San Andrés de Teixido es un
lugar mágico, no sólo por su ubicación, donde se escucha el fuerte
viento y el batir de las olas contra las rocas, sino por la leyenda que
lo encierra y que le ha convertido en uno de los puntos de
peregrinación más importantes de España, después de Santiago de Compostela.
Para que esto se entienda, basta con citar el dicho popular gallego "A
San Andrés de Teixido vai de morto quen non foi de vivo"(A San Andrés
de Teixido va de muerto el que no fue de vivo), que se traduce en que,
queramos o no, vivos o ya mertos, peregrinaremos hasta este lugar.
MONUMENTO RELIGIOSO
La construcción arquitectónica que alberga el santuario de San Andrés de Teixido parece
que fue levantada antes del siglo XII, pero el edificio que se conserva
en la actualidad es del XVI, aunque las obras continuaron en los dos
siglos siguientes.
Este monumento presenta un estilo gótico en la
entrada, en la que se exhiben murales con la temática del martirio del
Apóstol.
También se pueden contemplar elementos de un estilo posterior,
concretamente barroco, en el retablo mayor y en el relicario de estilo
italiano, donde se guarda un hueso del santo. La torre campanario, de
base cuadrada y tres cuerpos de altura, data del siglo XVIII.
Un lugar de peregrinaje
El origen de esta leyenda popular, de la que existen varias versiones, se remonta a tiempos inmemoriales. Cuentan que el Apóstol Andrés algo envidioso por la inagotable afluencia de peregrinos a Santiago de Compostela,
elevó su queja al Señor, quien le explicó "Quédate ahí Andrés que te
han de visitar más de tres".
Asimismo, también cuentan, que San Andrés naufragó
en los acantilados de Teixido, quedando su barca en un peñasco y que
Dios le compensó con un santuario al que irían en romería la humanidad
entera, hasta el fin del mundo
LOS PERCEPTIVOS RITUALES
La mayor afluencia de peregrinos a este singular paraje, coincide con
el periodo de romerías: el viernes, sábado y domingo de Pentecostés; el
24 de junio; desde el 16 de agosto al 9 de septiembre; el tercer
viernes, sábado y domingo del mismo mes, así como el 29; y por último,
desde el 27 al 30 de noviembre, que coincide con la festividad del
santo.
Casi todos los peregrinos se acercan hasta este santuario en
autocares, que en su mayoría van medio vacíos, ya que reservan plazas
-que también pagan- para sus familiares o amigos muertos. Los muertos,
por tanto, usan a los vivos para poder trasladarse hasta el santuario.