Angio-OCT, una tecnología no invasiva para detectar enfermedades oculares

Sara Rojo 12 de diciembre de 2016

Angio-OCT, una tecnología no invasiva para detectar enfermedades oculares
Foto: Pixabay

Mucha gente, preocupada por su salud y por el mantenimiento de la misma, acude cada cierto tiempo a la consulta de su médico de cabecera para realizarse un chequeo general y valorar en qué estado se encuentra. Sin embargo, igual que las analíticas suelen ser de lo más rutinario, no lo es tanto visitar a un oftalmólogo que también compruebe que la salud ocular está en orden y, así, evitar posibles problemas futuros. Ocurre, de hecho, que incluso la gente que nota molestias o problemas en sus ojos, deja pasa el tiempo más de lo aconsejable. Una detección precoz de determinadas enfermedades visuales es básica para que los tratamientos sean lo más efectivos posibles. En especial cuando se trata de patologías degenerativas que afectan a la retina.

En España son todavía pocos los centros, entre los que se encuentran las clínicas oftalmológicas en Madrid (Mirasierra y Santa Hortensia) y Alicante de Vissum, que cuentan con la novedosa técnica angio-OCT para diagnosticar, de manera no invasiva, enfermedades de retina.

La retina es una parte fundamental del ojo, puesto que es la encargada de transformar la luz que recibe en impulsos nerviosos. Éstos, se envían después al cerebro quien los traduce en imágenes. El fondo del ojo presenta un color sonrosado (esto se debe al alto riego sanguíneo que recibe) Si el color es otro, conviene que acudir a un oculista porque puede ser síntoma de una afección a tratar. Pero, una vez más, dar con ella a tiempo es clave.

En el caso de la técnica angio-OCT lo que hace es combinar, en un único sistema, una angiografía con una tomografía de la coherencia óptica (también llamada OCT) Gracias a las imágenes de alta resolución que ofrece, la precisión en el diagnóstico es mayor. Y también cuenta con la capacidad de reconstruir en 3D las estructuras de retina y coroides.

Hasta la llegada de esta técnica, aún en las últimas fases de desarrollo, cuando un paciente requería de una angiografía se debía dilatar la pupila, se procedía a una inyección en la circulación general y a estudiar las alteraciones que se producían con una luz y filtros especiales. Así, se podían detectar alteraciones en arterias y venas de la retina, producidas por las distintas enfermedades. Esta técnica es más molesta, dolorosa y requiere más tiempo del paciente que, incluso en ocasiones, puede presentar reacciones.

Además, no se puede llevar a cabo tan de continuo como la angio-OCT. Ésta última es rápida (apenas precisa de unos minutos) y obtiene la información necesaria con la OCT, lo que evita al paciente la inyección. Su moderna tecnología permite, también, detectar cambios precoces en la vascularización sin molestias, de nuevo, para el paciente, que puede llevar a cabo este control cuantas veces sea preciso y sin tener que esperar un tiempo determinado.

Con la mejor y más precisa información que obtiene el oftalmólogo también se puede esperar un mejor reconocimiento de la enfermedad en cuestión, así como del seguimiento que se precise. Y, todo ello, repercute en un mejor tratamiento.

No hay que olvidar que en España tres de cada cuatro causas de ceguera responden a enfermedades de la retina. Éstas enfermedades las padecen sobre todo colectivos tan importantes como los diabéticos o las personas mayores de 55 años (en este caso, por una cuestión de degeneración macular).


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