'Crónicas del estallido' documenta las victorias populares en América Latina

El libro 'Crónicas del estallido', de Emma Gascó y Martín Cúneo, compendia numerosas pequeñas grandes batallas ganadas desde la ciudadanía latinoamericana: a las multinacionales, a la violencia, a la desigualdad y a la destrucción de sus comunidades.

Jose Durán Rodríguez - Qué.es 27 de noviembre de 2013

'Crónicas del estallido' es, como indica su subtítulo, un "viaje a los movimientos sociales que cambiaron América Latina". El libro, obra de Emma Gascó y Martín Cúneo tras una travesía de catorce meses por el continente, documenta numerosas victorias de quienes nunca ganan en la historia.

Comunidades indígenas que expulsaron de sus territorios a una multinacional, trabajadores que recuperaron la fábrica y la transformaron en cooperativa o madres que consiguieron justicia y reparación para sus hijos enfermos por la fumigación con agentes tóxicos son algunas de las muestras que encarnan en el libro ese grito común de "Sí, se puede" que desde hace un tiempo también resuena en las calles españolas.

Instructivo, emocionante y necesario, 'Crónicas del estallido' es un artefacto imprescindible para explicar que la historia se gana desde abajo y en horizontal, aunque muchas veces no lo parezca. Cúneo y Gascó lo desgranan para Qué.es.

- ¿Por qué es importante dejar constancia de las batallas ganadas desde la ciudadanía en Latinoamérica?

- Para un gobierno no existe nada peor que admitir que la ciudadanía organizada le ha ganado una batalla, admitir que se ha equivocado, destituir a un alto cargo por presión popular o dar marcha atrás en una ley polémica. Para un asesor presidencial ese hecho no sólo podría interpretarse como una muestra de debilidad sino que se podría convertir en una mecha que encendiera cientos de conflictos, protagonizados por personas ahora convencidas de que una victoria es posible gracias al efecto contagioso de la primera victoria. No es extraño que desde las altas instancias de poder se evite por todos los medios dar la sensación de que se ha tenido que ceder. Por eso la gente corriente y su papel en los cambios producidos en las distintas sociedades no forman parte de la mayoría de los libros de historia. Ahora que estamos viviendo un proceso de venta de los servicios públicos en España, puede ser útil constatar que en otros sitios se ha conseguido frenar y revertir estos procesos de privatización de los bienes comunes, ya sean servicios, empresas públicas o bienes imprescindibles para la vida como el agua.

La lucha de las Madres de Plaza de Mayo -que consiguieron en plena dictadura que el mundo supiera que en Argentina había desaparecidos- sirvió de inspiración en muchos otros países latinoamericanos, donde colectivos de mujeres plantaron cara a los regímenes dictatoriales y a los regímenes de excepción de muchos Estados supuestamente democráticos. Los logros de estos grupos de derechos humanos se convierten en fuente de inspiración para otros sectores sociales. Lo que parecía imposible ya no lo parece tanto. Algunos investigadores hablan de la "circulación de la lucha". No se transmite tanto una ideología en concreto, sino la idea de que las cosas se pueden cambiar. "Si allá lo lograron, nosotros también podemos" es una reflexión presente de sur a norte de América Latina.

- ¿Cuál es la huella que dejan, siendo muchas de ellas iniciativas de carácter local o en un ámbito reducido de actuación?

- La mayoría de los grandes cambios sociales que nos hemos encontrado en el viaje empezaron por conflictos locales. En 2003, la población de Esquel, en la Patagonia argentina, expulsó por primera vez en el país a una multinacional minera que pretendía explotar una mina de oro a cielo abierto utilizando toneladas de cianuro y millones de litros de agua por día. Lo que empezó como un conflicto que sólo afectaba a un pueblo de 30.000 habitantes pronto se convirtió en un asunto provincial, cuando toda la provincia de Chubut, donde está situada Esquel, prohibió la minería a cielo abierto con cianuro. Y no tardó en ser un asunto nacional: decenas de pueblos imitaron con éxito la experiencia de Esquel y casi diez provincias ya han prohibido la megaminería.

En este caso, la verdadera victoria no se da por expulsar a una empresa -que quería llevarse el 97% de los beneficios- sino en el cambio en la mentalidad de la sociedad argentina, que mayoritariamente dejó de ver la minería a cielo abierto como una fuente de trabajo y oportunidades para el país y comenzó a verla como una actividad altamente contaminante de la que sólo se benefician empresas extranjeras. Los verdaderos cambios, los más duraderos, se dan en la conciencia de la población, en el sentido común, en los consensos sociales. Cuando los movimientos consiguen transformar el sentido común es que han ganado.

