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Hoteles de Lima con señal a La Meca

Javier Otazu

Lima, 22 nov (EFE).- Las delegaciones de los 21 países llegados a Lima para participar en la cumbre del Foro Económico de Cooperación Asia-Pacífico (APEC) han generado necesidades nunca ante vistas en la capital limeña.

Habitaciones con señalización para poder ubicar La Meca o restaurantes con comida sin cerdo ni alcohol son algunas de las necesidades que han presentado las delegaciones de Indonesia, Malasia o Brunei.

Otras, como las delegaciones japonesas, son especialmente exigentes con los requerimientos tecnológicos, mientras que las demás (mexicanas o chinas) se conforman con pedir dietas más acordes con sus sabores tradicionales.

Según explicó a Efe Henry Aguilar, encargado en el lujoso Hotel Meliá de recibir a las delegaciones extranjeras, lo más complicado fue la delegación indonesia: hubo que señalizar cada una de sus habitaciones con la dirección de la "qibla", es decir, la orientación de La Meca, adonde los musulmanes deben mirar para rezar.

Claro que la pregunta ¿y dónde queda La Meca? no es habitual en Lima, por lo que solicitaron la ayuda de un operario de la embajada indonesia que se trajo una brújula "ad hoc" para mostrarles la "qibla": una brújula cuya particularidad no es que marca el norte, sino La Meca.

Luego llegó la cuestión de la comida: un musulmán nunca puede comer carne de cerdo, ni aceptar comida cocinada o servida en vajilla que antes haya tenido cerdo. Igual sucede con el alcohol.

Esto ya era demasiado, y la deferencia solo se aplicó "al presidente indonesio Susilo Bambang y su séquito más inmediato", para quienes se compró vajilla y menaje de cocina nuevos, dijo Aguilar.

El resto de los indonesios se contenta con comer comida sin cerdo, explicó Aguilar.

Pero no todos los invitados musulmanes tienen la suerte de alojarse en un hotel de cinco estrellas con comprensión para sus necesidades: otros, como periodistas o funcionarios de menor rango, tienen que idear sus propias soluciones.

Así, una periodista de un país asiático que no quiere dar su nombre viaja equipada con un "kit" propio: su brújula para marcar La Meca y paquetes y paquetes de comida precocinada "halal" (permitida por el Islam) porque no se fía de la comida peruana, "ya que siempre puede haber cerdo o restos".

Esta periodista que se cubre la cabeza con un velo, harta de comer comida empaquetada, buscó por internet un "restaurante árabe" en el lujoso barrio de Miraflores, pero cuando se presentó allí y preguntó si la comida seguía los preceptos del Islam, los encargados la miraron atónitos. Y por supuesto se marchó.

Su colega Dewi Mardiani, de Indonesia, parece ser un poco más práctica: para saber la dirección de La Meca, mira por dónde sale el sol y luego calcula a ojo dónde queda el suroeste. En cuanto a la comida, no pregunta, porque asegura que el Corán (o la versión que ella conoce) autoriza a un musulmán a alimentarse con lo que tenga a mano cuando el hambre aprieta.

Si la primera toma una toalla de hotel (escrupulosamente limpia) como alfombra para los rezos, la segunda se contenta con extender unos periódicos por el suelo, pues recuerda que la única obligación para un musulmán es marcar una separación entre sus pies y el suelo.

Otros, como el funcionario indonesio Morsidi Hartomo, se trae desde su país su propia estera para rezar.

Y mientras que unos piden requerimientos religiosos, otros, como los japoneses, insisten en sus exigencias tecnológicas: un año se ha pasado el Hotel Meliá habilitando una sala de prensa para los periodistas japoneses que venían a cubrir la cumbre de APEC, debido a la complejidad de sus necesidades, según recordó Aguilar. EFE

fjo/mr