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El candidato a dirigir el FBI defiende el espionaje digital

En medio de la tormenta desatada por la rocambolesca fuga de Edward Snowden y el culebrón de apuestas y pronósticos en el que se ha convertido su destino final, la campaña de espionaje revelada por el extécnico de la CIA era un asignatura obligatoria para James Comey, designado por Obama para tomar las riendas del FBI. Comey defendió la utilidad de técnicas de espionaje electrónico, aunque siempre que haya «transparencia». El que fue el número dos Departamento de Justicia entre 2003 y 2005, durante el mandato de George W. Bush, se enfrentó anoche a la primera jornada de su proceso de confirmación al comparecer en el comité de Judicial del Senado, que debe dar el visto bueno antes de pasar a la votación del pleno.

Comey, de 52 años, evitó opinar sobre detalles que dijo desconocer de los controvertidos programas de espionaje recientemente revelados de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y el FBI, pero aseguró que «la recogida de metadatos (registros que no incluyen el contenido) es en general una muy útil herramienta antiterrorista».

El candidato aseguró que entre sus planes está convertir verdaderamente al FBI «tanto en una agencia de inteligencia como en una agencia que combata el crimen», al tiempo que continúa la transición para poner el foco en «ciberamenazas de ciberespionaje y ciberterrorismo». El ex funcionario conservador, llamado a ocupar el puesto de director del FBI durante 10 años, sustituirá, si es confirmado por el pleno del Senado, a Robert Mueller, que ya ha prorrogado dos años su tiempo frente a la agencia federal.

Los senadores se interesaron también por el pasado de Comey durante la era Bush. Comey subrayó que cuando conoció técnicas de interrogatorio como el ahogamiento simulado o la privación de sueño inmediatamente las consideró «tortura» y contestó afirmativamente al ser preguntado si cree que eran ilegales. «Si me convierto en director del FBI nunca aprobaría algo como eso», aseguró. Comey también dijo que durante su época en el Departamento de Justicia expresó su oposición a las técnicas de interrogatorio a sospechosos de colaborar con Al Qaeda al entonces Fiscal General Alberto Gonzales, que transmitió sus preocupaciones a la Casa Blanca, que las rechazó.