Triball en Madrid: ¿Gentrificación, recuperación del barrio o negocio que expulsa a los vecinos?

La zona de Triball en el madrileño barrio de Malasaña ha experimentado una transformación en la que se dan la mano la iniciativa privada, el interés por revivir comercialmente barrios degradados y la sustitución de sus vecinos por otros con mayor poder adquisitivo. Es lo que se conoce como gentrificación.

Jose Durán Rodríguez - Qué.es 6 de noviembre de 2013

Una zona de Madrid vive una metamorfosis que ha generado adhesiones y rechazos. No es la única en la ciudad pero sí define los procesos de renovación urbana y social conocidos como gentrificación, en los que confluyen la iniciativa privada, la intervención pública, la revitalización comercial de barrios degradados, su lavado de cara y la expulsión de los habitantes originarios.

A partir de 2008 el entorno de las calles Ballesta, Desengaño y Barco, en el barrio de Malasaña en Madrid y muy cerca de la Gran Vía, vivió el aterrizaje de un conglomerado de iniciativas empresariales inmobiliarias bautizadas como Triball. Se cerraron prostíbulos y en su lugar se abrieron tiendas de jóvenes diseñadores, bares y espacios artísticos.

Paralelamente, con el Área de Rehabilitación Integral impulsada en la zona por el Ayuntamiento se llevaron a cabo algunas reformas en los viales, como la peatonalización parcial de algunos tramos, que han hecho que se beneficie del tránsito comercial derivado de la Gran Vía y de la calle Fuencarral.

Este patrón de transformación urbana se ha repetido con distinta intensidad y circunstancias en otros barrios de Madrid y Barcelona como el Raval o Poblenou, el Cabanyal en Valencia o el Albaicín en Granada.

SUEÑO, POLÉMICA, MERCANTILIZACIÓN DE LO PÚBLICO

"Triball nació como el sueño de un grupo pequeño de arquitectos, profesionales de la rehabilitación inmobiliaria, inversores y emprendedores que queríamos regenerar el barrio y poner en alquiler y venta locales y viviendas", explica Miguel Ángel Santa, miembro fundador y vicepresidente de la Asociación de Comerciantes Triball, impulsora del proyecto que cuenta con 110 asociados actualmente, quien valora como "magnífica, notoria y evidente" la transformación de la zona y cifra en setenta los "locales abiertos en los últimos tres años que sustituyen a otros cerrados o prostíbulos".

"Triball tiene muchos ingredientes que son comunes en estos procesos, incluida la polémica social y un cierto grado de conflicto. Como en toda transformación urbana, hay quienes valoran la mejora, que en este caso es innegable, y quienes subrayan las pérdidas. Hay grupos afectados y colectivos de opinión que se rebelan y otros, como los comerciantes, que agradecen el cambio", afirma Ignacio Alcalde, arquitecto urbanista y director del Máster en Urbanismo de la Universidad San Pablo CEU.

Entre quienes critican este proceso se encuentra el Patio Maravillas, colectivo sociopolítico que opera en el barrio. "Superficialmente se podría considerar positivo porque la zona es ahora aparentemente más segura y limpia. Pero no es un criterio suficiente ni debe ser el único. Como resultado del proceso de renovación, el barrio no ha obtenido una mejora sustancial en términos de equipamientos públicos y dotacionales. Más bien al contrario, su centralidad como zona de ocio implica una creciente mercantilización del espacio público, que se pone al servicio de los procesos de acumulación del capital en la ciudad", analizan.

¿QUIÉN ES RESPONSABLE DE ESTOS CAMBIOS?

"Triball nació sin la ayuda del Ayuntamiento. Éramos pequeños inversores, teníamos financiación y creamos el proyecto. Después se lo presentamos y nos recibieron con los brazos abiertos", relata Santa, quien asegura que Triball consiguió alquilar unos cuarenta espacios simultáneamente en el arranque de la iniciativa.

No coincide, sin embargo, con la interpretación que hacen desde el Patio Maravillas. "Existe un proceso de gentrificación inducido por la empresa privada con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid que comienza con el recambio comercial (su primer eslogan fue el de la "okupación creativa", cediendo locales a artistas) pero que no es sino un modo de inversión en un espacio de máxima centralidad, cuya rentabilidad en origen se cifraba en un 30% de la revalorización del suelo".

Para Alcalde, "los grupos sociales perjudicados por la gentrificación acusan a las administraciones de colaborar con ciertos grupos económicos que están interesados en el negocio derivado. Las administraciones se defienden invocando su obligación de intervenir ante una situación de deterioro y los grupos críticos les acusan de haber contribuido a ese deterioro por la previa situación de deliberado abandono y escasa inversión".

VÍCTIMAS DEL PROGRESO

"Una consecuencia negativa es que los habitantes tradicionales son frecuentemente desplazados, al generarse dinámicas sociales y económicas diferentes. Los precios de los alquileres suben, cambia el estilo de vida predominante, y los vecinos del barrio con frecuencia se sienten expulsados por razones económicas y por el difícil encaje en la nueva identidad del barrio", señala Alcalde.

"En algunos casos, se trata de 'mobbing' inmobiliario. Hace ahora un año, el Ayuntamiento de Madrid intentó deshacerse de un edificio en la calle Madera, perteneciente a la Empresa Municipal de la Vivienda, y donde residían alrededor de veinte familias alquiladas, para venderlo a una empresa de negocios inmobiliarios. Otra de las presiones que se ejercen fuertemente es sobre el precio de los locales, que desplazan al pequeño comercio tradicional a favor de las franquicias. El efecto de la Gran Vía convierte cada vez más al barrio en un lugar de servicios en detrimento de las necesarias dotaciones sociales, que se empiezan a resolver por la vía privada", afirman en el Patio Maravillas.

"El objetivo era la recuperación, regeneración y normalización del barrio y se ha conseguido aunque hay cosas que mejorar. El comercio de barrio se ha consolidado, algunas tiendas centenarias siguen allí y estaban desesperados porque no había público. Ahora todos los edificios están alquilados y los vecinos contentos porque pueden bajar al bar y desayunar o tomar una caña, que antes no podían", indica Santa.

RELACIÓN CON EL BARRIO

La interacción con quienes residían allí y lo siguen haciendo no ha estado exenta de conflictos y resistencias. "Al principio hubo una cierta fase de desconfianza, se publicaron cosas raras pero al final la realidad se ha impuesto. Somos parte de este pueblecito que es Triball. La inmensa mayoría de los vecinos están encantados y los comerciantes también", recalca el empresario.

Para el colectivo del Patio Maravillas, "lo que sí ha cambiado, afectando a la convivencia, son los procesos más invisibles de precarización de la vida y los servicios. Por ejemplo, la presencia policial y su relación con el acoso a la población migrante que vive aquí y viene al barrio; así como la situación de los colegios y las dificultades para acceder a una vivienda. Existe una relación directa entre la percepción de limpieza o suciedad del barrio y los recortes en los servicios de limpieza del mismo".