ESTUDIO | ¿A qué edad debemos regalar un móvil a nuestros hijos?

Videoconsolas, tabletas, teléfonos móviles o relojes inteligentes figurarán un año más en muchas de las cartas a los Reyes de adolescentes y también de niños. Pero todos estos artilugios electrónicos que forman parte de la vida cotidiana de muchos adultos, ¿a partir de qué edad deben regalarse? ¿Cuántas horas de exposición son las recomendables? ¿Qué límites deben poner los padres en su uso? 

UOC 5 de diciembre de 2017

ESTUDIO | ¿A qué edad debemos regalar un móvil a nuestros hijos?
Foto: Pixabay

El estudio 'Tendencias de juguetes y juego en familia en España', del Instituto Tecnológico del Producto Infantil y de Ocio (AIJU), constata que la mitad de los niños de entre uno y dos años ya usan los teléfonos móviles para ver dibujos infantiles. Hasta hace poco, la Academia Norteamericana de Pediatría (APP) recomendaba que no se utilizara ninguna pantalla antes de los dos años, y a partir de esta edad no más de dos horas al día. Sin embargo, recientemente, la APP ha revisado esta recomendación.

Entre los nuevos consejos, se afirma que los niños menores de dieciocho meses deben evitar el uso de medios de pantalla, excepto el vídeo chat, y que los padres de niños de dieciocho a veinticuatro meses que quieran introducir medios digitales deben elegir programas de alta calidad y mirarlos con sus hijos para ayudarles a comprender lo que ven. Para niños de dos a cinco años, se limita el uso de la pantalla a una hora por día de programas de alta calidad y siempre deben estar acompañados de adultos, y para aquellos niños de más de seis años, aconseja a los padres que pongan límites sobre el tiempo de uso y que se aseguren de que el juego digital no les resta horas de sueño o tiempo para hacer actividad física.

Que el juego digital no quite tiempo a otras actividades

El profesor del área de didáctica de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC e investigador principal del proyecto Smart Classroom, Guillermo Bautista, no es partidario de prohibir las pantallas a una determinada edad, si bien reconoce que el contacto con estos aparatos debería ser testimonial antes de los tres o cuatro años y no aconseja regalar tabletas infantiles a niños de uno o dos años. «Hay que intentar que las pantallas a estas edades no sean el estímulo de juego dominante», afirma el pedagogo, si bien reconoce que hay juegos que permiten fomentar a edades más avanzadas la atención y el aprendizaje, y que es de pequeños cuando se puede aprender a hacer un buen uso de la tecnología y fomentar el espíritu crítico.

En cuanto a las horas de uso, insta a la familia a regular el tiempo destinado a estos juegos. «Por ejemplo, podemos pactar días y tiempo de juego con los niños y, sobre todo, que el tiempo de juego digital no les quite tiempo de hacer otras actividades importantes, como pueden ser hacer deporte, quedar con los amigos, jugar a otras cosas o tener tiempo para la familia». Bautista recomienda a los padres no preocuparse si un día en concreto el niño se pasa tres horas jugando con un videojuego, de la misma manera que tampoco sería preocupante si jugara a juegos de mesa o hiciera algún deporte durante este tiempo. El estudio de la AIJU constata que uno de cada tres niños de entre uno y doce años dedica entre una y dos horas semanales a entretenerse con la tableta. El informe asegura también que entre los once y doce años aumenta el número de horas de uso de estos artilugios, hasta superar las cuatro horas semanales. La Asociación Japonesa de Pediatría en el año 2013 lanzó una campaña que tenía como lema «No permitas que los teléfonos móviles sean una niñera para tus hijos».

Regalar tecnología, una decisión de familia

El profesor de metodología de la investigación de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación e investigador del grupo GenTIC del IN3 de la UOC Julio Meneses explica que la llegada de una tableta, un teléfono móvil, una Wii o un ordenador a un hogar debe ser una «decisión consensuada con la familia» e insta a los padres a hacerse esta reflexión antes de adquirir estos dispositivos: «¿Cuál es la ventaja de esta tecnología en la vida del joven? ¿Es una oportunidad de aprendizaje? ¿Hará de ella un uso activo o pasivo?». «Que estos dispositivos aterricen en la vida de un niño, sin antes haberlo consensuado con él, no es la mejor opción», afirma. Meneses no es partidario de regalar juguetes tecnológicos como premio al buen comportamiento, a las buenas notas o en Navidad, sino de consensuar la compra entre padres e hijos.

Meneses refuerza este argumentario con dos ejemplos claros. «Cuando regalas una videoconsola, estás decidiendo en qué invertirá el tiempo tu hijo. Jugar a videojuegos no es malo, pero es necesario tener en cuenta que el tiempo que dedica a ello puede competir con el tiempo dedicado a otras actividades. Por ejemplo, si un niño es muy sedentario, regalar una videoconsola puede ser un cóctel Molotov para la organización de su tiempo. En cambio, si se hace este regalo a un joven muy activo, con unas relaciones sociales adecuadas y al que le gusta hacer deporte, la videoconsola no le representará ningún problema», explica.

Meneses hace hincapié en la necesidad de desarrollar un plan familiar de la tecnología que haga compatible el uso de las TIC por parte de niños y jóvenes con la dedicación del tiempo necesario a estudiar, a hablar con la familia, a relacionarse con los amigos o a no restar horas de sueño o de deporte. «El uso de la tecnología debe ser, como lo es también el de la televisión, un proyecto familiar de consumo responsable compartido en el que las familias han de establecer unas normas claras con relación a los momentos y los lugares adecuados para hacerlo y las consecuencias de no cumplirlas», afirma. Por ejemplo, Meneses explica que se puede acordar con el niño que solo podrá jugar a la Nintendo después de hacer los deberes, y, si un día no respeta esta regla, deben tener claro que debe haber algún tipo de sanción, como que al día siguiente no podrá jugar.

El móvil, no antes de empezar el instituto

Meneses lanza algunas preguntas a padres que se plantean regalar el primer móvil a su hijo esta Navidad. «¿Qué sentido tendrá incorporar este aparato a la vida del niño o el joven? ¿Cuáles son los beneficios que le ofrece y a qué riesgos puede exponerse si hace un mal uso de él?». En este sentido, cree que la llegada de un móvil a la familia también debe ser una decisión muy meditada y consensuada. Bautista sitúa en el inicio de la secundaria, en torno a los doce años, el momento de tener teléfono móvil, siempre que esta herramienta sea supervisada y regulada por los adultos. Bautista explica que el principal uso que los adolescentes hacen del móvil es jugar, comunicarse con amigos y participar en redes sociales, y añade que el menor no debería tener acceso a aplicaciones que no sean adecuadas para su edad. «Son muy importantes la información y la supervisión de los adultos con actitud educativa y no tanto prohibitiva», explica. El profesor Meneses no es partidario de eliminar o capar aplicaciones, sino de promover un uso autónomo y responsable de cualquier tecnología que, en último término, permita desarrollar una actitud crítica ante los contenidos a los que pueden exponerse los jóvenes.