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El agua preocupa tanto o más que el canon minero en Tacna

Javier Otazu

Tacna (Perú), 7 nov (EFE).- Los tacneños que llevan nueve días en huelgas y movilizaciones repiten con frecuencia "Agua sí, minas no", y ponen de relieve cómo las prioridades comienzan a cambiar para muchos en esta ciudad que depende tanto de los ingresos mineros.

La empresa mexicana -antes estadounidense- Southern Peru extrae cobre de dos minas en el sur peruano: Toquepala, en la región de Tacna (desde 1960) y Cuajone, en la vecina Moquegua, desde 1976.

Ambas regiones están recibiendo el llamado "canon minero", que son sus principales ingresos: un porcentaje sobre el dinero dejado por las mineras que el Estado entrega a las regiones a modo de compensaciones, y que es calculado a razón de kilogramo de tierra removida para conseguir el mineral.

Pero el funcionamiento de las dos minas requiere no solo remover tierra, sino que son necesarios 1.950 litros de agua por segundo, una enorme cantidad que no es tenida en cuenta a la hora de calcular las compensaciones, según dijo a Efe Víctor Esquívez, secretario del Colegio de Ingenieros de Tacna.

De los 1.950 litros, 1.640 son tomados de aguas de la región de Tacna (tres lagos y dos pozos subterráneos), y solo 310 son aportados por Moquegua, lo que añade a la polémica un punto nada desdeñable de agravio regional.

Incluso los relaves (aguas usadas) de la mina de Cuajone son conducidos, junto con los de Toquepala, a una presa en la llamada "Quebrada Honda", en Tacna, mientras que el resto va a al mar en la zona de Ite, igualmente en Tacna.

La Quebrada Honda -prosigue Víctor Esquívez- presenta filtraciones, y las aguas de las zonas colindantes están afectadas, pese a lo cual son utilizadas por los agricultores locales, que cultivan sandías, cebollas y hierbas aromáticas.

El año pasado, un cargamento de cebollas y orégano procedentes de esta zona y destinados al mercado español fue devuelto a Perú por la alta presencia de metales pesados, detalló Esquívez.

En cuanto a la bahía de Ite, una franja de 15 kilómetros de costa que ha recibido durante décadas relaves mineros, ha perdido toda la flora y fauna por la misma razón: la enorme cantidad de residuos sólidos evacuados por el tratamiento del cobre.

El "comité de lucha" que se ha formado en Tacna en los últimos días ha puesto la reclamación por el agua entre sus prioridades, y su portavoz, Ricardo Bernabé, dijo a Efe que ellos ya no quieren negociar canon arriba o abajo de los ingresos mineros, sino que lo que piden es el cierre de Southern Perú.

Pero el presidente regional, Hugo Ordóñez, más realista, reconoce que el Estado no puede anular ni cambiar unilateralmente contratos firmados con empresas extranjeras, por lo que plantea la lucha por el agua más a medio plazo, sin dejar de reconocer su importancia.

Unos estudios sin carácter técnico señalan que el eventual cierre de las minas y la recuperación de todas las tierras afectadas para la agricultura podrían suponer para Tacna generar 20.000 hectáreas agrícolas más, que podrían dar trabajo a tres obreros por hectárea, según señaló el ingeniero agrónomo Oscar Chiri.

En la bahía de Ite los millones de litros de agua y residuos vertidos al mar desde 1960 han hecho retroceder la orilla y han creado unos humedales artificiales que la empresa Southern Peru ha cubierto de totoras (cañas acuáticas).

Según los grupos ambientalistas de la región, serían necesarios 300 años para recuperar la flora y la fauna originales de esa zona, que era básicamente camaronera.

El drama de Tacna es que ya es de por sí una región muy árida: enclavada entre una cordillera especialmente yerma y el mar, apenas crecen olivos en la mayor parte del territorio, y sólo en los valles o quebradas se pueden cultivar hortalizas.

Esquívez señaló que el agua disponible en Tacna es de muy pobre calidad, con altos porcentajes de boro y arsénico, y los 300 millones de dólares invertidos en su saneamiento en los últimos años no ha redundado en una mayor capacidad de abastecimiento debido a la fuerte demanda.

No va tan lejos como para atribuir a Southern Peru la contaminación de todas las aguas de la región, pero quita dramatismo a un eventual cierre de la minera con el siguiente argumento: "Podemos vivir sin minas, pero nunca sin agua". EFE

fjo/tg

(con fotografías)