Rajoy ha dado un golpe en la mesa para
reafirmar su liderazgo y
ha venido a decir algo así como "nunca más", una frase que le debe
sonar muy cercana desde que en 2002 tuvo que hacer frente como
vicepresidente primero del Gobierno a las consecuencias del
hundimiento del "Prestige".
Habría que preguntarle a él directamente para saber
cuándo lo ha
pasado peor, si en esos días en los que el chapapote ensuciaba las
costas gallegas o en las jornadas mucho más recientes en las que sus
correligionarios de Madrid y de la
Comunidad valenciana le han
llevado a dejar de emular al santo Job.
Su mensaje de hoy ha sonado contundente al
advertir de que ya no
va a dejar pasar ni una y calificar de inadmisibles las actuaciones
que han provocado el espectáculo que ha estado dando del PP.Los líderes regionales del partido
le han arropado, han secundado
su mensaje y le han dado luz verde para que actúe duramente si, en
función del desarrollo de los acontecimientos, lo considera
oportuno.
Pero entre esos líderes de su familia política ha echado en falta a una. Sin pensar quizás en un homenaje al actor José Luis López
Vázquez, protagonista de 'La Familia y uno más', Rajoy ha tenido
junto a él a la familia ... y una menos:
Esperanza Aguirre.
Su ausencia ha impedido que el mensaje de unidad sonara redondo
y, por contra, ha dejado abierta la duda de si van a cicatrizar en
breve las
heridas sufridas con la excusa de la presidencia de Caja Madrid.Más que nuevas, son heridas reabiertas en la latente batalla de
Madrid que desde hace tiempo protagonizan
Aguirre y Alberto Ruiz
Gallardón y que han implicado en ella a la dirección nacional del
PP.Este miércoles, Génova deberá entrar de nuevo en esa batalla cuando, tras
escuchar los argumentos del vicealcalde de Madrid,
Manuel Cobo, por
sus
críticas a Aguirre, tenga que decidir la sanción que le
impondrá.
Se antoja difícil que contente a todas las partes, máxime cuando
Aguirre ya ha expresado hoy su
malestar por interpretar que la
reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP ha colocado al mismo
nivel a ella, que se considera un "víctima" de la incontinencia
verbal de Cobo, y a éste último, al que ve como su "agresor".
Unas palabras no muy acordes con la fiesta de la unidad que hoy
ha pretendido vivir el partido y ante las que María Dolores de
Cospedal no ha tardado en salir al paso asegurando que no las
comparte.
No han faltado los reproches en el seno del Comité del PP a la
ausencia de Aguirre. Pero su oponente madrileño,
Ruiz Gallardón, no
ha salido mejor parado, porque al pedir ante la dirección del
partido apoyo para Cobo, su mano derecha, no ha recibido ni un
aplauso.
Si el presidente valenciano,
Francisco Camps, ha pasado hoy más
desapercibido al haber afrontado ayer algunos de los cambios que se
le reclamaban, Aguirre y Ruiz Gallardón no han podido o no han
querido dejar de ser protagonistas. Su batalla empieza a generar
hartazgo.