En declaraciones a Efe, De Grey ha defendido que los avances
científicos que harán posible reparaciones celulares y moleculares,
así como el perfeccionamiento de los avances tecnológicos, acabarán
con la vejez, aunque hoy estas predicciones pueden sonar a
ciencia-ficción, como pasaba hace años con hechos que hoy son una
realidad asumida como algo normal.
Cita como ejemplo los trasplantes, que hace cincuenta años eran
impensables y hoy son una terapia que ha avanzado tanto que incluso
ya se han hecho sin necesidad de inmunosupresión, un hito que
considera un gran primer paso de lo que denomina "ingeniería de los
órganos".
Según este biólogo y editor de la revista científica Rejuvenation
Research, para ser inmortal se necesitan tecnologías que hoy en día
no tenemos, y "estar saludables", lo que se consigue evitando el
sobrepeso, el tabaco y la hipertensión, con una dieta sana y
teniendo suerte desde el punto de vista genético.
Asegura que aunque científica y tecnológicamente ahora no es
posible esta eterna juventud, "es una realidad tangible", al alcance
de la mano, y lo que hace falta "es que la gente sepa que esto es
posible para que lo exija", y para que este deseo sea lo que haga
que se convierta en realidad en un futuro no muy lejano.
Según sus teorías, con estrategias de bioingeniería para evitar
la senectud las mujeres podrán procrear hasta los cincuenta o los
setenta años, lo que supondrá la desaparición de la selección
natural de la especie que hasta ahora ha garantizado la evolución y
que ya se ha empezado a cambiar con los tratamientos de fecundidad
'in vitro', que hacen viables embriones que la naturaleza rechaza.
Está seguro de que en unos años "no habrá límite de tiempo para
la especie humana", aunque matiza que esto no significa que vaya a
desaparecer la muerte.
Puntualiza que el concepto de muerte persistirá, aunque no tendrá
un origen biológico, y que los fallecimientos se deberán a causas
externas, como accidentes.
Aubrey de Grey considera que los recursos no son ningún problema
para desarrollar sistemas de reparación de tejidos, porque ya se
invierten grandes cantidades de dinero en tratar enfermedades
asociadas a la vejez como alzheimer, diabetes o problemas
cardiovasculares.
En este sentido, ha recordado que en el último año de vida una
persona gasta más que en casi toda la vida, y que aunque esta
situación sea la que en el fondo sustenta la industria farmacéutica,
ésta también puede tener grandes beneficios elaborando sustancias
antienvejecimiento.
También niega que esta eterna juventud pueda llegar a ser un
privilegio de ricos o de países desarrollados, y recuerda cómo hace
cien años ningún país tenía sistemas públicos de prevención de
salud, y cómo han cambiado las cosas desde entonces.
Lo que sí cree que es necesario es que en continentes como
África, con una perspectiva de vida menor, la población tenga deseos
de gozar de mejor salud y de cambiar hábitos de vida por otros más
saludables.
Insiste en que el calendario vital que hoy tenemos se podrá
cambiar y que las personas transitarán de la infancia, a la
adolescencia y la juventud, para quedarse en un estado permanente de
madurez, correspondiente a los actuales 30 o 40 años.