Centenario del naufragio del Titanic: hubo siete supervivientes españoles

Diez españoles se embarcaron en el Titanic hace hoy 100 años para buscar fortuna al otro lado del Atlántico a bordo del buque "insumergible" de la White Star Line que partió desde Southampton (Inglaterra) el 10 de abril de 1912 con destino a Nueva York haciendo escala en Cherburgo y Queenstown. Sólo siete de los 10 españoles sobrevivieron al naufragio más rememorado de todos los tiempos. Su historia y la de los tres que perecieron en la tragedia se detalla en la obra 'Los diez del Titanic', de los periodistas Javier Reyero, Cristina Mosquera y Nacho Montero y editada por LID Editorial.

Raquel Alcolea Díaz / Qué.es 10 de abril de 2012

Vídeo: La exposición 'Titanic: The Exhibition' hasta el 30 de septiembre en el Museo Maritim de Barcelona.

Diez españoles se embarcaron en el Titanic el 10 de abril de 1912 para buscar fortuna al otro lado del Atlántico, hacer negocios o simplemente disfrutar a bordo del buque "insumergible" de la White Star Line. Sólo siete de ellos sobrevivieron al naufragio más rememorado de todos los tiempos. En la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912 el RMS Titanic chocó contra un iceberg dando lugar a una tragedia en la que perecieron 1.518 de sus 2.222 pasajeros.

La historia de los siete españoles que sobrevivieron al desastre (María Josefa Pérez de Soto, Fermina Oliva, Julián Padró, Emilio Pallás, las hermanas Florentina y Asunción Durán y Encarnación Reynaldo), así como la de los tres que no tuvieron tanta suerte, (el adinerado Víctor Peñasco, recién casado con Josefa; el empresario asturiano Servando Oviés y el joven camarero Juan Monrós), se reconstruye al detalle en 'Los diez del Titanic', de los periodistas Javier Reyero, Cristina Mosquera y Nacho Montero, que con su investigación descubren que fueron 10 y no ocho, como se creía hasta ahora, los españoles que viajaron a bordo del Titanic. 

La obra arroja luz sobre la historia de Juan Monrós, el único español que formaba parte de la tripulación (como ayudante de camarero del lujoso 'restaurante a la carta' del Titanic) y Encarnación Reynaldo, una osada malagueña que trabajaba en Inglaterra para una familia de Gibraltar y que viajó a Nueva York para visitar a su hermana parturienta. Aunque hubo pocos viajeros españoles en el Titanic, su mortandad fue mucho menor a la media del pasaje. Como explica Javier Reyero, coautor de la obra, sólo tres de los 10 viajeros españoles murió en el naufragio del Titanic, lo que supone una mortandad del 30%, frente al 70% del total que perecieron en el llamado "buque insumergible" (se salvaron 704 pasajeros). 

Los siete españoles que sobrevivieron a la tragedia (cinco mujeres y dos hombres) no destacaron, sin embargo por su locuacidad a la hora de relatar su historia, pues como explica Reyero fue al final de sus vidas cuando desempañaron sus borrosos recuerdos tan sobrecogedores como la frase con la que Víctor se despidió de su joven esposa Josefa tras "obligarle" a embarcar en el bote salvavidas numero 8: "Pepita, que seas muy feliz". Así lo confirma Elena Ugarte, sobrina nieta de Víctor Peñasco y miembro de honor de la Asociación Internacional Titanic, quien destaca que Josefa tardaría décadas en relatar lo que vivió. "Le contó a mi madre lo que allí sucedió mucho después de que se produjera tragedia y así es como yo conocí la historia de Pepita", explica. 

También destaca la pericia de Emilio Pallás y Julián Padró que salvaron la vida tras saltar desde la cubierta al bote 9, que en ese momento descendía ya al mar por el costado del Titanic. La supervivencia de Emilio y Julián tiene aún más valor si se tiene en cuenta que sólo el 8% de los pasajeros masculinos de segunda clase (en la que ellos viajaban) salvó la vida debido al protocolo marítimo en un naufragio (mujeres y niños, primero) y a la escasez de botes. Sobre la vida 'post tragedia' de Julián (que se casó con Florentina, una de las hermanas Durán) y Emilio cabe destacar dos apuntes que recoge la obra de Reyero, Mosquera y Montes. Emilio vivió un tiempo en Cuba, aunque pronto regresó a Lérida, su ciudad natal, donde seguiría tocado por la buena fortuna pues regentó una administración de lotería que repartió en varias ocasiones el 'Gordo' de Navidad. En cuanto a Julián y Florentina, se quedaron a vivir en Cuba, donde procuraron disfrutar de esa "segunda oportunidad" que les dio la vida. En su tumba, ubicada en el cementerio Colón de La Habana, aparece cincelado un bote como el que les salvó en la madrugada del 14 al 15 de abril en 1912.

Juan Monrós, Víctor Peñasco y Servando Oviés no tuvieron tanta suerte como sus compatriotas pues no sobrevivieron al desastre. Y no sólo eso, sino que sobre Peñasco y Oviés existen varias versiones en torno a la localización de sus cadáveres, pues, tal como apuntan los autores en 'Los diez del Titanic', la familia de ambos tuvo que "comprar" un certificado de defunción. Un extremo que confirma Elena Ugarte, sobrina nieta de Víctor Peñasco, pero niega la bisnieta de Servando, Cynthia Ovies, quien sí reconoce que en la familia siempre se dijo que la bisabuela "gastó toda su fortuna" en localizar el cuerpo de Servando y hacer reclamaciones judiciales a la White Star.

Además de Víctor, Juan y Servando, perdieron la vida otras 1.515 personas en la tragedia del Titanic. A las víctimas rinde homenaje la exposición itinerante 'Titanic: The Exhibition', que estará en el Museo Marítim de Barcelona hasta el 30 de septiembre, donde, a pesar de que muestran 200 objetos originales del buque, algunos de incalculable valor histórico y económico, lo más valioso para los visitantes es, según asegura Jesús Ferreiro, presidente de la Fundación Titanic, el hecho de que durante 90 minutos se convierten en pasajeros de aquel barco y sienten como suyas las historias humanas de los que vivieron en primera persona la tragedia acontecida en las gélidas aguas del Atlántico norte en la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912.

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