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sábado, 28 mayo 2022 0:31

Los sueños mezclados de un debutante

En el estreno de la carrera, en Córcega, le tocó estar en la escapada que protagonizó Juanjo Lobato, que se vistió como líder de la montaña. Óscar Guerrero (Alsasua, 42 años) tenía, y tiene, toda la ilusión del mundo por estrenarse en el Tour como director.

«Es lo mismo que para un corredor. Llegar a correr el Tour es un sueño. Como director, desde que comencé en el ciclismo, también lo era y lo he podido cumplir».

Un sueño que se le quiebra en muchas ocasiones, sobre todo por la noche, cuando se le vienen a la cabeza las imágenes de Rufino Murgia, el masajista del equipo Euskaltel-Euskadi fallecido pocos días antes del inicio de la prueba en un accidente de tráfico. «Fueron veinte años de una relación muy intensa, tanto a nivel personal como profesional, y eso no se olvida».

Todo, o casi todo, es nuevo para él en Francia: «No sé si nuevo, o diferente. Es una carrera que no conocía de nada, nada más que de verla por televisión. La organización, el público que hay. A mí me parecía que en Córcega había mucho público y al llegar a Francia he visto que hay todavía más. Luego está el nivel de competitividad que hay. ¡Aquí se disputa todo!», explica.

Se ha encontrado con que «en la salida neutralizada ya hay corredores que se están moviendo». «Subir al podio es importante y todas las clasificaciones que permitan subirse a él se disputan a tope. La presencia de medios es masiva, cualquier detalle adquiere mucha importancia y es verdad».

«Hay que medir las fuerzas»

Óscar lleva toda la vida en el mundo del ciclismo, desde que comenzó en los años 90 con los cadetes y juveniles del club Burunda, de Alsasua. Luego estaría como responsable de una de las formaciones más emblemáticas del ciclismo aficionado, Caja Rural: «Allí pasé buena parte de mi vida, desde 1990 hasta 2004». Por su manos pasaron muchos corredores.

Su aventura profesional se iniciaría en uno de los proyectos más ilusionantes que tuvo el ciclismo español en los últimos años, Kaiku, que por desgracia, solo duró dos años. De allí pasaría al equipo Fuerteventura y posteriormente al Murcia-Ampo, donde coincidió, entre otros, con Gorka Izagirre, entonces un debutante, Aitor Pérez Arrieta o Dioni Galparsoro.

La vida de los directores profesionales es un tobogán que tiene bajadas y subidas, dependiendo de los proyectos en los que estén metidos. Durante tres años estaría trabajando en una empresa guipuzcoana relacionada con el ciclismo, Asper, hasta que Igor González de Galdeano le llamó: «Fue una sorpresa, una ilusión. Era volver a mi mundo. Le tengo que agradecer que se acordase de mí».

Otro tema que le ha sorprendido, aunque ya había realizado varias pruebas del WorldTour, es «la infraesctructura que tienen los equipos». «El montaje es realmente impresionante. Aquí hay que medir mucho las fuerzas que se gastan. Nosotros hemos comenzado con fuerza, metiéndonos en escapadas, al menos con un grupo de corredores, pero hay que saber también que esto es muy largo».

Ha llegado con tanta ilusión a Francia que hasta ha puesto la fotografía de su acreditación en el washap de su teléfono: «Cuando tienes una pasión y la puedes disfrutar en el mejor escenario del mundo es algo único, que hay que valorar. Hay que trabajar, intentar hacer las cosas bien. Al final te llegue la recompensa».

En carrera no ha tenido problemas, «aunque hay que andar con cuidado, porque hay muchos coches y hay respetar lo que te dicen».