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'Si, pero no lo soy' una historia de historias que reflexiona sobre identidad

Logroño, 18 nov (EFE).- El teatro Bretón se transformará este miércoles en una 'boite' de los años sesenta para acoger la comedia 'Sí, pero no lo soy', escrita y dirigida por Alfredo Sanzol, en la que éste reflexiona sobre la identidad del ser humano "a través de una historia de historias, contada por 38 personajes".

Unos pamplonicas que añoran las fiestas de San Fermín; un entrenador de fútbol que se queja porque además de ganar los socios quieren que su equipo juegue bien o un actor que en vez de Batman quiere ser Catwoman son algunas de las historias que discurren por este montaje que navega entre la diversión y la melancolía.

La obra forma parte de una trilogía escrita por este madrileño de 36 años, criado en Pamplona, que se inició con 'Risas y destrucción' y que concluirá con 'Días estupendos', una comedia sobre el verano que está ahora construyendo y que pretende embadurnar de "un toque nostálgico, pero a la vez idiotamente optimista".

Elaborada para el Centro Dramático Nacional, 'Sí, pero no lo soy' ahonda a lo largo de quince historias en la personalidad del ser humano, en la visión que tenemos de nosotros de mismos, en la que tienen nuestros allegados de nuestra manera de ser y en como mutan estas visiones a lo largo del tiempo.

La obra, de apenas una hora y que toma su título de la última frase de 'Risas y destrucción', está interpretada por Paco Déniz, Natalia Hernández, Juan Antonio Lumbreras, Lucía Quintana y Pablo Vázquez, quienes se encargan de dar vida a los personajes que Sanzol ha ido creando con la ayuda de internet.

"Al contrario que otros autores, yo lo primero que hago es poner un título y partir de ahí empiezo a construir la obra. Luego tecleo ese título en Google y veo que es lo que sale. Internet es por tanto mi fuente de inspiración y una especie de puente que me ayuda a buscar en las partes más recónditas de mi inconsciente", dice.

Este proceso creativo, según relata el autor, no solo está en consonancia con el siglo en que vivimos, sino que además le ayuda a superar aquello que todo escritor y dramaturgo siempre más ha temido: la página en blanco. EFE.

jgb