegado que Felipe «nunca ha llegado a tener ningún interés en las mujeres», «que su padre le obligó a casarse si quería heredar el trono» y que «tuvo una relación con un hombre del que nunca los medios llegaron a publicar nada». Rumores aparte, lo cierto es que la asunción del trono por parte del heredero parece estar cada vez más cerca. El pasado mes de marzo, en medio de los rumores sobre la posible abdicación de su padre, el príncipe heredero había asegurado que «el día en que se me pida que le suceda, si se me pide, estaré preparado».

Su padre, Alberto de Bélgica, llegó al trono después de que su hermano mayor, el rey Balduino, muriese en 1993 sin descendencia. Ahora, Felipe se prepara para asumir las labores de jefe de Estado de un país con diferencias socioeconómicas, pero que goza de estabilidad política. Tendrá que convencer, eso sí, al 30% de los belgas que opina que no está preparado para reinar.