Álvaro Bultó y la verdad sobre su muerte, un mes después

Algo más de un mes después de la muerte del aventurero Álvaro Bultó, mientras practicaba 'wingfly' en Los Alpes, el suceso sigue causando controversia entre los amantes del paracaidismo, que consideran injusto que el 'amarillismo' llevara a informar en su momento de que la muerte se había debido a que no se le abrió el paracaídas. ¿Qué pasó realmente aquel viernes 23 de agosto?

Arancha Cuéllar - Qué.es 27 de septiembre de 2013

Álvaro Bultó se disponía a probar, una vez más, la adrenalina de planear a más de 150 kilómetros por hora enfundado en su traje de pájaro, cuando se encontró de frente con la muerte el pasado 23 de agosto. Las condiciones meteorológicas eran óptimas. A sus espaldas llevaba saltos mucho más arriesgados. Nada hacía presagiar que iba a ser el último de su vida. Tenía 51 años. Ha pasado algo más de un mes de aquel fatal accidente en la zona de Stechelberg, en los Alpes suizos de la región de Berna, y aún muchos son los que creen, a raíz de las informaciones que trascendieron en diversos medios, que algo falló en su paracaídas, que no se abrió.

El presidente de la Escuela de Paracaidismo Skydive Lillo de Toledo, Miguel Ángel Paredes, amigo personal de Bultó, ha asegurado a Qué.es que el accidente no se produjo por un fallo del paracaídas sino que ocurrió al chocar contra un saliente de la roca que el aventurero estaba sobrevolando al límite. "Todos los que estaban allí lo vieron", dice tajante. Obviamente, a tan alta velocidad y con tan pocos metros para abrir el paracaídas, Bultó no tuvo tiempo de reacción y falleció a causa del golpe sufrido. "Álvaro practicaba una actividad de enorme riesgo, aunque es verdad que había hecho saltos mucho más complicados que éste", afirma.

Este experto explica que el 'wingfly' o también llamado 'wingsuit', es una peligrosa modalidad de paracaidismo extremo que consiste en volar como un pájaro sobre el perfil de una montaña gracias a un traje con alas. "Sabiendo manejarlo bien, se pueden alcanzar velocidades de más de 160 kilómetros por hora", cuenta Paredes, que ha probado en sus carnes este subidón de adrenalina.

Los 'hombres-pájaro' practican el salto base, es decir, se dejan caer desde un acantilado o desde una cumbre, enfundados en un traje con membranas que les hace parecer murciélagos. Al igual que quienes saltan desde antenas o edificios, utilizan un solo paracaídas, ya que a decenas de metros del suelo no tendrían tiempo para una segunda oportunidad, en caso de fallo técnico, algo que, por cierto, no suele ocurrir.

LA PRÁCTICA DEL PARACAIDISMO EN ESPAÑA

Algo muy distinto es el paracaidismo de toda la vida, que en España practican de forma habitual alrededor de 1.000 personas, según las cifras que manejan en esta Escuela de Paracaidismo de Lillo. Según Paredes, quienes son aficionados a esta modalidad deportiva suelen ser personas jóvenes muy activas, que lo combinan con otros hobbies. "Aprender a saltar en paracaídas es relativamente fácil", afirma este instructor, que explica que un curso cuesta en torno a 1.600 euros e incluye, además de licencias y seguros, siete saltos en los que los alumnos están acompañados de monitores. "Aunque el desembolso inicial es importante, una vez que ya aprenden solos, el salto puede costar unos 29 euros", matiza.

Además, quien quiere probar a saltar por primera vez puede hacerlo en tándem sin que se requiera ningún tipo de experiencia previa. "Basta con una explicación corta y cualquiera puede hacerlo enganchado al monitor".

LOS ACCIDENTES, "POR ERRORES HUMANOS"

Desde esta Escuela de Paracaidismo quieren dejar claro- y de ahí que el 'amarillismo' les repela en el caso del fallecimiento de Bultó- que la práctica de este deporte es bastante segura, ya que el riesgo de que un paracaídas falle es prácticamente nulo. "Son bajísimas las estadísticas. Siempre hay un paracaídas de emergencia por si falla el otro, y los saltos se hacen desde aviones a 1.000 metros de altura, por lo que el segundo se podría abrir a 600-700 metros", afirma.

Paredes lleva saltando desde 1970 y, según dice, ha visto "varios accidentes", casi todos "por errores humanos".

En ese sentido, afirma que los más típicos se deben a que se usan paracaídas de rendimiento alto, con grandes exigencias de pilotaje por las velocidades extremas que alcanzan, y que no todos los paracaidistas están igual de preparados.