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El Bernabéu aplaza su sentencia

Santiago Aparicio

Madrid, 22 nov (EFE).- Inmerso en un estado tumultuoso, plagado de dudas e invadido por marcadores insatisfactorios, avivado todo ello por la impopular promesa pecuniaria del presidente Ramón Calderón, la visita del Recreativo de Huelva terminó por resultar balsámica para el conjunto de Bernd Schuster y el público del Santiago Bernabéu aplazó su sentencia para empresas de mayor enjundia, aunque despidió con silbidos al equipo.

Hace algún tiempo que el seguidor madridista depara síntomas de indiferencia. Suelen ser más significativos sus silencios que sus pronunciamientos. Oscilan entre el espíritu que se despide sobre el césped y la satisfacción del marcador.

El seguidor esperó al final para acentuar su malestar. En un clima cada vez más tenso, donde el once empleado por el preparador alemán fue incapaz de dar color a su imagen, la hinchada, irregular en sus protestas, lanzó un primer aviso a la plantilla con una sonora pita al final.

Como contagiado del poco mensaje que extrae de las acciones en el terreno de juego, el aficionado está sostenido por una rabia contenida. Pendiente de una reacción continuada que reoriente al equipo al camino del éxito. No es de grandes aspavientos el asistente madridista. No es bullicioso ni permanente en el ánimo. Pero sí exigente ante los contratiempos.

La eliminación de la Copa del Rey ante el Real Unión y la derrota en Valladolid habían puesto en entredicho el segundo proyecto de Schuster. Al propio entrenador y al equipo, incapaz de alentar con el juego un futuro prometedor.

De entrada, la grada dio una tregua. No hubo pitos a la salida de los jugadores al terreno de juego. Y si los hubo, pocos, fueron aplacados por la megafonía.

No mejoró el Madrid. Ni ofreció una actitud enrabietada que ofreciera una sensación de empeño por enmendar su mal aspecto. De hecho, las protestas de la afición brotaron a los nueve minutos. Cuando el Recreativo dispuso de una clara ocasión. Camuñas, solo ante Iker Casillas, disparó alto. Destapó el malestar del seguidor.

A falta de fútbol, la mayor ovación sonó en el minuto 30. Coincidió con una jugada estupenda de Gonzalo Higuaín, trabado al borde del área. Sin embargo, los aplausos no se dirigieron al terreno de juego. Sino al marcador que señaló el triunfo de España en el partido de dobles de la final de la Copa Davis. Feliciano López y Fernando Verdasco habían batido a David Nalbandián y Agustín Calleri.

El ruido rompió la monotonía. La ristra de silencios que amenazó la situación. Entorpecidos, solo, por el bullicio de los miles de seguidores onubenses atrincherados en una de las esquinas del fondo norte del recinto blanco.

El tanto de Wesley Sneijder a cinco minutos del intermedio sosegó el espíritu de los asistentes. La afición blanca ha asumido la condición del equipo y ha retraído su nivel de exigencia. Sobrevalora el esfuerzo y omite la calidad. Como la ovación que recogió Royston Drenthe por su fogosidad en una carrera. O la presión de Raúl sin sentido.

La disconformidad asomó en la segunda parte. Ante la falta de autoridad del equipo para sentenciar un duelo contra un rival menor, abocado a la pelea por la permanencia y anclado en los puestos de descenso.

Una avería en un coche camilla que intentó auxiliar al lesionado Gonzalo Higuaín agitó al graderío. La afición onubense lo tomó como una pérdida de tiempo. Otros, para comparar la avería con la que sufre la plantilla de Schuster.

El pingüe triunfo pasó por alto la controvertida acción de Ramón Calderón y su 'extra' de más de 120.000 euros por cabeza si consiguen ganar los próximos cinco encuentros. Además del Recreativo, al BATE Borisov en Bielorrusia, al Getafe en el Coliseum, al Sevilla en la Castellana y al Zenit de San Petersburgo también en casa. Rivales de mayor enjundia y tras los cuales el Bernabeu puede dictar su sentencia definitiva. EFE

apa/og