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Oscar Pujol, un gregario "modelado genéticamente" para el Cerveló de Sastre

Antonio Aragón Blanco

Valladolid, 18 nov (EFE).- El ciclista Oscar Pujol, nacido en Terrasa (Barcelona), aunque vive en Valladolid desde los 11 años, ha fichado por el Cerveló que liderará el vencedor del Tour de Francia Carlos Sastre, corredor para el que trabajará como gregario, algo que le viene de genética, ya que su padre Juan Pujol también lo fue.

"Mi madre me dice que aprendí antes a dar pedaladas que a andar", comenta a Efe Pujol, quien estuvo desde bien pequeño vinculado al mundo del ciclismo, gracias a que su padre militó durante trece años como profesional en equipos como Kelme, Transmediterránea y Kas, llegando a ser el mejor español en una edición del Giro de Italia, para después oficiar como masajista de Banesto, Phonak y Discovery.

De ahí le viene su afición a este deporte y sus cualidades como corredor, ya que, como su padre, es "delgadito", a pesar de que come lo que le da "la gana", y le gusta "más" trabajar para otros que para si mismo, como predicaba Juan Pujol. "Soy un ciclista de luchar, que se conforma con ayudar al líder del equipo", matiza, sin desprenderse de la aureola de humildad que proyecta.

Junto a su progenitor, conoció a ciclistas míticos como Pedro Delgado o Miguel Indurain, este último uno de sus ídolos desde antes de que ganase su primer Tour, lo que le sirvió para mamar un deporte que, según él, vive "un mal momento debido a la poco buena publicidad que se le da" y que está consiguiendo que, en Castilla y León, él represente a su "última cosecha", según explica.

Al menos, desea que esta sea, en su caso, 'gran reserva', ya que, tras militar el año pasado en el Burgos Monumental, le ha venido la oportunidad de su vida. El Cerveló Test Team (conjunto de reciente creación con sede en Suiza) se ha fijado en él para completar un equipo con objetivos muy distintos a los que se le planteaban en el conjunto continental.

"No duermo y estoy muy ilusionado por una experiencia que será muy diferente y de la que quiero, sobre todo, aprender. A lo mejor me llega un poco tarde o justo en el momento, pero yo me veo un poco verde", comenta Pujol, quien, a sus 25 años, tendrá en Carlos Sastre a un maestro para pulir sus virtudes como escalador, que confía en exhibir en alguna de las grandes rondas (Tour, Giro o Vuelta España).

"Es para lo que me han cogido, ya que es en la montaña donde más agusto me encuentro", dice el ciclista, que vivirá su primera concentración con el Cerveló del 30 de noviembre al 3 de diciembre en Suiza.

Sus 56 kilogramos condensados en 172 centímetros de estatura contribuyen a que ruede bien cuando la carretera pica para arriba, a pesar de que el vencedor del pasado Tour de Francia, en una de las conversaciones que ha tenido con él recientemente le ha dicho que está "demasiado flaco", relata.

"Además, me ha comentado que esté muy tranquilo y que me aplique con el inglés", agrega Pujol, quien prueba, con este contrato profesional para las dos próximos temporadas, el sabor dulce de un deporte que estuvo a punto de abandonar en el 2005.

Entonces, una inflamación en los pies que apenas le permitía caminar le hizo "colgar la bicicleta durante un año y medio". "En cuanto me curé la cogía mañana y tarde como el que saca a pasear a su perro y, partir de ahí, de no haber ganado nada en mi vida a acabar la temporada adjudicándome cuatro carreras".

En el 2006 militó en las filas del Diputación de Avila, conjunto del padre de Carlos Sastre, Víctor, para, al año siguiente, fichar por la escuadra Azpiru, también de categoría aficionado. En 2008 recaló en el Burgos Monumental, equipo con el que "se dejó ver, pero no lo que esperaba", indica Pujol.

Algo que sí hizo cuando ganó una etapa de la Vuelta a Navarra del 2007, en la que, precisamente, logró más cosas que un trofeo y el verse en el podio, ya que fue en la escalinata donde se originó, como no podría ser de otra manera, el noviazgo que le hace vivir desde hace un año y medio a caballo entre Pamplona y Valladolid, donde residen su padre y su madre.

"Una de las azafatas, que ahora es mi novia, me dio su teléfono, no se lo pedí yo porque soy muy tímido, pero empezamos… y hasta ahora", rememora Oscar Pujol, a quién la bicicleta le ha brindado mucho.

Inclusive, la oportunidad de empezar a vivir de ella. No obstante, no descarta dedicarse en un futuro a la cocina, ya que barrunta empezar un módulo relacionado con los fogones, cuando su vida deportiva concluya, y donde también se desenvuelve como 'un escalador nato en la montaña'. EFE

aab/jam

(Con fotografía)