Glifosato, el herbicida con el que estás contaminado (y no lo sabes)

El glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo; también en España, donde se consumen 15 millones de litros al año. La Unión Europea debate contrarreloj sobre esta sustancia en plena controversia científica sobre sus efectos sobre la salud.

Diana García Bujarrabal / Qué.es 31 de mayo de 2016

El próximo 30 de junio expira la licencia que permite la utilización del glifosato en los campos, parques y jardines de la Unión Europea; una licencia que los 28 debaten ahora si renovar, prohibir por completo o someter a severas restricciones en el marco del Comité Permanente de Plantas, Animales, Alimentos y Piensos. El debate está siendo tenso y hoy por hoy hay pocas certezas respecto de lo que pueda salir en la próxima reunión, prevista para el lunes 6 de junio.

La renovación requiere el voto de una mayoría de los países y que representen a su vez a al menos el 65% de la población europea. Mientras Francia está radicalmente en contra, y Alemania se abstiene, España, de momento, se alinea con la propuesta de la Comisión, y ha votado a favor de la renovación (una renovación de nueve años en la última propuesta), a pesar de la oposición de entidades sociales, sindicales y ecologistas.

El glifosato se ha convertido en el paradigma de la batalla entre las organizaciones sociales y ecologistas, que piden su prohibición, y la poderosa industria agrolimentaria europea, que asegura que su utilización no es en absoluto nociva.

Se trata de una sustancia patentada por la multinacional Monsanto en los años 70 que se utiliza en todo el mundo como un potente herbicida para controlar la maleza o las plantas adventicias que rodean a los cultivos, o para limpiar parques o cunetas de carreteras. Su versión comercial más conocida en Roundup, pero está presente en hasta 125 productos diferentes. "Mata todo tipo de plantas que toca, salvo determinados organismos modificados genéticamente que Monsanto comercializaba conjuntamente", explica Kistiñe García, responsable de comunicación de la campaña 'Libres de contaminantes hormonales' de Ecologistas en Acción.

Siempre ha sido una sustancia controvertida, pero las posiciones se han enconado a raíz de los últimos informes científicos. En marzo de 2015 el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, un organismo dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo estimó como "cancerígeno probable". Otros estudios sustentan sus efectos nocivos sobre el sistema hormonal. No obstante, la Agencia Seguridad Alimentaria Europea (EFSA) basándose en estudios realizados por la propia industria, relativizó en mucho su peligrosidad.

"Hay un problema de transparencia. Estos informes no son públicos", explica García, quien refiere además que ya ha habido un nutrido grupo de científicos a nivel europeo que han criticado la metodología y denunciado los resultados por fraudulentos. "Tendría que entrar en funcionamiento el principio de precaución", reclama Luis Ferreirim, responsable de agricultura de Greenpeace España, a quien le parece que al advertencia de la OMS es motivo más que suficiente para conducirse con tiento.

Y es que la propia Unión Europea está llevando a cabo su propio estudio a través de la ECHA, la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas, y los resultados no estarán disponibles al menos hasta 2017.

EL 99% DE LA CERVEZA ALEMANA TIENE GLIFOSATO

Es tanto y tan amplio el uso del glifosato que la gran mayoría de los europeos estamos contaminados. Un reciente estudio del Instituto Medioambiental de Múnich señalaba que hay glifosato en las 14 cervezas más populares de Alemania. Y de los 48 europarlamentarios que se dispusieron a someterse a una análisis de orina cuando debatieron este asunto, ninguno se encontraba libre de esta sustancia.

Para Kistiñe García no cabe ninguna duda: "El nivel de contaminación de la población europea es total", asegura. Y las principales vías de contaminación son el agua y la comida, donde a menudo quedan restos de esta sustancia. Otra cuestión son los efectos que esta contaminación pueda generar sobre la salud o a partir de qué cantidades de exposición. Es difícil establecer estándares porque la sensibilidad de cada persona es diferente, aunque para García cuando hablamos de contaminantes hormonales siempre hay alteraciones, "no hay un nivel mínimo por debajo del cual no sean nocivos".

Si hay que señalar dos colectivos especialmente sensibles éstos serían los niños y las mujeres embarazadas. Y en cuanto a los problemas derivados del uso de glifosatos se apunta a problemas de desarrollo fetal, en el sistema neurológico, pérdida de fertilidad o el desarrollo de cánceres relacionados con el sistema hormonal.

Ferreirim, de Greenpeace, hace también hincapié en el impacto medioambiental y se refiere no solo a la "contaminación de los acuíferos" o los "daños en los suelos", sino a su impacto directo sobre "la biodiversidad". "Una de las grandes amenazas de los polinizadores son los herbicidas, que eliminan una parte de alimento", explica. 

¿Y AHORA QUÉ?

Entre la reclamación de prohibición de las organizaciones sociales y la reautorización para todos los usos que plantea la Comisión se sitúa la posición del Parlamento Europeo. El pasado mes de abril la institución aprobó una resolución en la que se recomendaba aceptar la renovación, pero ésta se limitaba a siete años y con severas restricciones: se prohibía su uso en parques, jardines o zonas de juego infantil, así como su uso privado, no profesional. También se excluía por considerarlo "inaceptable" el uso previo a la recogida de la cosecha, que se considera cuando más incide en la exposición humana.

La propuesta de la Comisión en la próxima reunión podría ir en el sentido de incorporar alguna de estas restricciones, de reautorizar por uno o dos años el uso de la sustancia hasta que finalice el análisis de la ECHA, o incluso de no hacer nada, en cuyo caso la licencia expiraría automáticamente y habría seis meses de gracia para dejar de comercializar el glifosato en la UE.

Por otra parte, y aunque en el sector agrícola se hayan acostumbrado a esta sustancia, desde las organizaciones ecologistas insisten en que hay alternativas no solamente más respetuosas con el medio ambiente y la salud, sino también viables económicamente. "Nos han educado durante mucho tiempo en que no se pude producir de otra manera. Y no es cierto", asegura García. Desde Ecologistas en Acción han elaborado una guía para ayudar a eliminar estas sustancias y evitar que terminen sustituyéndose por otras igual de nocivas o peores. El desbroce manual o la utilización de productos naturales como el vinagre pueden ser alternativas viables.

Además, apunta a que en los balances económicos a menudo se ignoran los referentes de la salud de las personas: un reciente informe de la Alianza para la Salud y el Medio Ambiente (HEAL, Health and Environment Alliance) cifraba en 157.000 millones de euros el coste de la repercusión de los contaminantes en la salud de los europeos.