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miércoles, 8 diciembre 2021 20:51

Neymar vuelve a deslumbrar e Iniesta se apaga

Si el Mundial de 2010 fue el de Iniesta, encumbrado por el tanto más decisivo de la historia de España, la Copa Confederaciones ha sido la de Neymar, autor de cuatro golazos en cuatro partidos en un torneo en el que al crack brasileño ha deslumbrado jornada tras jornada, hasta quedar consagrado en la final, en el mejor escenario posible. El desequilibrante Neymar es un genio, espectacular en desborde, desmarque, velocidad, control… y remate, como pudo comprobar Casillas al filo del descanso, cuando el ídolo de Brasil se marcó un zurdazo pleno de potencia y colocación para dejar ya prácticamente sentenciado el título. El pulso que tanto prometía entre Neymar e Iniesta en busca del Balón de Oro lo ganó el ?10? brasileño sin oposición, porque no hubo color frente al ?6? español, que tras dejar boquiabierto de nuevo al planeta futbolístico con sus exhibiciones frente a Uruguay y Nigeria, se apagó, como toda España, en el partido definitivo.

La dureza y la presión de los brasileños anularon a ?La Roja? y a Iniesta, que aunque intentó templar, conducir y driblar desde el callejón de la izquierda, se vio maniatado por el juego defensivo y destructivo de los de Scolari. También, hasta que en la segunda mitad gozó de absoluta libertad y fue una pesadilla constante para España, Neymar jugó tirado a esa banda, como siempre ha hecho en esta Confederaciones. Preparado en todo momento para intentar resolver las temibles contras de Brasil, Neymar sorprendió a más de uno, porque el flamante fichaje del Barça no fue para nada egoísta en la gran final. Provocó una amarilla de Arbeloa, le dio un pase genial a Fred a la media hora que Casillas evitó que acabara en gol, continúo su fiesta particular con un pepinazo que supuso el 2-0 y consiguió echar a Piqué por la tremenda patada que se llevó de su nuevo compañero. Arbeloa, aunque no fue el único que se vio retratado por la movilidad, rapidez, verticalidad y regate de Neymar, ya no saldría en la segunda parte. Y en tan negra noche de los centrales de ?La Roja?, Piqué, forzado a la expulsión por Neymar, solo estuvo en el campo 68 minutos.

Iniesta, víctima de la mitad de las faltas de los brasileños en una primera mitad en la que el manchego dio un mínimo esperanza cuando intentó hacerse con un control que España nunca tuvo, incluso dispuso de una oportunidad en ese período. Sin embargo, dado que la estrategia de los anfitriones dejó a España sin la pelota y maniató su fútbol de ataque, Iniesta lo tuvo que intentar desde fuera del área. Con un lanzamiento que despejó a córner Julio César en uno de las contadas intentonas de la campeona del mundo. Conscientes los brasileños de que, aparte del cerebro de Xavi, Iniesta es el principal referente del fútbol de la selección de Del Bosque, al de Fuentealbilla apenas se le permitió entrar en juego y avanzar.

Perseguido a veces hasta por tres rivales, cuando salió de los dos primeros le frenaron las patatas, como la que le propinó Oscar por detrás que le sirvió de advertencia de lo que le esperaba si continuaba en esa línea. Poco antes ya le había dado otra buena tarascada su compañero Alves. Así se fue fundiendo aún más el centrocampista azulgrana. Neymar, en cambio, fue creciendo según avanzaban los minutos, muy cómodo ante el marcaje de Arbeloa y atrevido siempre, como es él nuevo ídolo de Brasil, sin miedo a encarar en solitario pero también dispuesto a asociarse en cualquier acción ofensiva. Si Messi dio su consentimiento para ficharle y vio la final de Maracaná, tendrá aún más razones para estar contento, porque Neymar no quiere para él solo un balón. Frente a España estuvo inmenso en el aspecto individual, y en el colectivo. Los madridistas, en cambio, deben estar lamentándose de haber dejado escapar a este joven astro de 21 años que no deja de crear espacios y crecer y que tiene magia en sus piernas y dinamita en sus pies. Neymar promete algo grande cada vez que le llega la pelota, y eso es fantástico para el fútbol, mal que le pese a España, y a sus rivales.