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Hamás e Israel se resisten a enterrar una tregua que necesitan

Antonio Pita

Jerusalén, 16 nov (EFE).- La tregua en la franja de Gaza entre Hamás e Israel ha quedado en papel mojado tras doce días de ataques y represalias mutuas, aunque ambas partes se resisten a enterrarla porque satisface sus necesidades actuales.

Tras casi cuatro meses y medio de inusual calma, una incursión israelí el pasado día 4 para destruir un túnel subterráneo acabó con la vida de seis milicianos de Hamás y desató el nuevo ciclo de violencia.

Desde entonces, el alto el fuego, acordado el pasado 19 de junio con mediación egipcia, sigue técnicamente en pie hasta diciembre, pero ambas partes lo vulneran a diario.

Israel, sobre todo con ataques aéreos y el cierre de los pasos fronterizos, y los grupos armados palestinos con el lanzamiento constante de cohetes y proyectiles de mortero cada vez más sofisticados.

Mientras que quince milicianos palestinos han perecido en los últimos doce días, Israel no ha tenido que lamentar víctimas mortales por el centenar de proyectiles lanzados en ese periodo.

Gaza está al rojo vivo, pero ni Israel ni Hamás se aventuran a firmar el acta de defunción del alto el fuego, como sí hace Efraim Inbar, director del Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos de la Universidad Bar Ilán, en las afueras de Tel Aviv.

"Tregua, ¿qué tregua?", se pregunta con ironía este experto, quien cree que el círculo vicioso de represalias continuará por la cercanía de elecciones legislativas en Israel, el próximo 10 de febrero.

El líder de la oposición israelí, el ex jefe de Gobierno Benjamín Netanyahu, se perfila al frente del partido derechista Likud como favorito en esos comicios gracias a su etiqueta y su pasado de "duro".

En estas circunstancias, tanto el gobernante Kadima como el Partido Laborista pueden ceder, por presión de la opinión pública, a la tentación de usar Gaza para adelantar al Likud por la derecha.

"Posiblemente, (Ehud) Barak se haga el 'macho'", vaticina Inbar, a pesar de que el ministro de Defensa y líder laborista fue quien frenó el viernes una respuesta más contundente por parte de Israel.

Los analistas están divididos en este sentido. Algunos atribuyen al "síndrome pre-electoral" la incursión que desencadenó el regreso a la batalla, mientras que otros lo estimaron necesario frente al riesgo de que Hamás capturase a otro soldado israelí para usarlo después como moneda de cambio por presos palestinos.

"Hay líneas rojas y un intento de secuestro como el de Guilad Shalit (en 2006) es una de ellas", opina el investigador israelí Hillel Frisch.

Frisch cree que "la calma volverá a Gaza y sus alrededores la próxima semana" porque "ambas partes salen beneficiadas con la tregua y tienen interés en mantenerla".

"Si no fuera así, ya la hubieran dado oficialmente por muerta", asegura.

Altos mandos militares sostienen que Israel gana con ella un respiro en el "flanco sur", donde desde 2001 es incapaz de detener por medios militares el goteo de cohetes contra las localidades vecinas a la franja.

Ni siquiera una operación terrestre a gran escala podría dar resultado, y además acarrearía un alto coste en términos humanos y de imagen internacional.

Hamás, por su parte, "necesita el alto el fuego porque es consciente de la asimetría del conflicto y quiere calma tras años de castigo", argumenta Frisch.

Además, "le ayuda a consolidar su control de Gaza -que tomó por la fuerza en junio de 2007 a los hombres de Al-Fatah-, algo que fomenta la división interna palestina, que muchos en Israel consideran positiva" porque aisla a los extremistas de los moderados, agrega.

En cualquier caso, las alternativas a la tregua no son muy halagüeñas para el movimiento islamista, pues ni la comunidad internacional ni la propia Autoridad Nacional Palestina (ANP) hicieron demasiado para frenar la rutina israelí de pequeñas incursiones, asesinatos selectivos y cierre de los pasos fronterizos que precedía a la tregua.

Los próximos días, aquí sí coinciden los analistas, determinarán el futuro del moribundo alto el fuego, pues si se prolongan las hostilidades posiblemente no haya marcha atrás posible.

Mañana, lunes, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, y el presidente palestino, Mahmud Abás, se reunirán en Jerusalén para tratar de revitalizar una tregua que, de todas formas, Israel y Hamás mantienen a regañadientes y con respiración artificial porque no tienen una alternativa mejor. EFE

ap/elb/fpa