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El amigo sueco de Pol Pot regresa a Camboya para pedir perdón por el pasado

Jordi Calvet

Phnom Penh, 21 nov (EFE).- Como si de una penitencia se tratara, el ex maoísta sueco Gunnar Bergstrom ha vuelto a Camboya para pedir perdón por haber simpatizado con el Jemer Rojo, 30 años después de la visita que hizo al país invitado por Pol Pot.

Charlas con víctimas y supervivientes, y visitas a los sitios que recuerdan el genocidio de cerca de 2 millones de camboyanos durante el régimen del Jemer Rojo son las actividades del programa de Bergstrom durante las próximas dos semanas para hacerse perdonar sus ideales de juventud.

Durante 14 días de agosto de 1978, Bergstrom, entonces 27 años, y otros tres colegas de la maoísta Asociación para la Amistad Suecia-Kampuchea, se convirtieron en los únicos occidentales que entraron en Camboya, cuando el país estaba encerrado al exterior y sufría el régimen de terror impuesto por el Jemer Rojo.

El grupo visitó y filmó fábricas, hospitales, escuelas y campos de arroz en un periplo aprobado y guiado en todo momento por sus anfitriones, que buscaban exportar una imagen positiva del régimen.

"Vimos lo que queríamos ver sin darle importancia a aquellas cosas que nos hubieran hecho pensar", señaló Bergstrom, durante la inauguración esta semana de una exposición en Phnom Penh de 93 de las fotografías de su archivo personal tomadas en aquella visita.

Prisiones, centros de tortura y campos de exterminio quedaron excluidos del itinerario organizado que se coronó con una cena de ostras con los máximos dirigentes de la entonces República de Kampuchea Democrática, entre los cuales se encontraban Pol Pot y su ministro de Exteriores, Ieng Sary.

"Todo lo que vimos fue un montaje", admitió Bergstrom, y añadió que en 1978 vieron cosas que en otras circunstancias les hubiesen chocado, como la evacuación de toda la población de las ciudades u hospitales con un único paciente preparado para ser fotografiado.

"En aquella época queríamos creer en la revolución, en que era posible una sociedad igualitaria y un mundo más justo", se justificó Bergstrom, quien en su juventud creyó ver en Camboya un ejemplo a seguir para otros países del Tercer Mundo.

Cuando se conocieron las atrocidades cometidas por el Jemer Rojo a través de los testimonios de los camboyanos que escaparon a Tailandia en busca de refugió, Bergstrom empezó a dudar, pero permaneció callado.

"No me atreví a hablar de mis dudas hasta muy tarde", admitió el sueco, y explicó que fue hasta hace tres años, al completar un libro con las imágenes de aquel viaje, cuando tomó conciencia de la verdad.

"Vi que todo era falso, nada era real. Comprendí que aquel viaje no se debería haber llevado a cabo y lloré", aseguró Bergstrom ante decenas de jóvenes camboyanos que fueron a ver la inauguración de la exposición.

La muestra fotográfica, titulada "Gunnar en el infierno viviente" viajará por todo el país antes de instalarse definitivamente en el Museo de Tuol Sleng, la antigua prisión y centro de tortura del Jemer Rojo, donde entre 14.000 y 16.000 personas murieron.

Bergstrom también ha visitado el tribunal internacional instalado por la ONU y Camboya en Phnom Penh para juzgar a los antiguos jefes del Jemer Rojo de genocidio y crímenes contra la humanidad.

En los calabozos de la corte aguardan el comienzo de su juicio Ieng Sary; su esposa, Ieng Thirit, quien ocupó la cartera de Asuntos Sociales; Khieu Samphan, presidente de la República Democrática de Kampuchea; Nuon Chea, el ideólogo del Jemer Rojo; y Kang Kek Iev, alias "Duch", director de Tuol Sleng.

Pol Pot murió en las junglas del norte de Camboya en 1998, cuando el Jemer Rojo se desintegraba por las deserciones.

"Me hubiera gustado verle de nuevo (a Sary), aunque no sé qué le habría dicho. No tengo nada preparado. ¿Qué le dices a un asesino de masas?", preguntó Bergstrom. EFE

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