- ¿Cuáles serían los ingredientes comunes en todas estas historias?

- Todas las historias recogidas en el libro tienen un punto de partida común: la pobreza, la falta de oportunidades, la violencia extrema y las desigualdades generadas por la introducción de la versión más ortodoxa de las políticas neoliberales desde finales de los años 80. Con la llegada de la democracia a América Latina, la lucha por los derechos humanos y las libertades civiles se transformaron poco a poco en una lucha por los derechos sociales, cuando ya quedó suficientemente claro que la pobreza y las desigualdades no sólo no se habían reducido con el fin de las dictaduras sino que no habían dejado de crecer.

El presidente argentino Raúl Alfonsín decía que "con la democracia se cura, se come y se educa". En el caso argentino, veinte años después del final de la dictadura el desempleo afectaba al 25% de la población y la pobreza al 50%. Cuando ya no quedó nada más por privatizar, el Estado entró en banca rota.

Y cuando la crisis afectó también a la clase media, el estallido fue inevitable. El estallido del sistema, una gigantesca burbuja basada en la corrupción, la especulación y la transferencia de dinero desde los sectores más pobres a los más ricos, y también el estallido de la gente, como pudo verse en la revuelta del 19 y 20 de diciembre de 2001, que derribó al Gobierno de Fernando de La Rúa.

- ¿Y cuál es la fórmula por la que muchas de ellas resultaron exitosas en sus luchas, teniendo en contra a gobiernos o poderosas empresas multinacionales?

- No existen fórmulas aplicables en todos los casos. Lo que funciona en algunos países fracasa en otro. Cualquier intento de trasladar, sin pensárselo mucho, fórmulas de otras regiones u otros tiempos al presente no tiene muchas posibilidades de salir bien. Sin embargo, sí es posible analizar qué factores han tenido en común algunas luchas que han terminado más o menos bien.

En primer lugar, han sabido ganarse a la opinión pública. Si bien no a toda, a importantes sectores.

En segundo lugar, han sabido articular un discurso que no se circunscribe a su lucha particular sino que apela a otros sectores afectados por los mismos problemas. Uno de los ejemplos más espectaculares de esto es el movimiento indígena en Ecuador. A pesar de que representa un sector minoritario de la población, se convirtió desde 1990 en el centro de las coaliciones sociales, en el que participaron estudiantes, ecologistas, sindicatos, que hicieron la vida imposible a media docena de gobiernos neoliberales en los últimos veinte años. "Nada sólo para los indios", era uno de los lemas que utilizaban. Consiguieron destituir a dos presidentes por sus políticas neoliberales, en 1997 y 2000. El ejemplo dado por el movimiento indígena, la demostración de que se podía hacer, cundió años después, en 2005, cuando la clase media de Quito tumbó al presidente Lucio Gutiérrez.

En muchos casos, sobre todo en luchas locales y contra megaproyectos, las victorias más consistentes se dan con una combinación entre la movilización en la calle y una estrategia coherente en los juzgados.

Por último, en la mayoría de casos tratados, los movimientos se organizan en asamblea, y todas las personas se sienten partícipes de las decisiones. "Si la gente ha participado, se juega la vida", nos han dicho en muchas ocasiones.

- ¿En qué medida estas experiencias desmontan la imagen de regímenes personalistas (Chávez, Morales, Correa) con que se ha descrito desde España y Europa lo ocurrido en Latinoamérica en los últimos quince años?

- Los nuevos gobiernos "progresistas" o del "socialismo del siglo XXI" son una consecuencia directa del ciclo de movilización previo. Sin el auge de los movimientos sociales vivido entre los años 2000 y 2006 sería impensable que casi todo el continente le haya dado la espalda a las políticas neoliberales impulsadas por el Fondo Monetario Internacional y la banca internacional.

Muchos de estos gobiernos han asumido como suyas muchas de las demandas de los movimientos sociales que demolieron, por llamarlo de alguna forma, el antiguo régimen. Sin embargo, muchas de estas demandas han sido asumidas sólo en el discurso, continuando con ciertas prácticas del "antiguo régimen" como la concentración del poder en la figura presidencial, la entrega del territorio y los recursos naturales a multinacionales o la falta de una política fiscal que permita una mejor distribución del ingreso. Otras demandas sí se han concretado, como un mayor gasto social, la nacionalización de ciertos sectores estratégicos o poner límite a la privatización de los servicios básicos.

