Pablo Herreros: "Pagar por una entrevista a un asesino es una monstruosidad"

Pablo Herreros, el bloguero que puso en jaque a Telecinco al lograr un boicot a los anunciantes de La Noria, presenta libro: 'El poder es de las personas'. En él recopila historias reales de personas y empresas que, gracias al activismo online, han logrado cambiar las cosas.

Diana García Bujarrabal / Qué.es 18 de diciembre de 2013

Cuenta Pablo Herreros que él fue el primer sorprendido de la repercusión de su iniciativa contra la Noria. Cuando en 2011 Herreros se enteró de que el programa entrevistaría, previo pago, a la madre del Cuco, uno de los implicados en la muerte de Marta del Castillo, llamó a hacer boicot a los productos de las marcas que se anunciaran en el programa. La acogida fue tal que los anunciantes se fueron retirando poco a poco del programa y un año después Herreros tuvo que hacer frente a una durísima querella de Mediaset. Al final, ésta fue retirada también gracias a la presión de los internautas.

Partiendo de aquella experiencia, este bloguero y consultor de comunicación presenta esta tarde a las 19.30 en el Círculo de Bellas Artes en Madrid en un acto abierto al público 'El poder es de las personas'. Una recopilación de casos que, como el suyo, demuestran que Internet sí puede cambiar las cosas.

Después de todo lo que pasó con La Noria y la posterior demanda de Mediaset, ¿volverías a repetir una iniciativa como aquella?, ¿te atreverías?

Lo que pasó, pasó; y estoy orgulloso. Ahora he reabierto una iniciativa similar, una petición a todas las televisiones en la que pido que se comprometan a no pagar jamás a criminales, y pido al Gobierno que actúe. Lleva ya más de 120 mil firmas. Se trata de que aquello no tenga que pasar cada vez que sale un asesino de la cárcel. Quizás no repetiría lo de hacer un boicot a anunciantes porque esa fórmula ya está hecha. Aquella idea funcionó en aquel momento, no funcionaría hoy.

¿Ahora te piensas dos veces lo que escribes en Internet?

Me lo pienso dos veces, pero no porque lo pueda pasar mal, sino por la responsabilidad que siento que tengo, quizás tengo cierta influencia en estos temas... por no equivocarme. En esta ocasión, cuando ha salido Miguel Ricart, que parece que alguna productora le llegó a pagar el viaje a Madrid o algún tipo de gasto en hoteles, se me revolvió el estómago y pensé que tenía que actuar... Cuando vi que las cadenas eran responsables y tanto Telecinco como Antena 3 dijeron que no iban a pagar ni a emitir entrevista con este personaje me alegré. Pero no basta. No podemos estar con el estómago boca abajo cada vez que sucede algo de esto. Ya debería haber un compromiso público de las cadenas en el sentido de no volver a pagar por entrevistar a un asesino.

¿Y el Gobierno?

Dado que es el garante de este servicio público que es la televisión debería participar en el debate y obligar a las cadenas a llegar a un compromiso público con la sociedad. Un compromiso que nos deben a las familias de las víctimas, a los espectadores, a las marcas y, en general a todos. La tele es un servicio público.

Hay quien te acusa de atacar a la libertad de expresión...

No habrán visto el detalle de lo que pido. Yo, como periodista, admito que se entreviste a cualquiera. Hasta un asesino es interesante como entrevistado. Lo que no admito es que se pague. No creo que se pueda defender. Me parece que eso es una bajeza, una monstruosidad, y quien lo defienda tiene un problema.

Aunque ese compromiso público que defiendes no se haya producido, ¿no crees que lo que sucedió con la Noria ha hecho que las teles sean ahora más responsables?

Sí, ha habido un antes y un después. Las teles han sido muy cuidadosas desde aquello. Incluso, creo que Telecinco en algún caso se ha pasado de prudencia, como con la expulsión de Argi de Gran Hermano por un tema muy leve. También pidieron perdón inmediatamente después de un incidente lamentable que hubo en Campamento de Verano. Han crecido en responsabilidad. Pero esto no puede depender de la responsabilidad de las televisiones, porque hoy son responsables y mañana no lo sabemos. No puede ser un parche.

Cuando te enfrentaste a Meadiaset eras David contra Goliat, ¿cómo viviste aquello?

