Quantcast

Visto y no visto

Los espectadores que hayan apurado hasta el último momento para encender la televisión antes del cuarto encierro de estos Sanfermines, es muy posible que se hayan quedado sin ver la carrera de los toros de Victoriano del Río. Porque lo cierto es que los morlacos han volado sobre las baldosas y adoquines de las calles de Pamplona.

En total el encierro ha durado dos minutos y catorce segundos. Sí que es cierto que la propia velocidad de los morlacos ha provocado momentos de peligro como en la curva de Estafeta donde un mozo ha quedado emparedado entre las dos astas. En la bajada al callejón, otro mozo se ha encontrado un cuerno que le rozaba la axila y su plantaba casi en su rostro.

Pero poca más historia ha tenido la carrera de los astados madrileños. Incluso, este encierro no habrá gustado ni a los propios corredores. La manada ha estado encabezada en todo momento por los cabestros, por lo que resultaba realmente complicado encontrar un toro con el que correr.

Los toros se han comportado de forma totalmente noble, en ningún momento han lanzado ningún derrote. Ni tan siquiera han mirado a sus lados salvo en la Cuesta de Santo Domingo, donde parecía que trataban de situarse en el nuevo espacio.

Tan sólo al final de la carrera, en el tramo de Telefónica un toro ha tropezado y se ha quedado unos metros detrás de sus hermanos, pero ni por esas. El toro se ha reincorporado rápidamente y ha continuado su carrera sin hacer caso a las distracciones que le ofrecían los corredores.

La velocidad de la carrera ha provocado numerosos golpes y caídas, lo que ha provocado un total de tres traslados a los hospitales por traumatismo craneal, torácico y en un brazo respectivamente. Un joven de 24 años de la localidad navarra de Huarte ha resultado herido con traumatismo torácico leve en la Cuesta de Santo Domingo. En el Callejón han sido atendidos dos personas, un joven de Valencia de 27 años con traumatismo craneal leve y un vecino de Illescas, de 32 años con traumatismo en la mano derecha.