Cientos de miles de aves (gaviotas, frailecillos, cormoranes,
alcatraces, aguzanieves, eíderes, fulmares, alcas tordas y otros de
nombres más o menos exóticos) revolotean continuamente como las
abejas de un enjambre, construyen sus nidos y forman auténticas
colonias entre las rocas de islotes de origen volcánico que se
crearon hace al menos 320 millones de años y que constituyen una
espectacular atracción turística.
Los islotes están situados
en el fiordo o estuario del río Forth,
frente a la pintoresca localidad de North Berwick que se convirtió,
tras la llegada allí del ferrocarril en 1850, en uno de los más
populares lugares de veraneo del norte de esta isla, al que se
acercaba la gente incluso desde Londres, lo cual le valió el nombre
de
"Biarritz del norte". La familia Stevenson alquiló una casa en la costa, donde el
futuro escritor, un niño enfermizo, iba a pasar los veranos.
Allí jugaba con otros niños de su edad en la playa, a la vista de
las ruinas del castillo, y veía pasar los barcos, imaginándose
historias de piratas y naufragios.
UN CENTRO DE AVESEn ese lugar único en el mundo, a la vista de esas islas, alguna
de ellas de propiedad privada,
se construyó en 2000 el Centro de
Aves de Escocia (Scottish Seabird Centre), un lugar privilegiado
para la observación de toda esa fauna marina, que ha recibido
numerosos premios tanto turísticos como del sector medioambiental.
El centro es pionero en la observación no intrusiva de aves: sus
responsables han instalado en diferentes puntos de los islotes
videocámaras que el visitante puede manejar por control remoto y que
permiten no sólo apuntar el objetivo a distintas direcciones sino
también acercarse con él a las aves hasta el punto de poder
descifrar los números de los anillos que llevan algunas de ellas.
Las imágenes obtenidas en esa especie de programa de
"telerrealidad" aplicado al mundo animal aparecen en las distintas
pantallas del centro e incluso se transmiten en directo por internet
aunque con un menor nivel de resolución (
www.seabird.org).
Al igual que los transmisores de sonido, l
as cámaras funcionan
con energía solar, pueden resistir la fuerza de las peores galernas
y están dotadas incluso de una especie de "limpiaparabrisas", que se
controla también desde lejos.
En las terrazas del centro hay instalados asimismo diversos
telescopios que permiten descubrir, por ejemplo, que lo que desde
lejos parece una enorme mancha de guano en uno de esos islotes de
basalto, el llamado
Bass Rock, situado a cuatro kilómetros de la
costa, no es sino la impresión óptica de los
más de 120.000
alcatraces que se han instalado allí.,
BASS ROCK, UNA PRISIÓNPor cierto que, al igual que la isla de Alcatraz, en la bahía de
San Francisco, la Bass Rock sirvió algunos años de prisión, aunque
en este caso no para delincuentes comunes, sino para los enemigos de
una u otra religión.
Propiedad de una familia aristocrática local- los
Hamilton-Dalruymple- en el islote pueden verse todavía los
restos de
una capilla del siglo XV dedicada a San Baldredo, un monje que vivió
allí como ermitaño en el siglo VII, así como un faro, construido en
1902 sobre la antigua fortaleza y que desde 1988 funciona sin
farero.
Durante los meses de verano y hasta finales de septiembre es
posible además rodear las islas en barco - bien en unas lanchas
rápidas, bien en una barca a motor más tradicional- y ver cómo
decenas de miles de aves toman el sol en las paredes rocosas o
revolotean como un enjambre.
En el paseo en barco hasta las islas es posible, si hay suerte,
ver nadando algunos ejemplares de focas grises, animales que fuera
de la temporada dedicada a la procreación pasan casi todo el tiempo
en el mar pescando su alimento, pero que a partir de octubre
poblarán uno de esos islotes, el llamado Isle of May, donde en otoño
cientos y hasta miles de esos mamíferos marinos se congregan para
aparearse.