Lo de La Noria fue una sorpresa. Lo viví con responsabilidad y cierta empatía hacia su posición, vi que aquello provocaba un daño grande. Yo fui el primer sorprendido, llevaba cinco años hablando de estos temas en mi blog. Suponía que iba a tener repercusión en Internet, como mucho en Menéame... pero ya está. Cuando vi que las marcas empezaban a bajarse me preocupé, sobre todo porque la cadena no daba marcha atrás. Se trataba de una propuesta de mejora y no lo tomaban como tal. Me di cuenta de que iba a haber daño para todos.

Un año después te llegó la querella...

Cuando me llegó la querella me preocupé mucho. De entrada supe que el abogado que la llevaba era el que mismo que ha conseguido que hoy Garzón ya no sea juez... Uno de los penalistas más conocidos y más temidos de España. La oleada de solidaridad en la red me llenó mucho el corazón, pero no me garantizaba tranquilidad judicial; al unirse tantísima gente, tantísimas marcas presionando a la cadena, afortunadamente hizo que la cordura imperase y retirasen la querella.

En tu libro hablas precisamente de estas posibilidades de Internet. ¿Crees que efectivamente se puede decir que la Red sea ya un contrapoder?

Sí. La red impone a empresas, organismos y personas una transparencia que ya es irrenunciable. Los ciudadanos están llegando a la información que en otros momentos no tuvieron. Estamos cambiando las cosas, aunque por supuesto sea más difícil para los ciudadanos que no tenemos poder que para quienes están arriba. Pero no podemos olvidar que en los últimos tiempos hay comportamientos que los ciudadanos no toleran y al final los políticos no pueden hacer según qué bajezas. Las elecciones de 2015 serán muy diferentes, los ciudadanos vamos a tomar el poder de una manera mucho más tangible de lo que los políticos sospechan.

¿Para ti no existe el riesgo de que nos quedemos en un activismo de ratón?

Eso no sucede. SOMOS, una asociación de ONGs, ha ratificado que las aportaciones individuales han subido durante el año pasado. Mucha más gente se implica. El activismo salva vidas en cualquiera de sus formas. Evidentemente, yo soy menos generoso dando dinero a ONGs que quien dedica su tiempo a ir a África a trabajar sobre el terreno y jugarse la vida. Y probablemente es más generoso quien da dinero que quien hace un retuit o le da a un 'me gusta'; pero todos ellos son necesarios. Los clicks salvan vidas desde hace muchos años. Amnistía Internacional ha logrado incluso doblegar a gobiernos dictatoriales. También hemos salvado a Emilia, la madre que compró pañales con una tarjeta que se encontró en la calle, de ir a la cárcel... Hemos conseguido muchas cosas, aunque faltan muchas por conseguir. ¡A mí también me salvaron los clicks! Si no llega a ser por la valentía de Mario Tascón, que hizo una petición a las marcas, y la presión de 170.000 personas que la firmaron probablemente yo no estaría hoy fuera de un proceso judicial. A mí, desde luego, me salvó de una amenaza.

Pero Internet se ha revelado también como un instrumento de control con el caso del espionaje masivo...

Ese caso tendrá un impacto muy negativo sobre ellos mismos, en esos gobernantes que, como Obama, han decidido espiar a los ciudadanos. Tienen las de perder. La red se va a ir codificando cada vez más. Los ciudadanos seremos capaces de navegar sin que se sepa ni quién somos ni dónde estamos navegando; pero, claro, al estar todos encriptados, igual no se puede perseguir a pederastas, por ejemplo,... perderemos todos.

En tu libro recopilas varios casos de éxito en Internet, ¿nos cuentas alguno que te haya llamado la atención?

Me gusta mucho por ejemplo el caso de Soloraf, una empresa de Almería que vende tomates por Internet, por lo que supone de reto. La gente cree que la red es para empresas grandes y esta gente demuestra que Internet es para quien sepa entenderlo. Soloraf es una empresa pequeña y, gracias a la red, han conseguido multiplicar por cinco el valor de su compañía en tres años. Solo con empatía, sentido del humor y tratando a cada uno como si fuera el único cliente. Son tan fieles y tan entusiastas como serían con un amigo.