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El Barça aprieta, pero no ahoga

Àlex Santos.

Barcelona, 26 oct (EFE).- El Barcelona suma sus últimos partidos por goleadas hasta el punto de que da la sensación de que con el trabajo ya encarrilado desde los primeros minutos los jugadores que entrena Josep Guardiola levantan conscientemente el pie del acelerador y evitan llegar al área del rival para alcanzar goleadas de escándalo.

Se vio anoche en el Camp Nou contra el Almería, se intuyó el martes en Basilea y la misma sensación quedó en partidos contra el Atlético de Madrid y Sporting de Gijón, en los que el Barcelona no ha bajado de los cinco goles a favor, aunque la diferencia con el rival invitaba a que el equipo catalán doblase la cifra del marcador a favor.

Christian Gross (Basilea), Manuel Preciado (Sporting) y anoche Gonzalo Arconada (Almería) son tres entrenadores que tienen en común dos cosas: que han sufrido este año al Barça en su mejor versión y que todos ellos han anunciado que al rival siguiente del Barcelona le podrá caer un goleada.

De sopetón, el Barça que hace cuatro meses exasperaba a sus aficionados por su ramplonería y falta de estímulo en el césped, se ha convertido en una máquina de hacer fútbol como el mejor Barça de la época ganadora del equipo de Ronaldinho de hace tres temporadas o del mítico que dirigió Johan Cruyff a inicios de los noventa.

Una auténtica máquina de hacer fútbol que si bien aprieta y avasalla a su rival, no lo ahoga. No lo humilla en el marcador a pesar de que cuenta con opciones más que suficientes para hacerlo.

En cualquier alineación de la temporada anterior comparada con la de anoche frente al Almería sólo se aprecia un único cambio, el del brasileño Dani Alves, ya que los diez restantes ya habían jugado juntos alguna vez el año pasado.

A pesar de que en el grupo no ha habido muchos cambios, sí que se aprecian en la forma de jugar. Tres son los aspectos fundamentales que hacen del actual Barça un conjunto irreconocible en comparación al mismo equipo el año pasado: la convicción de salir a por el partido desde el minuto uno, el numeroso grupo de jugadores que en cada acción ofensiva está el área rival en disposición de marcar y la perseverancia hasta el último instante del choque.

El resto, ya es fruto del trabajo de anteriores años. Iniesta y Xavi siguen siendo futbolistas de alta escuela con el balón en los pies, Eto'o no ha perdido el olfato goleador (anoche marcó un 'hat trick'), la presión para recuperar el balón y achicar espacios en acciones ofensivas es un sello del fútbol barcelonista desde hace muchos años, los defensas tienen ayudas de la segunda línea y saben sacar el balón con sentido común y Touré y Messi mantienen una progresión en su fútbol.

El hilo que une todo ello es Josep Guardiola, un joven técnico que aterrizó en verano en el primer equipo, después de hacer campeón al filial en tercera y ascenderlo a segunda B, pero que debió soportar todo tipo de sospechas porque apenas contaba con la confianza de la mayoría de barcelonistas, incluido el famoso entorno culé, que lo desautorizó incluso antes de ponerse a trabajar.

Guardiola ha conseguido trasmitir la idea de fútbol con la que él creció en el Barcelona y para ello ha contado con que, ante todo, el equipo no se le ha descompuesto por las lesiones y que la totalidad del vestuario se ha sumado a la llamada de hacer borrón y cuenta nueva tras dos desastrosas temporadas.

El mayor éxito del técnico catalán es que ha acortado el tiempo en la puesta en escena del fútbol que él creía que podía extraer de sus futbolistas, ya que este objetivo lo intuía más lejano.

Ya en la jornada octava, el Barcelona ha dado fehacientes muestras de que ofrece un fútbol bello y que se traduce en el marcador, y serias razones para posicionarse en la lista de candidatos para luchar por todos los títulos.

Todo ello cobrará más dimensión en diciembre, cuando el fútbol barcelonista deberá enfrentarse ante rivales de verdad para un examen de nota: Sevilla, Valencia, Villarreal y Real Madrid.