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sábado, 28 mayo 2022 12:33

«Perdí un Tour que podía haber ganado»

El Tour de Francia cumple cien ediciones, una efeméride que nos va a servir para ir recordado momentos y situaciones vividas a lo largo de todo ese tiempo, casi dos vidas. Para quienes vivimos los triunfos de Federico Martín Bahamontes y Luis Ocaña de lejos, la victoria de Perico Delgado en 1988 resultó inolvidable.

Hizo historia como ganador y también por la lucha, por decirlo de una forma elegante, que mantuvo con Stephen Roche y Eddy Schepers, el hombre de confianza del irlandés, que era una 'joya', sobre todo en las bajadas, por la forma tan 'elegante' que tenía de comportarse.

Pero cuando se habla de Delgado, ¿Cómo no recordar el Tour de 1989?, el del prólogo de Luxemburgo, en el que perdió 2:40. Acabó tercero en la general final, que ganó Greg LeMond, con ocho segundos de ventaja sobre Laurent Fignon, que consiguió en la última etapa, una contrarreloj entre Versalles y París, y 3:40 con respecto a Delgado.

«En ningún momento pensé que llegaba tarde a la rampa del prólogo. De hecho me acerqué hasta la rampa y vi que tenía tiempo. Tomaba la salida el último, como ganador del año anterior. Me acuerdo que había un reloj grande, con un sonido alto, 'tic, tac, tic, tac'. Me dije a mí mismo, todavía me que queda tiempo. Me voy a la zona de calentamiento (que estaba entre calles)», explica Perico con humor. Es sólo un recuerdo en su vida. «Tengo grabada la imagen de José Miguel Echavarri gritándome, '¡Sal!, ¡sal ya!, ¡sal!'. No entendí en aquel momento lo que me decía. Luego, ¡vaya si lo entendí bien!. Con decirte que cuando me ajustaba los pedales veía que el reloj marcaba 50 segundos y yo estaba tan tranquilo. Al final fui consciente de que salía tarde», recuerda Delgado.

«Al llegar me fui al hotel»

Lo peor todavía no había llegado. Con el tiempo ya perdido, los 7,8 kilómetros de Luxemburgo hicieron que por su cabeza se le pasase toda su vida: «No salí a tope. Iba justito. En mi fuero interno me iba preguntando, '¿Cuánto tiempo he perdido, cuánto tiempo he perdido?'. Cuando llegué a la meta estaba llena de periodistas, esperándome. Me dije, ¡aquí a mí no me cogen! Me marché sin parar hasta el hotel. Allí fue donde enteré de todo», reconoce.

Ganó aquél prólogo el holandés Erik Breukink. Sin el tiempo que se dejó en las calles de Luxemburgo hubiera quedado a catorce segundos de él. Nadie sabe lo que hubiera podido pasar en aquel Tour.

«Lo peor es que me descentró totalmente. Al día siguiente estuve haciendo tonterías durante la etapa, atacando donde no debía, quería remediar lo que había hecho y lo estaba empeorando. No dormí bien por la noche. En la contrarreloj por equipos perdimos 4:23. Me tuvo que esperar el equipo. Estaba descentrado. Hice el tonto. No estaba a lo que tenía que estar, perdí la concentración», señala.

No se corta al explicar lo que le sucedió: «Con el tiempo que cedí en la contrarreloj por equipos sabía que tenía el Tour perdido. En la última contrarreloj, de 24 kilómetros, salí muy relajado. Estaba a dos minutos de Fignon, poco motivado. Hice menos tiempo de lo que empleó Fignon. ¿Cómo me marcó aquello? Al final, la carrera me sirvió para recuperar mi espíritu. Me hubiera hecho falta, con la salida de Tour que tuve, un Tour más duro, sobre todo en los Alpes. Alpe D´Huez sólo tenía la subida final, no había antes ningún puerto. Intenté atacar, pero Lemond, sobre todo, y Fignon no se despegaban de mí rueda y sin más dureza no les podía soltar. En Villar de Lans se fue Fignon. Lemond siempre estaba a rueda. No tuve el terreno más adecuado para atacar en condiciones, que es lo que me hacía falta. Perdí un Tour que podía haber ganado», concluye.