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La agonía del Albedo

«El calado de proa está hundido y la popa, cada vez más levantada. La bomba no da abasto y cada vez embarca más agua. La sumersión es irreversible, solo es cuestión de días». En un barracón acondicionado del aeropuerto de Yibuti, en el caluroso cuerno de África, el comandante Delgado daba hace días el último parte sobre la situación del MV Albedo, un portacontenedores malasio secuestrado por los piratas somalíes en noviembre de 2010. No parecía haber solución para este carguero fondeado a 2,2 millas (4 kilómetros) de la base pirata de Grisby, al noreste de Somalia, en el secuestro más largo conocido. Y ayer se confirmaron los peores presagios con el hundimiento del buque, un siniestro que causó once muertos, al parecer siete de ellos piratas. El otro pesquero que todavía permanece retenido es el Naham III, de bandera de Omán, cuyo destino puede estar unido al Albedo, ya que ambos estaban enganchados por una cuerda de amarre.

En total eran 54 rehenes vietnamitas, bengalíes, chinos, indonesios, filipinos, indios, iraníes y cingaleses, que vivieron como su tediosa espera al pago de un rescate podía tener otro final no tan feliz. En ese grupo ya no estaban los siete paquistaníes que hace un año fueron liberados previo pago de 1,1 millones de dólares y que relataron las torturas y la brutalidad que recibieron durante su cautiverio.

Ellos, al menos, vieron la luz. Pero para sus compañeros del Albedo estaba echada. Cuatro de ellos parece que han perdido la vida en el hundimiento conocido en las últimas horas. «Llevamos varios días en alerta 24 horas», reconocía entonces el sargento López, que se encarga del radar del avión P-3 Orión, la aeronave de vigilancia marítima que España aporta a la operación Atalanta contra la piratería.

A las 8:15 horas del pasado martes, los 13 integrantes del P-3 despegaron desde el aeropuerto de Yibuti, donde se encuentra el destacamento. El mercurio ya superaba los 35 grados y la aeronave de 40 años de vida y cuatro motores comenzaba otra misión de inteligencia. Ocho horas de vuelo, 2.500 kilómetros y vientos de hasta 40 nudos para recorrer el interior de la vecina Somalia y regreso por la costa hasta el golfo de Adén. El objetivo del día era supervisar 15 bases piratas, entre ellas el «punto rojo» donde están el Albedo y el Naham III.

«El pirata del gatillo fácil»

En la última charla antes del vuelo, el teniente coronel Cuesta, jefe del destacamento, reúne a los tripulantes del P-3 y a la unidad de inteligencia que trabaja en un contenedor sellado. El cabo primero Alfonso Saborido relata la última hora. «Los aliados no reportan novedades. Solo recordad las medidas de seguridad cuando descendamos hasta los barcos apresados. Es probable que el pirata del gatillo fácil siga haciendo de las suyas. Mucha atención».

Esta advertencia no es nueva. El pasado 22 de junio el avión español supervisaba el estado de los cargueros apresados gracias a sus equipos de guerra electrónica cuando un pirata que se encontraba en el puente de mando del Naham III les lanzó una rafagada con su fusil AK-47. Era la primera vez que sucedía. «No nos dimos cuenta hasta que analizamos el material fotográfico recogido por el avión y percibimos dos disparos por la estela de humo que salía de su posición», cofirmaba el teniente coronel Cuesta. «Fue casi anecdótico, porque volábamos a una distancia lo suficiente alejada. Se dio parte del incidente y no se tomaron medidas extras de protección», añadía el jefe de la misión aérea formada por 56 militares.

A las 17:30 horas, con el termómetro apunto de reventar -se superaron los 44 grados-, volvió de su periplo el P-3 Orión. La tripulación recogió los equipos electrónicos y llevaron el material producido a la unidad de inteligencia para su volcado. Una hora después se volvieron a reunir para dar el parte final. «Hay algunos cambios en las bases piratas. Más coches, más edificaciones, más antenas. En esta foto se ve movimiento; en esta otra los esquifes están orillados porque el monzón les impide salir; y este es el Albedo, que va a peor», cuenta el comandante Delgado mientras muestra un vídeo del carguero que recuerda el progresivo hundimiento del Prestige. De reojo, la fragata española Numancia, con 182 marinos a bordo,ha seguido de cerca la evolución del Albedo hasta sus últimas horas como el resto de la operación europea Atalanta.