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Un futuro rey, pretendiente de la infanta Cristina

En Bruselas cayeron este martes rayos y centellas. Se movieron los cimientos de Palacio. Un libro vio la luz, otro más, esta vez con el príncipe Felipe (el de los belgas) en el punto de mira, aunque 'Question(s) royale(s)' no persigue, dice el autor, dañar imágenes ya concebidas, sino descubrir (supuestos) aspectos privados de la familia real belga. Lo firma un periodista, Fréderic Deborsu, que llenó la sala donde su obra iba a ver la luz. La filtración (interesada, se entiende) de algunos extractos sirvió como anzuelo. Mejor promoción, imposible.

Dice el autor, que fundamenta sus frases hiladas en decenas de «testimonios directos» de personas próximas a la familia real, aunque admite que no cuenta con «pruebas escritas», que el rey Alberto tenía previsto abdicar el próximo año. A renglón seguido se corrige y argumenta que no cederá su corona hasta 2014 porque considera que el príncipe Felipe aún no está preparado para reinar a los belgas. Punto y aparte y Deborsu lanza un «creo que Felipe podría estar preparado para la corona, pero para que sea así el rey debe ayudarle y darle un papel más destacado ahora». Otra opinión. Otra más.

Considera el autor que el príncipe heredero y duque de Brabante es un individuo «frustrado», «con complejo de inferioridad» y «atormentado» por la figura autoritaria de su padre, además de «marcado por una infancia muy difícil en una escuela militar, en la que no tuvo cerca a sus padres ni a sus hermanos». Pero, por si eso no resulta demasiado jugoso, sostiene que Felipe se casó con Mathilde «bajo la amenaza terrible de su padre de no (permitirle) acceder nunca a la corona».

«Nunca ha tenido ningún interés por las mujeres», llega a decir. Habla de «la inmensa relación de amistad» de Felipe con otro hombre y pone en duda la forma en que la pareja ha tenido descendencia. Felipe de Bélgica, heredero del trono belga desde 1993, contrajo matrimonio con Mathilde d'Udekem el 4 de diciembre de 1999, y son padres de cuatro hijos, Elisabeth (2001), Gabriel (2003), Emmanuel (2005) y Éléonore (2008). Son estos pasajes, en los que hace referencia al heredero, los más polémicos, aunque tampoco la reina Paola se libra de varias páginas por sus supuestas infidelidades.

De la infanta Cristina, ni una referencia. Y bien que podría salir en los líos de la familia real belga si Deborsu se hubiera hecho eco de la portada del semanario Publi Choc que en noviembre de 1995 llevó a la segunda hija de los Reyes de España a portada entre dos interrogantes: «¿Es Cristina de España la futura reina de los belgas?». Se dijo entonces que el príncipe Felipe (de los belgas) visitaba con frecuencia Madrid «desde hace algunos meses y en sábado, un día que no coincidía con sus ocupaciones profesionales». «Se les ha visto practicar juntos juntos el esquí en las pistas de Baqueira y regresar solos al refugio en el Valle de Arán». «En esos días, las miradas de Cristina y Felipe se han cruzado de nuevo con insistencia». Son algunas de las afirmaciones que lanzaba entonces el semanario belga. Más específico fue el comentario la periodista María Eugenia Yagüe con motivo de la boda de los duques de Palma en Barcelona al referirse a la supuesta relación entre la infanta y el heredero belga: «Nos mandaron a una vacaciones en Baqueira Beret a Felipe de Bélgica con vistas a endosárselo a la infanta Cristina, que salió corriendo pista abajo y no paró de esquiar hasta que el descafeinado flamenco se volvió a casa». Tras escuchar o, mejor dicho, leer las palabras que le dedica Deborsu en su recién estrenado libro, lo de descafeinado flamenco suena hasta bien.