De todas las estafas que utilizan internet como campo de
operaciones, la compra/venta entre particulares es la segunda
actividad más lucrativa para los cibertimadores.
'I-phones' a estrenar y rebajados, entradas para conciertos de la
estrella del momento o festejos taurinos de José Tomás a mitad de
precio, alquiler de pisos en Pamplona durante San
Fermín....cualquier cosa que tenga demanda puede ser el gancho
perfecto para venderse o subastarse en portales como eBay.
"Nadie da duros a cuatro pesetas"
Para el comisario Manuel Vázquez, jefe de la Brigada de
Investigación Tecnológica de la Policía, la clave para no picar en
el anzuelo de los timadores del siglo XXI es la misma que había para
escapar del 'tocomocho' o del timo de la 'estampita' en tiempos
pasados: tener bien claro que "nadie da duros a cuatro pesetas".
Según ha explicado a Efe, el problema de este delito es que los
estafados se cuentan por miles y viven en puntos tan remotos como
Sydney o Nueva Jersey.
Alquilar un mismo piso de Pamplona a cuarenta estadounidenses y a
otros tantos australianos es moneda corriente cada mes de julio.
Aunque a veces la ganga puede ser tentadora, el jefe de la BIT
recomienda utilizar los canales de venta que garantizan el pago y la
entrega -como Paypal o similares- y desconfiar de aquellos que
pretenden cerrar el trato de "tú a tú" para, en teoría, ahorrarse
los intermediarios.
La mayoría de las veces, dicen los expertos, el negocio que
parecía redondo tiene "gato encerrado", el dinero se volatiliza y la
mercancía nunca aparece.
Phising, pharming y carding: distintas caras de una misma moneda
Abonar el dinero pactado y no recibir jamás el artículo puede
resultar enojoso, pero si el delincuente aprovecha el anonimato de
internet para hacerse con nuestros datos bancarios, el volumen de la
estafa puede elevarse a los miles de euros.
Más allá de las compras, el 'phising', el 'pharming' y el
'carding' son las otras estafas más comunes en internet.
Cada una de estas actividades se reparte más o menos un tercio
del pastel de la ciberestafa, unos seis millones de euros al año, y
eso sólo en la demarcación de la Policía Nacional.
Las bandas especializadas en 'phising', sobre todo rusas y de
otros países del este de Europa, envían cada día millones de correos
electrónicos a todo el mundo simulando ser una determinada entidad
bancaria y solicitando las claves del usuario con excusas de lo más
peregrinas, como la avería del servidor o el borrado de los datos de
los clientes.
Las víctimas pueden perderlo todo e incluso acabar con deudas, ya
que se han dado casos en los que los ciberdelincuentes han sacado
todo el dinero de las cuentas, han gastado la totalidad del crédito
de las tarjetas, han vendido acciones e incluso han pedido préstamos
personales.
El phising, también por sms
Como el correo electrónico "ya no cuela", los delincuentes
también han comenzado a enviar mensajes a teléfonos móviles
facilitando un número o un sms al que remitir las claves.
En ocasiones, también infectan al ordenador del usuario con un
'keylogger' o registrador de teclas, que permite ver a distancia lo
que la víctima escribe en el teclado de su ordenador, ya sea una
carta de amor o sus claves bancarias.
Para localizar a los autores, los investigadores suelen seguir
dos caminos, o el rastro tecnológico -quien emitió los mensajes
engañosos- o el rastro del dinero -quien y como recibió la
transferencia ilícita-.
Según el jefe de la BIT, el origen de las estafas es casi siempre
Rusia, Ucrania y en ocasiones Rumanía, aunque ya se han detectado
algunos grupos que operan desde España o que tienen a un "enviado
especial" que estudia a fondo el sistema bancario español para no
cometer errores.
A partir de ahí entra en juego el "mulero", habitualmente una
persona sin recursos que, a cambio de una comisión, es el encargado
de abrir las cuentas y de enviar más tarde el dinero al extranjero a
través de empresas como Money Gram o Western Union.
Un ejército de zombies al servicio de la estafa
Para combatir el phising, las entidades financieras ya han
instalado filtros de seguridad que analizan con más detenimiento las
transferencias electrónicas que se realizan desde direcciones IP de
países exóticos, aunque la mayoría de las veces tampoco es
suficiente.
En este punto de la estafa cibernética entran en acción las
'máquinas zombies', ordenadores personales controlados a distancia
por organizaciones de ciberdelincuentes sin que su propietario
sospeche nada.
Según datos de las empresas de seguridad, se trata de un ejército
de 10 millones de "ordenadores comprometidos" -150.000 sólo en
España- que se conectan cada día a internet a la espera de que el
'hacker' que los tiene bajo control los active para hacer una
transferencia ilegal o, lo que es más peligroso, como arietes en un
ataque coordinado contra una red gubernamental o una entidad
financiera.
Los ciberdelincuentes suelen utilizar el correo spam -enviado de
forma masiva por otros 'zombies'- y los canales de chat para hacerse
con los mandos del ordenador inoculando en su disco duro un virus
'troyano' indetectable y en apariencia inofensivo.
De este modo, se cierra el círculo de la estafa: primero roban
las claves y después realizan un traspaso desde un ordenador
"limpio" y situado en España para no levantar sospechas.
El comisario Manuel Vázquez apunta dos soluciones para evitar ser
víctima del 'phising' o del 'carding': jamás facilitar datos ni
contraseñas por correo electrónico o por teléfono e instalar un buen
anti-virus en el ordenador.
Las entidades bancarias también tienen todavía mucho margen de
maniobra para entorpecer el trabajo de los estafadores,
introduciendo claves más complejas y servidores más seguros.
Pese a todo, casi siempre prima la comodidad del cliente -una
clave corta es más fácil de recordar- que la seguridad de la propia
operativa.