Los supermercados tiran más de 50.000 toneladas de comida al año

La Asamblea francesa ha aprobado una norma que obliga a los supermercados de más de 400 metros cuadrados a donar los alimentos que les sobren a ONGs o Bancos de Alimentos. En España no existen cifras oficiales, pero según las estimaciones más modestas los distribuidores tiran al año 50.000 toneladas de comida en buen estado.

Diana García Bujarrabal / Qué.es 1 de marzo de 2016

España es un país en el que 2 millones de niños pasan hambre. Y, sin embargo, según un estudio de la Comisión Europea a lo largo de toda la cadena alimentaria, desde el campo hasta nuestros hogares, tiramos 7,7 millones de toneladas de alimentos que se podrían comer. Se trata de una cifra tan alta que resulta difícil de concebir, pero baste decir que con esta cantidad se podría alimentar durante un año entero a 10 millones de personas. Es decir, no habría hambre en España, y aún podríamos ayudar a otros países.

El sinsentido del desperdicio tiene una distribución desigual: según el mismo estudio de la Comisión Europea la mayor cuota del desperdicio corresponde a los hogares, con más de 40%, entre productos frescos y preparados que terminan en el cubo de la basura. Las tiendas y supermercados serían responsables del 5%. "Esta cifra no me la creo; nadie la puede auditar", objeta Manuel Bruscas, consultor social y experto en despilfarro de comida.

Para Bruscas, uno de los primeros y principales problemas es la falta de la transparencia del sector. "No sabemos si están tirando más o menos comida. Nos basamos siempre en estimaciones", apunta. Bruscas se queda con las del experto Tristram Stuart, referencia en este campo y autor de 'Despilfarro. El escándalo global de la comida', quien sitúa lo que tiran los supermercados y grandes superficies en torno al 40%. Bruscas pone el ejemplo de los supermercados TESCO en Reino Unido: en un ejercicio de transparencia, esta cadena de supermercados, una de las más grandes del Reino Unido, publicó lo que había tirado en la primera mitad de 2013, y se trataba de 28.500 toneladas. "Eso es mucho más que el 5% que se les atribuye, y por muy eficientes que sean en España, no creo que haya grandes diferencias".

En España se han aventurado algunas cifras concretas sobre el desperdicio alimentario en supermercados: en 2012 la Federación Española de Bancos de Alimentos (Fesbal) lo cifró en 50.000 toneladas de comida fresca. "Además de lo que tiran directamente, los distribuidores provocan que se tire mucho al imponer a los productores un calibre o color determinados, o al incitar al consumidor a comprar más de lo que necesita", precisa Bruscas.

EL CASO FRANCÉS

La lucha por una gestión más eficiente y razonable de los alimentos el caso francés ha supuesto un hito: se trata del primer país europeo en poner en pie una regulación, y lo hace además a raíz de una movilización y campaña de recogida de firmas iniciada en Internet.

A partir de julio de 2016 cualquier supermercado de más 400 metros cuadrados estará obligado a donar la comida sobrante a ONGs, para alimentar animales o para abono agrícola. De lo contrario se les castigará con una multa de 75.000 euros o dos años de prisión.

En España desde el Ministerio de Agricultura manifiestan su preocupación con este asunto y aseguran que "reducir las pérdidas y el desperdicio alimentario es una responsabilidad de todos". Afirman que están "estudiando y analizando con detalle" la ley aprobada en Francia. De momento, en 2013, se aprobó la Estrategia "Más alimento, menos desperdicio", que entre sus acciones ha incluido estudios sobre despilfarro y recomendaciones al consumidor.

"Históricamente en España el desperdicio alimentario no ha sido ni una materia debatible", se lamenta sin embargo Bruscas. "Salió Arias Cañete diciendo que tomaba yogures caducados y colgó un PDF en la web del Ministerio de Agricultura. Para mí el gran éxito es un asunto que preocupa y sale en los medios".

Bruscas es el impulsor de una recogida de firmas a nivel europeo, con apoyo de Grecia, Francia, Bélgica, Italia, Alemania y Reino Unido, que pedirá a la Comisión Europea que regule este asunto cuando lleguen al millón de firmas adheridas.

Ya se lo pidió la organización de consumidores FACUA en este caso al estado español. Según datos del propio Ministerio de Agricultura solo el 20,5% de los supermercados tienen un protocolo para luchar contra el desperdicio alimentario colaborando con alguna ONG. Desde FACUA le preguntaron por sus protocolos a 28 superficies y tan solo ocho dieron respuesta: Caprabo, Covirán, Dia, E.Leclerc, Eroski, Grupo El Corte Inglés, Lidl y Mercadona.

"Suponemos que los supermercados que no quisieron darnos ninguna información es porque no tenían ningún protocolo", explica Rubén Sánchez, portavoz de Facua. "Siempre habrá superficies que no tengan esa sensibilidad, así que entendemos que hace falta una regulación, y que el nuevo gobierno deberá reflexionar sobre esta problemática".

LOS COMEDORES ESCOLARES, OTRO CABALLO DE BATALLA

En los últimos tiempos está cobrando fuerza en Change.org otra petición relacionada con el desperdicio de alimentos: se trata de la impulsada por Cristina Romero para conseguir que en los comedores escolares no se tire la comida.

En una reunión del colegio de su hijo Romero se enteró de que en el comedor les ponían la misma ración a los niños de tres años que los de doce. Y, ¿qué hacían con la comida sobrante? Directamente a la basura. "¡La escuela es un lugar que debe dar ejemplo!", se escandaliza todavía al recordarlo.

A raíz de aquella experiencia investigó y ha puesto en marcha una petición al Ministerio de Sanidad para que desde la norma de Seguridad Alimentaria y Nutrición facilite la recogida de estos alimentos.

"Es fácil: primero, en los propios comedores escolares, se embala la comida en tuppers de una sola ración, se etiqueta y se congelan; la empresa de recogida se encarga de recogerlos, asegurándose de no romper la cadena de frío y garantizando la correcta conservación de los alimentos; por último los alimentos se transportan al Banco de Alimentos, donde se distribuyen entre las personas con dificultades económicas o en situación de dependencia que participen en el programa de alimentos.", explica en su petición.

Existen ya algunas instituciones y centros que han puesto en práctica estas políticas en Madrid y Cataluña, como el colegio de los maristas de Lleida, y Romero cree que se podría extender a más.

De momento, ya se ha apuntado su primera pequeña victoria: "Se hizo una evaluación interna en la empresa que lleva el catering del colegio y la comida que tiran al mes se ha reducido bastante".