Vídeo: Fútbol y revolución en Brasil

30 de Junio de 2013

La historia enseña que las grandes revoluciones estallan por pequeños detalles. No se sabe qué depararán las protestas de Brasil, pero sí que comenzaron por una subida de 20 céntimos del billete de autobús. El mundo se enteró por el fútbol. La Copa Confederaciones proyectó el malestar social. Los abucheos a la presidenta Dilma Rousseff en el partido inaugural dieron la vuelta al mundo. Algo estaba pasando en Brasil, donde el fútbol es religión. La presidenta dijo haber entendido el mensaje y retiró el tarifazo. Pero la calle no se calmó. La calle no había ganado el partido, sólo había sido un primer gol en sus demandas sociales. Y quería más. Lo dejararon claro las más de un millón de personas que se manifestaron mientras España apabullaba a Tahití.  Hartos de la corrupción política y de una sanidad y educación deficientes, exigían cambios profundos. De nuevo Dilma Rousseff les escuchó. Resultado: rechazo del proyecto de Ley de Impunidad, con el que se pretendía limitar a la fiscalía a la hora de investigar casos de corrupción. La calle marcaba un segundo tanto, pero siguió atacando. Un amago de reforma política mediante un proceso constiyuyente y la promesa de un referéndum fueron los siguientes movimientos de la presidenta brasileña. Pero la calle castigó a Rousseff en las encuestas mientras celebraba el agónico pase a la final de su selección ante Uruguay. En apenas tres semanas la presidenta ha perdido 30 puntos de popularidad, como ningún otro presidente del país. El balón de las protestas quizá se pare con la gran final de esta noche, pero el Gobierno sabe que en 2014 acoge el mundial de fútbol y en 2016 los Juegos Olímpicos.