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Vítores para Villazón y Barenboim en una gala benéfica con acento hispano

Nuria Vicedo

Berlín, 9 nov (EFE).- El público de la Filarmónica de Berlín se rindió hoy al arte del director argentino-israelí Daniel Barenboim y del tenor mexicano Rolando Villazón al término de un recital benéfico que culminó inesperadamente con "El día que me quieras", de Carlos Gardel.

Una Filarmónica prácticamente llena vitoreó a los dos titanes de la música -perfectamente avenidos- que repasaron junto a la orquesta Staatskapelle algunas de las arias más bellas de la tradición operística con el fin de recaudar fondos para el saneamiento de la Staatsoper Unter den Linden, que Barenboim dirige.

Villazón se transmutó sucesivamente durante la velada en el Don Ottavio y el Tamino que Wolfgang Amadeus Mozart ideó para su "Don Giovanni" y su "Flauta mágica", respectivamente, y en el Don José de la "Carmen" de Georges Bizet.

También como personaje del "Eugen Onegin" de Peter Tschaikowsky comprometió su voz con el plan de saneamiento de la sala de ópera berlinesa, que supondrá una inversión de 240 millones de euros (304 millones de dólares).

El programa oficial del recital se cerró con "No puede ser" de la zarzuela "La tabernera del puerto", del español Pablo Sorozábal, pieza incluida en el reparto por expreso deseo de Villazón, quien aseguró sobre el escenario que Barenboim y la orquesta de la Staatskapelle son su "familia musical".

"Y como todos somos una gran familia, los músicos y los espectadores, voy a llevarles en viaje hasta mi patria, Argentina", afirmó repentinamente Barenboim para pasar a dirigir el inesperado final, un emotivo y lírico "El día que me quieras" de Gardel, que hizo las delicias del público.

En ruso, alemán, italiano, francés y en su castellano natal, Villazón arrancó los mayores aplausos (no en vano es uno de los ídolos operísticos del público berlinés), en sus sucesivas apariciones sobre el escenario bajo la batuta del maestro Barenboim.

El director musical de la Staatsoper fue objeto de otra amplia ovación tras interpretar al piano el concierto B-Dur KV595 de Mozart y, al igual que Villazón, abandonó la sala entre vítores y colmado de regalos por parte de sus incondicionales.

La recaudación de la gala benéfica, cuyas entradas costaron entre 55 y 230 euros (de 69 a 291 dólares), se destinará a las obras de saneamiento de la sala de ópera, en las que el Estado invertirá unos 200 millones de euros (253 millones de dólares).

Durante el tiempo que duren los trabajos, entre 2010 y 2013, sus espectáculos se representarán en el Schiller Theater de Berlín.

El edificio de la Staatsoper, diseñado por el arquitecto Georg Wenzeslau, se construyó entre 1741 y 1743 y es el teatro más antiguo de Berlín.

En julio, la sala de ópera renunció a la remodelación futurista ideada por el arquitecto Klaus Roth, que la habría dotado de mejor acústica, a cambio de mantener su auditorio en estilo rococó hecho en tiempos de la República Democrática Alemana (RDA).

Tras meses de controversia sobre si mejorar la acústica y el aforo o respetar su espíritu clásico, el alcalde-gobernador de Berlín, Klaus Wowereit, comunicó la decisión del Gobierno regional en favor de la mera restauración.

El auditorio actual de la Staatsoper fue construido entre 1952 y 1955 de acuerdo a los planos del arquitecto Richard Paulick.

Barenboim defendía el concepto de Roth, por considerar que la ópera berlinesa lograría por fin tener una sala a la altura acústica de otras competidoras, como la Scala de Milán o incluso la Semperoper de Dresde.

Un colectivo de políticos, artistas e intelectuales publicaron un manifiesto advirtiendo de que ese nuevo concepto habría significado la destrucción del espíritu clasicista de la Staatsoper.

A ello se unió el rechazo del Grupo de Amigos de la Staatsoper, y en particular de su principal mecenas, el empresario Peter Dussmann, que amenazó con retirar su aportación de 30 millones de euros (38 millones de dólares) para financiar la remodelación. EFE

nvm/hma