Naranjas Lola, del árbol a la mesa a golpe de click

Aunque solo sea porque las naranjas Lola son las que come el mismísimo Rey, la historia de esta empresa familiar merece ser contada desde el principio. Hablamos con los fundadores de la primera empresa de frutas española que solo vende a través de internet.

Arancha Cuéllar - Que.es 16 de octubre de 2015

Cuando al escribir en Google 'naranjas', el buscador sugiere 'Lola' en el primer golpe de vista, es que alguien ha hecho las cosas muy bien. Naranjas Lola comenzó su andadura en internet en enero de 1998, cuando ni siquiera había sido fundado el gigante tecnológico Google (lo hizo en septiembre de ese año). Entonces, había muy pocos ordenadores, la conexión era rudimentaria y el móvil 'ladrillo' más moderno costaba la friolera de 300.000 pesetas (1.800 euros). Nadie, absolutamente nadie, se fiaba de pagar contrareembolso y mucho menos de meter un número de Visa en un lugar tan incierto como lo era por aquella época la red de redes. Pero Federico Aparici y Dolores Colomar (quien da nombre a naranjas Lola) lo tenían claro. Si algo querían conseguir, mucho tenían que arriesgar. El duro trabajo en el campo no les daba para vivir. El producto que tenían para vender, su naranja, era de una calidad excelente, sí. Pero los márgenes de beneficio vendiendo al por mayor eran tan escasos que no tenían ni para empezar.

Sus hijos Federico y Juan tuvieron entonces la genial idea de montar una página web - nada que ver con lo que hoy en día es naranjaslola.com- y vender su producto por internet. El 'invento' les costaba 25.000 pesetas al mes (unos 150 euros), y se traducía en una ventajosa tienda virtual abierta 24 horas los 365 días del año y accesible a todo el mundo. No tenían que preocuparse ni de contratar empleados, ni de seguridad social, ni de pagar alquileres ni de facturas de luz. Pero lo dicho. Nadie se fiaba de comprar por internet. Y pagar por mantener una 'tienda' en la que no entraba casi nadie, por poco que fuera, se les hacía muy cuesta arriba. 

Y ahí es cuando decidieron dar un giro total a la forma de vender su producto. Del árbol a la mesa en menos de 24 horas era su leitmotiv y su lema comercial un slogan arriesgado: "Cómpralas, pruébalas y si te gustan, las pagas". Tan arriesgado como lo era vender naranjas por internet. Vender cualquier producto perecedero lo es.

El lema les ha costado algunos impagos -jetas hay en todas partes- pero aun así les ha salido a cuenta asumir ese riesgo. "Yo me tenía que lanzar de alguna forma y fuimos la primera empresa en el mundo que para quitar el miedo a comprar por internet permitíamos que se pagara una vez se probaran las naranjas... y daba la posibilidad de no pagar si no te gustaban".

Y ya es raro que a alguien no les gusten sus naranjas. Sobre todo porque ellos se aseguran de que todo lo que sale en sus cajas sea de excelente calidad y haya alcanzado la máxima maduración en el propio árbol cultivado de forma tradicional.

Federico Aparici, fundador de Naranjas Lola.

El buen hacer y el boca a oreja dieron al fin sus frutos al cabo de unos cuatro o cinco años, cuando sus esfuerzos comenzaron a ser visibles. La calidad seguía siendo excelente y lo que empezó siendo un enorme esfuerzo para arrancar acabó saliendo solo cuando todos comenzaron a hablar de las Naranjas Lola. Ayudó mucho, como no, que la prensa descubriera que entre sus clientes figuraban el mismísimo Rey de España, que no quería otras naranjas más que las suyas.

Y no es el único cliente 'ilustre' del que pueden seguir presumiendo hoy en día. Los mejores cocineros de España les compran a ellos para sus restaurantes. Sant Celoni, el Celler Can Roca, Martín Berasategui, El Bullí de Ferrán Adriá (hoy sus 'restaurantes hermanos'), restaurante Mugaritz y un largo etcétera de 'estrellas Michelín' que les han hecho multiplicar su volumen de ventas hasta el punto de abrir puertas a sus fincas de Cullera creciendo en hectáreas y trabajadores.

Y es que el sabor y la textura de Naranjas Lola poco o nada tiene que ver con las naranjas que se compran en cualquier frutería. De hecho, Federico no vende sus naranjas hasta que éstas no alcanzan su color más intenso y su sabor más dulce en el propio árbol. 

Aunque depende de la climatología, la temporada alta suele ir de noviembre a mayo. No obstante, en muchas fruterías ya comercializan la naranja valenciana desde octubre sin cuidar apenas el sabor. "Es verdad que en la Comunidad Valenciana ya se están recogiendo naranjas con piel verde y un sabor más ácido que el limón, a las que meten en cámaras de frío y ponen 'carburo' para que cojan color aunque por dentro sean un estropajo", nos cuenta Federico.

Las que ellos venden, de zumo o de mesa (en realidad si la naranja es buena poco importa esto) van directamente del árbol al cliente y no les añaden aditivos químicos para su coloración, maduración o conservación. Se puede decir que la naranja que ellos comercializan es la que se vendía hace 50 años en España: de la huerta a la mesa. "Es una naranja con poco azúcar y muchísimo jugo. Se aprovecha al 100%", matiza. Quizás por esto, él considera que 2 euros el kilo del árbol a la mesa no es vender caro. "Resulta mucho más caro pagar un euro por un kilo de kiwis que están más duros que una piedra", nos dice. Y no le falta razón. 

La caja de 15 kilos cuesta 33 euros.

Ellos tienen el precio establecido en 33 euros la caja de 15 kilos de naranjas (incluidos portes y transporte a cualquier lugar de España). Pero no solo comercializan su producto en España. También lo hacen en Europa, donde el comprador tiene dos opciones. Esperar su pedido tres días (por camión) o 24 horas (por avión) que sale algo más caro. El cliente en Europa, eso sí, paga por adelantado.

Naranjas Lola sigue conservando su nombre original aunque no se quedan únicamente en la venta de naranjas, sino que venden todo tipo de cítricos como clementinas, limones, limas, sanguinas, mandarinas y otros más exóticos como el kumquat o el limequat.

Precisamente las clementinas sí las están vendiendo desde octubre (están en temporada) y su sabor nada tiene que ver con el de otras que hayas probado antes. Su color brillante y su sabor dulce invitan a paladearlas y disfrutarlas en cada bocado.

Como buena empresa familiar que sigue creciendo -distribuyen en España y Europa más de 10.000 kilos de fruta al año-, también comercializan en temporada de verano tomates raf, melones y sandías, y todo el año unas exquisitas mermeladas de naranja, clementina o sanguina elaboradas artesanalmente por un obrador. 

Y la guinda de la empresa son unas cocas caseras de almendras, nueces, pasas y dátiles elaboradas con una receta familiar de la vieja cocina cuyo sabor es capaz de transportarte en el tiempo a la infancia.

Después de exportar a toda España y casi toda Europa. Federico y su familia lo tienen muy claro: "Mientras sigamos dando calidad no tenemos límites. Llevamos 18 años y somos los mismos de siempre. Con los pies en la tierra. El éxito es el trabajo diario".

Y es que su negocio, no hay duda, sí se puede decir que les ha salido redondo.