Economía Colaborativa: La forma de consumo que cambiará el mundo

El avance imparable y cada mayor de las nuevas tecnologías y la entrada en escena de la crisis, en combinación con grandes dosis de ingenio y ganas de pasar el chaparrón han provocado sin habérselo propuesto un cambio de calado en el mundo, con la transformación de la economía tradicional en economía colaborativa. Y no es una cuestión baladí: el volumen actual de la economía colaborativa asciende actualmente a 26.000 millones de dólares en todo el mundo y produce unos beneficios de 3.500 millones; según 'Forbes', esta nueva forma de consumo puede llegar a puede llegar a generar un volumen de negocio de 110.000 millones.

A. Lobo 2 de diciembre de 2014

Es una realidad: el mundo ha cambiado tanto en las dos últimas décadas, que a veces hasta cuesta recordar cómo era en el ocaso del siglo XX. Los avances tecnológicos y especialmente Internet son un punto de inflexión en el devenir de la historia moderna: han transformado nuestra forma de comunicarnos, de relacionarnos, de trabajar, de consumir y, por tanto, de hacer negocio. Se trata de formas alternativas de satisfacer nuestras necesidades materiales, basadas en modelos no tan novedosos, que han cambiado la economía tradicional para siempre y la han convertido en lo que se conoce como economía colaborativa. 

Según todos los análisis que se han hecho del tema, acuñó el término en abril del año 2007 en el boletín 'Leisure Report' el consultor y fundador de Gymtopia, Ray Algar, en un artículo que tituló 'Collaborative Consumption' (Consumo Colaborativo). Sin embargo, hubo que esperar tres años más, a mayo de 2010, para que el concepto se popularizase. Básicamente, consiste en prestar, alquilar, comprar y vender productos de segunda mano; resumiendo, consiste en compartir. Ya sea coche, piso, ropa, muebles y hasta nuestro propio tiempo y/o conocimientos y habilidades. Porque no todo en la vida es material. 

Según Albert Cañigueral Bagó, ingeniero multimedia, fundador de ConsumoColaborativo.com, consultor, ponente y autor del libro 'Vivir mejor con menos' (publicado en octubre), entre otras cosas, "el consumo colaborativo es el ejemplo más actual del valor que la web proporciona a los consumidores". Tanto es así, que recientemente la prestigiosa revista TIME lo consideró una de las diez ideas que van a cambiar el mundo. 

Solo en España, a día de hoy se venden artículos de segunda mano por valor de más de 2.300 millones de euros. Más aún, según una información publicada por ABC a finales de junio, "cada minuto se listan una media de 643 objetos usados y uno de cada tres se vende en menos de una semana". Las sociedades actuales parecen haber descubierto los beneficios de compartir, prestar intercambiar... e Internet ha hecho el resto. Porque, como plantea Cañigueral, "¿para qué comprar un taladro que apenas usaremos 15 minutos a lo largo de nuestra vida? ¿Somos conscientes de que un coche pasa el 90% de su vida útil aparcado?".

El re-descubrimiento de la compra-venta de segunda mano, del trueque, de los beneficios de colaborar unos con otros, han dado un lugar a un nuevo sistema económico en que "el acceso vence la posesión; el acceso es mejor que la propiedad", tal y como sostiene Kevin Kelly, co-fundador y director ejecutivo de la revista 'Wired'. Y es que, según la reputada revista 'Forbes', genera actualmente en todo el mundo un volumen de negocio de 26.000 millones de dólares y produce unos beneficios de 3.500 millones, y se cree en que el futuro llegará a facturar los 110.000 millones.

Los ejemplos son múltiples y variados, y según Cañigueral, que cita el libro 'What's Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption' - 'Lo que es mío es tuyo. El crecimiento del consumo de colaboración'- de los autores Roo Rogers y Rachel Botsman, se pueden agrupar en tres sistemas distintos: los basados en el producto ("pagar por el beneficio de utilizar un producto sin la necesidad de adquirirlo", con el consiguiente trastorno de las industrias tradicionales basadas en modelos propiedad privada individual), lo de mercados de redistribución (que consiste en "redistribuir los bienes usados o adquiridos de donde ya no se necesitan hacia algún lugar o alguien que sí los necesita", como son los mercados de intercambio y/o segunda mano), y los estilos de vida colaborativos ("gente con intereses comunes se están juntando para compartir e intercambiar bienes menos tangibles como tiempo, espacio, habilidades y dinero", señala Cañigueral, para poner como ejemplo espacios de co-working, los huertos compartidos, los préstamos entre particulares, el intercambio de casas...). "No se trata de que no compres nada; se trata de que no tengas que comprarlo todo", sostiene el autor de 'Vivir mejor con menos'.

La conclusión es, en opinión de Cañigueral, que "en la actualidad existe evidencia suficiente para demostrar que el consumo de colaboración puede ser bueno para la economía", puesto que "ofrece muchos beneficios económicos, ambientales y sociales". Y si bien es cierto que está cambiando el mundo, también lo es que no lo está haciendo con las connotaciones negativas que implica usar la palabra "revolución", sino más bien como un renacimiento, ya que "los renacimientos son momentos históricos de recontextualización, en los que nuestra perspectiva gira dramáticamente. Las historias que hemos venido usando ya no funcionan y se crea una nueva narrativa social".