En este
gigantesco campamento situado entre Puerto Príncipe y el aeropuerto los ciudadanos sin techo se
instalaron sobre un piso de arcilla blanca e improvisaron refugios con láminas
de plástico y de madera.
Los cascos azules argentinos
llegaron en un camión blanco escoltando a los socorristas del
Programa Mundial de Alimentos (PAM) para asegurar la distribución.
Los funcionarios de la ONU tomaron rápidamente
posición al ingreso del campo detrás de las barreras rojas de un pequeño
inmueble. Sus fusiles se entrecruzan cuando forman la cadena para descargar de
su camión las cajas con pequeños paquetes de
galletas.
Cientos de haitianos hacen fila se
codean y se empujan para poder llegar al punto de
distribución.
"Se trata de la primer distribución
de comida en este campo donde viven 10.000 personas", explica Josephine Florent
que porta una camiseta con la sigla "PAM" al pasar cuatro paquetes a unos
sobreviventes.
Los cascos azules en uniforme, con
chaleco antibales y armados hasta los dientes hacen estallar risas cuando salen
en persecución, por entre las cajas de las raciones, de un niño que escaló las
vallas para conseguir galletas.
Los niños están menos interesados en
la comida que en las cajas de cartón vacías para usar en sus refugios
improvisados.
En esta zona árida de mucho calor
todos piden algo para beber. Martín Díaz, un caso azul, explica que
"el PMA
tiene un montón de comida y agua en su depósito cerca del aeropuerto", pero
la ONU carece de
"los camiones suficientes para distribuirla".
"Nosotros estamos aquí para proteger
a la gente del PAM. En este tipo de campos todo puede salirse de cauce muy
rápidamente", explicó.
Una vez que se completó la distribución partió en
segundos con sus colegas y voluntarios.
"¿Cómo? ¿Sólo nos dan esto? ¡Estamos
esperando desde el martes y sólo nos dan esto!" protestó irritado Vanel
Louis-Paul, padre de tres hijos, mientras blandía la bandeja vacía de su porción
de pastel.
"No había nada", aseguran otras dos
mujeres. "Lo que es mucho más importante para nosotros es conseguir agua y
medicamentos. En los campamentos hay ancianos, niños y no son sus necesidades",
explica Alex Amado, uno de los coordinadores del
campo.
Su compañero asiente y agrega:
"además estas galletas dan más sed".