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El nuevo presidente de Egipto tiende la mano a los islamistas

Apenas 24 horas después del golpe de Estado, Egipto ya tiene nuevo presidente. El hasta ahora presidente del Tribunal Constitucional, Adli Mansur, ha jurado provisionalmente su cargo al frente de la Jefatura del Estado mientras su antecesor, el islamista Mohamed Mursi, sigue retenido «preventivamente» por el Ejército.

De hecho, la Justicia ha emitido una orden por la que prohibe la salida del país al depuesto presidente, que está siendo investigado por las acusaciones de haber insultado al poder judicial junto a otros ocho dirigentes de los Hermanos Musulmanes. El juez designado para investigar estos hechos interrogará a los acusados el próximo lunes por presuntamente insultar al poder judicial y a sus miembros a través de los medios de comunicación, y a Mursi por haberlo hecho en un reciente discurso, ha informado la agencia oficial egipcia Mena.

Mientras tanto, la principal tarea del presidente interino será la de convocar unas nuevas elecciones democráticas que permitan formar un Ejecutivo para que pueda hacer frente a los desafíos y los problemas con los que se enfrenta el país. Ya en su discurso de investidura, Mansur ha expresado su «esperanza» de que los manifestantes «sigan enarbolando la bandera de esta revolución», aunque ha advertido de que «las elecciones parlamentarias son la única vía para alcanzar un futuro más libre y democrático».

«Recibo con mucho orgullo y agradecimiento la orden de asumir el cargo durante el periodo presidencial, una orden procedente del gran orden de Egipto», ha declarado Mansur durante la ceremonia celebrada en la sede del Tribunal Constitucional de El Cairo.

El nuevo presidente interino ha declarado que los Hermanos Musulmanes «forman parte del pueblo» y les ha invitado, por ello, a participar en «la construcción de la nación, de la que nadie debe quedar excluido». Mansur ha elogiado además «a la juventud y a las Fuerzas Armadas, que han sido la conciencia de la nación y la garantía de su seguridad», así como al poder judicial «libre e independiente» y a los medios de comunicación nacionales, «que dieron a conocer los males del régimen anterior».

Hacia la reconciliación nacional

El anuncio de la destitución de Mursi, que ha calificado de «golpe de Estado» el movimiento militar, lo hizo el jefe del Ejército y ministro de Defensa, mariscal Abdel Fatah Al Sisi, en un discurso televisado al país. Al Sisi compareció junto a un grupo de personalidades políticas, sociales y religiosas, como el premio Nobel de la Paz Mohamed El Baradei, el jeque de la institución del Al Azhar (la más importante del islam suní), Ahmed Al Tayeb, y el papa copto Teodoro II.

La actuación de la Fuerzas Armadas, que ha contado con el apoyo de un amplio sector de la población de Egipto, pone fin al mandato de Mursi, quien apenas llevaba un año en la presidencia del país árabe, y a quien los militares dieron un ultimátum de 48 horas, que expiraba ayer, para reconducir su política, que había generado un clima de fuerte división social.

El Baradei ha calificado de un «paso hacia la reconciliación nacional» el movimiento y la hoja de ruta presentada por el Ejército como plan de actuación para los próximos tiempos. El premio Nobel de la Paz, la figura más conocida de la oposición a Mursi, ha afirmado que con lo ocurrido «se corrige la Revolución del 25 de Enero», que derrocó al presidente Hosni Mubarak (1981-2011), y se responde a las demandas del pueblo egipcio.

Por su parte, el jeque Al Tayeb ha considerado que con esta iniciativa el dividido pueblo egipcio podrá «tender puentes», mientras que el papa copto, Teodoro II, ha señalado que la hoja de ruta se ha aprobado para «resolver el actual callejón sin salida». Tras anunciar la suspensión temporal de la Constitución egipcia, Al Sisi manifestó que el presidente de la Corte Constitucional administrará la etapa interina y convocará elecciones presidenciales anticipadas, de acuerdo con lo establecido en la hoja de ruta acordada por el Ejército con las fuerzas del país.

Euforia en Tahrir

Nada más conocerse el derrocamiento de Mursi, una explosión de júbilo inundó Tahrir. Cientos de miles de personas se concentraron en la plaza flameando banderas de Egipto y bajo el ensordecedor ruido de los fuegos artificiales. La multitud entonó el himno nacional egipcio y canciones patrióticas en señal de alegría. La escena es radicalmente distinta en la plaza de Rabea al Adauiya, en el barrio cairota de Ciudad Naser, y considerado un feudo de los islamistas partidarios de Mursi. Allí los simpatizantes del depuesto mandatario que habían acudido para expresarle su apoyo han dejado de ondear banderas, y ahora optan por el silencio.

De la celebración se pasó a la violencia en algunos puntos del país como en Marsa Matrouh, noroeste de Egipto, y en Alejandría, norte del país. Catorce personas han fallecido por los enfrentamientos entre simpatizantes y detractores del hasta anoche presidente egipcio mientras que los heridos se cuentan por decenas.

Persecución a los Hermanos Musulmanes

Los cuerpos de seguridad comenzaron anoche a arrestar a dirigentes de los Hermanos Musulmanes, como el presidente del brazo político de este grupo, el Partido Libertad y Justicia (PLJ), Saad Katatni. Según informa Efe, también fue detenido el viceguía espiritual de los Hermanos Mohamed Rachad Bayumi, que, de acuerdo con la agencia oficial Mena, ha sido trasladado junto a Katatni a las cárcel de la zona de Tora, en las afueras de El Cairo.

La Policía continúa la persecución de otros dirigentes de los Hermanos Musulmanes acusados de instigar a la violencia y amenazar la paz y la seguridad pública, según Mena. La Fiscalía acusa a los líderes islamistas de ordenar asesinatos entre los manifestantes. Las emisoras de televisión de los islamistas han dejado de emitir.

Tanto Mursi como los portavoces de la Hermandad han hecho un llamamiento a que la resistencia sea pacífica, aunque otros líderes han advertido que no será posible frenar brotes de violencia de los islamistas, que se han visto excluidos por la fuerza del poder.