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Sicilia sin tópicos

A los sicilianos no les gusta que les pregunten por la mafia, pero es inevitable no acordarse de ella cuando se pasea por cualquier localidad de la isla. Y la capital no es una excepción. Cuando se contempla el Teatro Massimo, en el centro de la ciudad, es imposible no recordar a un decrépito Michael Corleone hundido por la muerte de su hija en el final de El Padrino III. Este teatro es una de las principales atracciones de la ciudad, pero dista de ser la única.

La plaza Pretoria es un espacio mágico. Rodeada de iglesias (hay muchas iglesias en Palermo), cuenta con una fuente en el centro de la que cuesta separarse. Se le llama la Fuente de las Vergüenzas y, cuando se ve, es fácil deducir por qué. Está rodeada de esculturas de hombres y mujeres desnudos, que parecen mirar al infinito como si los muchos turistas que les rodearan les dieran igual. Otra plaza llamará la atención del visitante a Palermo.

Es la situada entre dos importantes arterias de la ciudad, la Vía Corso Vittorio Manuele y la Vía Maqueda. Su nombre: Plaza Villena, pero lo más seguro es que poca gente la conozca por esa denominación oficial. La buena, la que todos indican es Quattro Canti, o las cuatro esquinas. Cada una de ellas representa una estación y en cada una cuatro edificios que merecen mucho la pena.

Precios bajos y bullicio

También en esta plaza se pueden ver estatuas y fuentes. Eso sí, no es un lugar para la contemplación. Por su situación estratégica, Quatro Canti es un lugar de tráfico y bullicio, lo que no suele ser habitual en el resto de Sicilia. También en el centro de Palermo se encuentra la Puerta Feliz, una de las dos entradas, junto con la Puerta Nueva, de visita obligada.

Pero más allá de monumentos y atracciones, Palermo es una ciudad para perderse. Nadie puede negar su espíritu decadente, que es lo que le hace más atractiva. La zona del mercado de la Vucciria es de las más auténticas. Sin duda, en el hotel le dirán que tenga cuidado con la cartera pero, más allá de las precauciones típicas, se trata de un sitio seguro.

Por el día, podrá ver puestos de lo más pintorescos, donde venden desde gafas hasta juguetes usados. Por supuesto, todo tipo de comida, siendo éste el lugar indicado para comprar los exquisitos tomates secos que sin duda cualquier turista querrá traer de vuelta a su país.

Por la noche, el mercado se transforma. Los puestos de comida, carne y pescado a la brasa sobre todo, se alternan con pequeños bares donde ofrecen 'birra' y cócteles, especialmente el Negroni (no recomendable si no le gustan las bebidas amargas). Los precios, escandalosamente bajos, algo que puede llevarle a un consumo excesivo de alcohol.

Palermo es una ciudad para perderse. Nadie puede negar su espíritu decadente, que es lo que le hace más atractiva.

Las atracciones de Sicilia más allá de su capital son infinitas. Templos griegos como el de Segesta, al norte de la isla, son imprescindibles de visitar. Como comentó a un compañero de viaje un siciliano auténtico: «Es un templo perfecto. Lástima que le falte el techo».

Algo menos conocido de la isla italiana por excelencia es un pequeño pueblo situado justo encima de la poco atractiva Trapani. Su nombre es Erice y a lo mejor es acceder a él en teleférico. Desde el castillo de Venere, allí situado, se pueden ver las salinas emplazadas justo al lado de Trapani. También, las islas Egadi y, si el día es claro y se tiene suerte, incluso el Cabo Bon de Túnez, situado a tan solo 170 kilómetros de esa parte de la costa siciliana.

De Erice todo es bonito. Desde el pórtico, que da acceso a una ciudad, donde los coches no pueden entrar, hasta las más de 50 iglesias que pueblan sus calles. Tiene este pueblo otra ventaja. Es de las pocas zonas sicilianas que se pueden visitar en agosto. Su altura le hace inmune al pegajoso calor de la zona en pleno verano.

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