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Nueve muertos en el asalto a la sede de los Hermanos Musulmanes

El ataque a la sede de la Hermandad -a la que pertenecía el presidente egipcio, Mohamed Mursi, hasta que asumió el cargo- comenzó anoche con el lanzamiento de cócteles molotov y piedras por los manifestantes, mientras que miembros de la agrupación disparaban desde dentro del edificio contra los agresores. Entre los heridos, diez de los cuales se hallan graves, hay al menos un oficial de la policía egipcia, que fue alcanzado por disparos de balines.

Tras hacerse con el control del edificio, ubicado en el barrio de Muqatam, en la periferia de El Cairo, los manifestantes han quemado todas las plantas de la sede y han causado graves daños materiales. Las oficinas han sido saqueadas y los asaltantes se han llevado de ellas equipos electrónicos, mobiliario como sillas y mesas, y documentos del grupo.

En declaraciones a la agencia oficial Mena, un portavoz de la cofradía ha acusado a los agresores de haber hecho explotar al menos dos bombonas de gas en la entrada del edificio y de haber disparado contra la sede, lo que causó heridos. Además, ha señalado que el ataque se produjo “en ausencia total de los cuerpos de seguridad”.

ULTIMATUM

Cientos de personas continúan manifestándose contra Mursi tras haber pernoctado en tiendas de campaña en la cairota plaza Tahrir y junto al palacio presidencial de Itihadiya, mientras la oposición ha dado de plazo hasta mañana al mandatario para que dimita.

El movimiento 'Tamarrud' (Rebelión), que asegura haber recogido 22 millones de firmas para pedir la dimisión de Mursi, ha fijado un ultimátum para mañana a las 17.00 hora local (15.00 GMT) para que éste deje su cargo y convoque elecciones. Si no lo hace, el grupo llama a comenzar una campaña de desobediencia civil, según un comunicado difundido en su página web. “Ya no es posible una solución intermedia y no hay alternativa al final pacífico del poder de los Hermanos Musulmanes, representado en Mursi, y al llamamiento a elecciones anticipadas”, señala 'Tamarrud', antes de pedir a la policía, el ejército y la justicia que “tome partido de manera clara” por sus demandas.

MASIVAS PROTESTAS

Masas ingentes de personas se echaron ayer a las calles para tratar de resolver en ellas la aguda crisis política que sufre el país, dividido entre seguidores de Mursi y sus detractores. Las calles de El Cairo, entre las más bulliciosas del mundo, adquirieron un misterioso e inusual aspecto desértico. Los pocos transeúntes y vehículos que circulaban se dirigían sin excepción a alguna de las tres grandes concentraciones en la capital a favor y en contra de Mursi, que congregaron a un número de gente sin apenas parangón desde la revolución que desbancó del poder a Hosni Mubarak, en febrero de 2011. Al menos nueve personas murieron ayer y más de 600 resultaron heridas en los enfrentamientos que se produjeron hasta altas horas de la noche en todo el país.

Cientos de miles de personas recuperaron los lemas que acabaron con Mubarak y gritaron “Fuera” o “El pueblo quiere la caída del régimen” de Mursi, en la icónica plaza Tahrir y frente al palacio presidencial de Itihadiya. No muy lejos de ese palacio, en el barrio de Ciudad Naser, una multitud de seguidores islamistas reivindicaron por tercer día consecutivo la legitimidad del mandatario, elegido en los primeros comicios presidenciales democráticos hace un año.

Con estas y otras manifestaciones en las principales ciudades se forma el retrato de un país dividido, donde los llamamientos al diálogo como el que ayer realizó la Presidencia son poco más que un brindis al sol. Quienes no participaron en las marchas -comercios y empresas cerraron sus puertas, como si de un día festivo se tratase- siguieron por televisión todo lo que sucedía, encerrados en sus casas por temor a un estallido de violencia.

EL CAMINO DEL DIÁLOGO

La Presidencia egipcia, en su única reacción oficial a las masivas protestas, destacó que “el diálogo es la única vía” para salir de la crisis. En rueda de prensa, el portavoz de la Presidencia, Ihab Fahmi, afirmó que Mursi está dispuesto a dialogar, ya que esa “es la única vía de conseguir un acuerdo nacional” que permita superar las diferencias. Asimismo, negó que vaya a haber cambios en el Gobierno del primer ministro, Hisham Qandil, o un hipotético traspaso del poder a las fuerzas armadas egipcias.

Frente a ellos, el Frente de Salvación Nacional, que agrupa a los líderes de la atomizada oposición, instó a los egipcios a que continúen las protestas y las acampadas hasta que Mursi se marche. Como a nadie se le escapa que las posibilidades de que el presidente decida dimitir y convocar elecciones de forma voluntaria son escasas, muchos manifestantes fiaron en el ejército las posibilidades de que éste obligue a Mursi a renunciar. “¡El ejército y el pueblo son una mano!”, entonaron muchos en Tahrir y frente al palacio presidencial. Pero este lema ha abierto nuevas heridas entre quienes no quieren oír ni hablar de un Gobierno militar y quienes creen que el ejército es la única institución capaz de tomar las riendas del país en este momento. En cualquier caso, el cómo era hoy lo menos relevante. El grito que resonó en la mayoría de calles egipcias fue sencillo: “¡Fuera!”.