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Enrique Ponce gana Escapulario de Oro en tarde donde se cortaron nueve orejas

Baldomero Cáceres

Lima, 23 nov (EFE).- Una tarde con nueve orejas cortadas puso el cierre a la Feria del Señor de los Milagros en Lima, una feria de poca exigencia, en la que se salvan las cuatro orejas cortadas por Enrique Ponce que, pletórico, convenció a todos con dos faenas de altísimo nivel que le valieron ser agraciado con el Escapulario de Oro.

Ficha de la corrida.- Seis toros de Roberto Puga, desiguales de presentación, con matices en su bravura, enrazado alguno, con clase y nobles todos. El quinto se rompió un pitón de salida al estrellarse con un burladero. El 5° Bis fue de La Ahumada, terciado pero bravo y con calidad. El sexto, que terminó aplomado fue indultado entre protestas.

Enrique Ponce: Estocada ligeramente desprendida (dos orejas) y Estocada desprendida (dos orejas).

David Fandila, El Fandi: Estocada entera (una oreja) y entera caída (dos orejas, protestada la segunda).

Sebastián Castella: Estocada honda y descabello (ovación) e indulto protestado (dos orejas simbólicas).

Se indultó al sexto toro de la corrida: Victorioso, n° 52 con 542 kg. Colorado, de preciosas hechuras, recibió un picotazo y fue noble y con clase pero se aplomó hacia el final, tras larga faena.

Lleno en los tendidos, gran ambiente y tarde soleada.

Comentario : Orejas de más, orejas de menos, quedó claro para todos la dimensión de torero, la maestría pulcra de Enrique Ponce que tuvo entregados a los aficionados de principio a fin. Sus dos faenas fueron de calidad.

La primera ante un toro bravo que tomó un fuerte puyazo aunque con la cara alta. Tuvo este transmisión, y con él Ponce instrumentó unos toreros muletazos por bajo al iniciar su faena de muleta, limando así posibles asperezas.

La primera serie en redondo fue impecable, con los muletazos rematados por bajo, relajado el torero, desmayado. Lo templó en casi todos los muletazos y el animal se rebozaba por bajo cuando iba prendido de la muleta y, por ello, los naturales resultaron de lujo, con la plaza totalmente entregada. Algo cerrada en tablas, la única serie que desentonó en exactitud y limpieza por lo que decidió abrirlo hacia afuera para dar muletazos de a uno, serie final y broche de un gran trasteo.

El cuarto cumplió con la cara abajo en el caballo, pero blando. Faena de mano izquierda, con muletazos, de importante trazo y estética. Luego hilvanó Ponce una buena serie con la derecha, imprevista, donde los primeros, con los pies juntos, fueron a media altura para luego seguir con otros de arriba abajo, que pusieron la plaza abajo. El toro fue noble pero le faltó ese motor para arrancar con tranco. Nuevamente la estocada cayó ligeramente desprendida y tras la vuelta al ruedo hubo una verdadera apoteosis con gritos de "torero-torero".

El Fandi estuvo en lo suyo. Entregado siempre. Con inmensas facultades en banderillas destacando uno al violón, ligado a uno a dos manos al quinto de la corrida, un sobrero de La Ahumada, terciado pero bravo al que El Fandi dio muchos pases que el toro seguía con dulzura de membrillo. El de Granada no dejó nunca que desarrollara, ni lo llegó a cuajar con muletazos por bajo. Optó por acortar distancias, protestando algo el toro al que intentó encimar.

El burraco que salió en segundo lugar fue un toro de raza que se dolió en banderillas, y que luego embistió a veces rebrincado, pero acudiendo al toque, humillado y con superior transmisión. Lo toreó en el tercio, quizás pudo haberlo intentado en los medios, y dio la impresión de no haberlo sometido nunca en una faena de más a menos. La estocada sí fue la de la Feria.

Castella quiso dejar a los dos de su lote crudos. Permitió apenas que les dieran un puyazo corto y prefirió verlos venir de largo al inicio de sus faenas. El primero tuvo poca fuerza y Sebastían no le exigió de inicio elaborando un trasteo que fue a más, por lo que Sebastián redondeó lo mejor hacia el final, ya en plan encimista, que es cuando rompió también el público. Los redondos invertidos y su quietud de piedra hizo que las palmas adquirieran eco en los cerros colindantes.

El sexto tuvo clase desde su salida y Sebastián, sin orejas aún en la espuerta, salió decidido. Los naturales fueron suaves porque el toro fue pastueño, descolgando en cada arrancada. La faena fue larga, larguísima y hubo pedido minoritario de indulto, ya casi en penumbras que dieron paso a la incertidumbre y a un indulto doloso y un final polémico. EFE

bc/fjo/may