Desde España es bastante común acercarse a estos países centrándose en la figura del líder, del caudillo, como quien mira al dedo que señala. ¿Y qué es lo que señala? Un continente que ha cambiado radicalmente en los últimos veinte años. Esto es lo que pretende analizar 'Crónicas del estallido'.

- ¿Cómo se podrían trasladar / traducir estas experiencias de resistencia a la realidad española?

- En este caso, no hay que hacer muchas conjeturas. Ya están ocurriendo fenómenos muy parecidos a los que desmoronaron a los gobiernos neoliberales en América Latina. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, cuando paraliza un desahucio -y ya han paralizado cientos y cientos- no sólo está permitiendo que las familias afectadas conserven su vivienda. También están cambiando el sentido común, el consenso social que decía que la propiedad privada es más importante que el derecho a la vivienda. Al paralizar desahucios, tanto por la vía judicial como con una concentración, se está cuestionando la legitimidad de la ley. Y cuando la opinión pública, el sentido común de la gente, cambia, es cuestión de tiempo que las leyes, los discursos, las prácticas políticas cambien. Por la vía de los hechos, movimientos como la PAH ya han iniciado la vía del cambio. También en el caso de la sanidad pública, las movilizaciones en Madrid, acompañadas de una efectiva estrategia judicial, han paralizado la privatización de seis hospitales. Algo parecido ocurrió en El Salvador, donde en 2002 las llamadas "marchas blancas" consiguieron frenar la privatización de la Sanidad. El mayor aprendizaje que podemos hacer es el de que se pueden cambiar las cosas.

- ¿Cuál de todas es la experiencia que más os ha impresionado al conocerla de cerca?

- Una de ellas es la experiencia del Consejo Regional Indígena del Cauca, en Colombia, una comunidad de comunidades indígenas formada por 320.000 personas en un territorio de medio millón de hectáreas, una especie de Estado dentro del Estado. Es una demostración de que se puede construir un espacio de autonomía, de gobierno propio, asambleario y participativo, incluso en las condiciones más desfavorables, entre el fuego cruzado de todos los actores armados: las FARC, los paramilitares y el Ejército. En su caso también sirve para entender los efectos devastadores de la conquista española, que se extienden hasta la actualidad. Y para pensar en el modelo de producción de los alimentos que consumimos en el Norte, como el azúcar o el café, y cómo este modelo genera violencia en los países de origen.

Otro caso podría ser el caso de las mujeres indígenas mayas en Guatemala que se enfrentaron al genocidio y han logrado, junto al movimiento de derechos humanos, importantes avances en materia de justicia. En la actualidad también son mayoritariamente mujeres las que se están organizando contra las empresas multinacionales que pretenden explotar minerales y construir represas en sus tierras sin el consentimiento de las comunidades.

- ¿Las mujeres están más presentes y son más activas en los movimientos sociales latinoamericanos que en España?

- No creemos que las mujeres en América Latina sean más activas que las mujeres en España. Pero en ambos casos, su participación en los movimientos tiende a ser invisibilizada, los líderes tienden a ser hombres y aparecen con menos frecuencia en los medios de comunicación. En ambos casos las mujeres se enfrentan tanto al machismo institucional como al que hay dentro de los propios movimientos.

Sí es cierto, por otro lado, que las mujeres tienen un papel clave en la lucha contra la impunidad, por la democracia, por la justicia y la verdad en todo el continente. De sur a norte hay experiencias de mujeres que se han enfrentado a genocidios y a altísimos grados de violencia, a menudo vinculada al saqueo del territorio para extraer recursos naturales. También en muchos casos las mujeres son las primeras que se ponen al frente de las comunidades para defender el derecho a que la gente no enferme y muera por la contaminación de los agrotóxicos, como en el caso de las madres de Ituzaingó, en Córdoba, Argentina, o el derecho a no ser desplazados, como en Colombia.

En este país, la valentía de las madres de Soacha llevó a destapar uno de los mayores escándalos de la historia reciente de Colombia: los falsos positivos. El Ejército asesinaba a chicos humildes y los hacía pasar por guerrilleros para dar muestras de avances en el conflicto interno. Era el Gobierno de Uribe y como ministro de Defensa estaba el actual presidente, Juan Manuel Santos.

- ¿Dejar de considerar como asuntos privados lo laboral, la salud o la educación es un paso imprescindible para luchar contra su expolio?

- Ocurre igual con la violencia contra las mujeres, el desempleo, una enfermedad provocada por las fumigaciones o el aumento del precio de la electricidad... Sólo si se los considera como problemas sociales, políticos, y se enfrentan de forma coordinada entre todas las personas afectadas, existen posibilidades de solucionarlos.