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Alarma nuclear en Japón: la radiación dañará la salud de los japoneses y su medio ambiente durante años

Desde unos simples vómitos a todo tipo de cánceres, la exposición prolongada a la radiación nuclear provocará graves daños a los damnificados por el terremoto de Japón.

Que.es 13 de marzo de 2011

La radiación "ni se ve ni se huele, pero sus efectos son a largo plazo y dañarán la salud y el medio ambiente durante años". Así describe las consecuencias del accidente nuclear ocurrido en la central japonesa, Eduard Rodríguez-Farré, radiobiólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. 

"En el núcleo de un reactor nuclear existen más de 60 contaminantes radiactivos a partir de la fisión del uranio, unos de vida muy larga y otros de vida muy corta, pero casi todos tienen una gran afinidad con nuestro organismo y se acumulan en él, ya que son parecidos a nuestros elementos biológicos", explica el científico. 

Rodríguez-Farré, uno de los mayores expertos internacionales en radiaciones nucleares y autor de estudios sobre las consecuencias de la catástrofe nuclear de Chernóbil, afirma que de entre esos 60 contaminantes, los que tendrían mayores consecuencias para la salud humana serían el yodo, el estroncio 90 y el cesio (C-137). 

"El yodo afecta inmediatamente y deja mutaciones en los genes, a partir de las cuales se puede desarrollar luego el cáncer de tiroides", sostiene el toxicólogo, quien recuerda que el accidente de Chernóbil multiplicó por diez los casos de cáncer de tiroides en Centroeuropa.

Por su parte, "el estroncio se acumula en los huesos un mínimo de 30 años, como si fuera calcio, y durante años continúa irradiando el organismo; mientras que el cesio queda depositado en los músculos". 

Ambos contaminantes "aumentan el riesgo de todo tipo de cánceres, especialmente de huesos, músculos y tumores cerebrales, disminuyen la inmunidad del organismo y aumentan la capacidad de sufrir otras patologías". 

Además, "la radiación altera la reproducción" y "afecta más a las mujeres que a los hombres". 

La explicación estriba en que "los espermatozoides se regeneran totalmente cada 90 días y un espermatozoide alterado desaparece en ese periodo, pero los óvulos están en los ovarios toda la vida, y si un óvulo alterado por la radiación es fecundado posteriormente, habrá malformaciones en el feto, aunque sea años después".

LOS EFECTOS, ACUMULATIVOS

Según la intensidad de la radiación, un hombre puede llegar a morir en el plazo de unas horas a varias semanas, pero en cualquier caso, para los que sobreviven, las expectativas de vida quedan seriamente reducidas.

Los efectos la radioactividad son acumulativos, y una exposición pequeña pero continua es igualmente peligrosa.

La exposición a la radioactividad produce principalmente náuseas, vómitos, convulsiones, delirios, dolores de cabeza, diarrea, perdida de pelo, perdida de dentadura, reducción de los glóbulos rojo en la sangre, reducción de glóbulos blancos en la sangre, daño al conducto gastroinstestinal, perdida de la mucosa de los intestinos, hemorragias, esterilidad, infecciones bacterianas, cáncer, leucemia, cataratas, daño genéticos, mutaciones genéticas, niños anormales, daño cerebral, daños al sistema nervioso y cambio de color de pelo a gris.

CHERNÓBIL, EL PRECEDENTE

La catástrofe de Chernóbil afectó gravemente a Bielorrusia, Ucrania y Rusia causando pérdidas incalculables y daños terribles a las personas, a la flora y la fauna. Además que quedaron contaminados más de 160.000 kilómetros cuadrados de tierra.

El reactor dañado permanecerá radiactivo como mínimo los próximos 100.000 años.

El desastre afectó a la población circundante en un radio de 30 kilómetros, la misma que fue evacuada. Después de quince años, cerca de 375.000 personas aún no habían regresado a sus hogares.

La ciudad de Pripiat, que contaba con 50.000 habitantes antes del accidente, hoy está abandonada y en la llamada zona de exclusión de 30 kilómetros alrededor de Chernóbil sólo habitan unos 500 ancianos porque no tienen otro lugar donde vivir.

Un total de 105.000 kilómetros cuadrados presentan una contaminación superior, quedando inutilizable permanentemente para sus actividades agrícolas. En Ucrania más de 8.000 personas han muerto y 12.000 están seriamente afectadas por la radiación.

Las consecuencias de Chernóbil perdurarán durante varias generaciones.

En 1995, por ejemplo, el cáncer de tiroides era de 285 veces más frecuente que antes de la catástrofe y las enfermedades superan lo normal debido al debilitamiento del sistema inmunológico causado por las radiaciones, el cáncer de tiroides infantil se ha multiplicado por cien, la tuberculosis es una de las enfermedades que más ha crecido, igual que las enfermedades del sistema endocrino nerviosos, digestivo y cardiovascular, así como las cataratas, y la mortalidad general ha aumentado en un 30 por ciento.

CONSECUENCIAS EN ANIMALES

Si los animales han sido irradiados, a los pocos días o semanas presentarán diarreas, irritabilidad, pérdida de apetito y apatía, pudiendo quedar estériles para más o menos tiempo según su grado de exposición. Si es así los órganos internos estarán contaminados y algunos elementos radiactivos (como el estroncio) se habrán introducido en los huesos, donde permanecerán durante toda la vida mermando las defensas del organismo y haciéndole presa fácil para las enfermedades. Por eso, si se han de consumir animales habrán de evitarse tanto los huesos como sus órganos. La única solución para eliminar la radiactividad es el tiempo y los cuidados, además de no seguir expuesto a productos radioactivos.

CONSECUENCIAS PARA EL MEDIO AMBIENTE

Según Eduard Rodríguez-Farré, radiobiólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, las consecuencias para el medio ambiente no son menores: "A largo plazo la contaminación nuclear se deposita en el suelo y en el mar, y se incorpora a la cadena trófica, de los peces, que son la base de la dieta en Japón, del resto de animales, de las plantas, la fruta, las verduras...". 

Este proceso, argumenta el científico, "se va bioacumulando, es decir, va pasando de un ser vivo a otro y va empeorando", y un ejemplo de ello es el de los "miles de renos que hubo que sacrificar en el Ártico tras Chernóbil, porque estaban absolutamente contaminados a través de los líquenes que habían comido".

RECOMENDACIONES

Respecto a las medidas a tomar para prevenirse de la contaminación radiactiva, Rodríguez-Farré señala que el contacto con la piel se puede eliminar lavándose con el mismo celo que tiene un cirujano cuando entra a un quirófano: limpiando y cepillando el cuerpo, el pelo y las uñas con detergente; y desechando la ropa. 

Más complicado es luchar contra la principal vía de contacto con los contaminantes: "la inhalación", ante la cuál prácticamente sólo son efectivas pastillas de yodo como las que las autoridades japonesas están repartiendo a la población.



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