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La última edición, otra más pasada por agua

Antonio Tomás

San Roque (Cádiz), 31 oct (EFE).- El golf entendido como un deporte basado en un paseo placentero se ha convertido en una actividad extrema, casi de supervivencia, en la historia de los Volvo Masters disputados en Valderrama, en cuya última edición, la vigésimo primera, no podía faltar un aplazamiento por lluvia y fuertes vientos.

El torneo ha sido aplazado en espera de una mejoría de las condiciones meteorológicas, después de los 46 litros por metro cuadrado caídos en las últimas doce horas en el área de San Roque (Cádiz).

Pese a las importantes lluvias que no cesan desde la madrugada, Valderrama estará listo para recibir la recta final del torneo, como ha ocurrido en multitud de ocasiones desde que el inicio de este torneo, en 1988.

Desde esa fecha raro ha sido el año en que las inclemencias meteorológicas no han destrozado las ilusiones de los aficionados y de los mejores jugadores del Viejo Continente en el último torneo de la temporada. En estos meses de finales de octubre el área del Valle del Guadiario sufre habitualmente los peores temporales del año, que penetran directamente desde el Estrecho.

Mientras Valderrama es hoy zarandeado por un fuerte temporal de Poniente, con rachas de viento de 60 kilómetros hora y lluvia incesante, los nostálgicos aprovechan para recordar todos los incidentes provocados por la suma de fuerzas del viento y la lluvia desde 1988, en el origen del torneo.

El último viernes maldito se vivió hace tan sólo dos años. El líder entonces, el valenciano José Manuel Lara, caminaba por el cuarto hoyo de Valderrama, concentrado y seguro en el Volvo Masters, cuando inesperadamente se desató un temporal de lluvia y viento.

Lara naufragó en medio de la tempestad, mientras que Sergio García lograba sobrevivir.

Aquella lluvia, por su fuerza inusitada, lanzaba el agua en gotas finas de forma horizontal a la hierba, mientras que las bellotas caían de los alcornoques como el granizo. De aquella manera el golf plácido de la mañana se transformó en pura supervivencia durante más de dos horas y casi hasta el final de la segunda jornada.

En la edición de 2004, el viernes de la segunda ronda amaneció soleado sobre Valderrama. Por la tarde se fue oscureciendo el cielo y a las 17.15 horas el juego tuvo que ser suspendido debido a una tormenta con aparato eléctrico. La lluvia interrumpió, asimismo, la jornada siguiente.

Un año antes, también la segunda ronda se aplazó por culpa de una ventolera infernal. Hasta tres grandes pinos cedieron en la calle del hoyo 17 a los embates del temporal de fuerza 8 (80 kilómetros por hora) y fueron arrancados de cuajo. Las bolas, además, se movían solas en los "greens" y el golf se hizo, una vez más, imposible en Valderrama.

Durante la suspensión, los operarios del campo desbrozaron los árboles caídos con motosierras para facilitar posteriormente el juego. Un camión sirvió después para el traslado de los pesados y enormes troncos.

Sin contar las abundantes lluvias que a punto estuvieron de ahogar la Ryder Cup en septiembre de 2007, los incidentes y aplazamientos han ido aparejados a la vida competitiva en Valderrama.

Uno de los años un invitado canadiense muy importante para la organización acudió desde su país a jugar el Pro-Am y jamás llegó a salir al campo. Llegó el martes, el miércoles diluvió y se suspendió el Pro-Am, y el jueves temprano voló de vuelta a su país, pero dijo que durante el rato que pasó en la carpa de hospitalidad, viendo el ambiente de Valderrama y con una copa de buen Rioja en la mano, fue el hombre más feliz del mundo.

Valderrama cierra sus puertas al torneo y el circuito europeo no encontrará otro campo de juego con las condiciones que ofrece este recinto gaditano, aunque en Dubai, en donde se dará el pitido final a partir de 2009, habrá que admitir que la lluvia no será un obstáculo para el deporte del golf.