EUROPA PRESS 10 de enero de 2010
Su nombre proviene del árabe Al-Bereka,
algo que complica aún más la explicación de su origen, puesto que ya se
encontraron restos en la prehistoria, en algunas pinturas rupestres
trazadas en los valles contiguos a La Alberca -en Lera y en Las Batuecas-, sin olvidar la presencia de un ara romana en la iglesia parroquial.
Alrededor
del siglo XII tiene lugar en España una etapa llena de batallas,
reconquistas y repoblaciones, así como reconstrucciones de los cascos
urbanos, y en La Alberca no ocurrió nada distinto. Con el rey Alfonso IX esta
zona recibió un gran número de habitantes, entres ellos, muchos de
origen francés, lo que justifica la cantidad de topónimos franceses en
el sur de la provincia charra.
EL CASCO URBANO
Son muchos los intereses arquitectónicos e históricos de los que podemos disfrutar en el interior de las laberínticas calles de La Alberca.
En todas ellas, podemos pararnos a apreciar la tradicional casa
albercana, de tres pisos de altura como máximo, generalmente construida
a base de mampostería de granito y madera. Los pisos suelen tener
balcones de madera o de hierro, y sus fachadas son, la mayoría de las
veces, de barro cocido, con un entramado de vigas de madera.
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