Opinión / Mejor una vez colorado: una elegía y una propuesta dolorosa

La opinión de Tato Cabal, escritor y gestor cultural

Tato Cabal 6 de octubre de 2017

Opinión / Mejor una vez colorado: una elegía y una propuesta dolorosa

Ya se sabe que la primera víctima en todas las guerras es la verdad. No ha sido necesario llegar a tanto para verla ametrallada. ¡Pobre verdad!, merece una elegía. Cuando hables con uno que te suelte eso de que la verdad es relativa, prepárate para lo peor. Aun cuando sea huidiza, esté maquillada o hundida en un pantano con un lastre de hormigón, existe y la necesitamos. Es nuestra condición; nos gusta pensar que somos Einstein o Moisés, pero somos ranas y escorpiones. Y no aprendemos: nos aguijoneamos, nos hundimos, y tropezamos en la misma piedra. 

La segunda víctima es la moderación. Lo de hablar con el corazón es muy bonito, pero aplicado al plano político es sumamente peligroso; diría que veneno para la mesura. Las lágrimas de Piqué tienen más peso que un buen argumento. Pero corazón lo tenemos todos, no solo los que han visto a Dios en la independencia; también los amantes de la afinidad. Y lo peor es que detrás vienen los que hablan con otras vísceras, y esos tienen más mala baba, no lo olvidemos, y también lloran muy bien, como Junqueras, que es o un místico desequilibrado o un hipócrita de libro.

La tercera, y lo digo con dolor, creo que va a ser el PSOE, porque lo veo en una encrucijada sin GPS, entre el abrazo del oso de los compañeros catalanes, el compromiso ineludible de no traicionar las esencias socialistas, los cantos de sirena de los que le invitan al paraíso y el runrún de los embaucadores del márquetin electoral que te brindan buenas palabras, bellos eslóganes, titulares sin artículo. Creo, pero ojalá me equivoque. 

Si no ponemos un poco de distancia, acabaremos todos alistados en uno de los dos bandos de corifeos obnubilados, sí, que quiere decir con una nube en la mente. Hay que reclamar la primacía del racionalismo, para lo cual hace falta un entrenamiento diario en la búsqueda de la objetividad, así como un blindaje intelectual contra los mensajes tóxicos y adoctrinantes.

Antes he hablado de poner distancia, que no equidistancia. La equidistancia es, muchas veces, dejarse llevar por el deseo y, por lo tanto, perder la partida de la realidad. No culpo a los bienintencionados que reparten culpas para no enfrentarse a lo irremediable. Ni a los que piden diálogo, porque, disculpadme, su petición no es una propuesta, sino una plegaria. A estas alturas es demasiado ingenuo.   

Seamos realistas; puede que haya corrupción, incompetencia, neoliberalismo salvaje o lo que sea, pero indudablemente España es un país democrático. Los que se han puesto al otro lado de la línea de la convivencia, de la ley y de la legitimidad son los que ametrallan la verdad de un modo sistemático y enfermizo, exageran o minimizan los hechos a su conveniencia, retuercen los conceptos y se atribuyen mesiánicamente la representación del pueblo de Cataluña.

Es verdaderamente indigno: los que hablan de la soberanía del pueblo catalán son los que pisotean la soberanía consagrada en la Constitución, que es la del pueblo español; los que se lamentan del presunto odio a lo catalán, llevan inculcando el odio a lo español a cuarenta promociones de estudiantes; los que dicen defender la democracia se saltan las reglas democráticas; los que alegan derechos históricos se inventan con total descaro la Historia; los que gritan "prensa española, manipuladora" son los que ejercen el control más vergonzoso y manipulador posible sobre los medios de comunicación, por no decir de adoctrinamiento, de su ámbito político. 

Cuando uno miente y sabe que miente, estamos ante un mentiroso, pero cuando cree que dice la verdad, estamos ante un neurótico; a este pensamiento embrujado se le llama disonancia cognitiva.

Ningún Estado europeo concede a ninguno de sus componentes territoriales el derecho a la secesión sin seguir un proceso constitucional (...) el Gobierno catalán ha intentado imponer desde hace tiempo su propia agenda radical a la sociedad catalana en su conjunto. A través de su control del sistema educativo, su influencia en los medios de comunicación, su manipulación de la historia catalana, y en algunos casos por medio de la intimidación, ha intentado inculcar en la población una imagen de Cataluña como víctima de malignas fuerzas exteriores (John Elliot).

¿Se nos olvida de quien hablamos? Estos supremacistas que quieren imponer un régimen neodictatorial son viejos conocidos en todos los cementerios de la Europa contemporánea: son los nacionalistas. 

Para ellos, la patria es Dios, la bandera es la túnica sagrada y ellos son el pueblo elegido, por eso son insaciables, todo lo que no sea llegar a Canaán es provisional, y cuando consiguen avanzar, ganan, pero cuando no, también, porque lo rentabilizan como una nueva ofensa. Son expertos manipuladores. El independentismo está imponiendo en las redes sociales un discurso del odio. Hay ejemplos hasta agotar, pero produce vergüenza reproducirlos (Carlos J. Villarejo). Las aguas de su manantial siempre acaban formando parte del caudal del fascismo. 

Miguel de Unamuno: El nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia.
Stefan Zweig: Ya se sabe que el nacionalismo es una cuerda que aun la mano más grosera es capaz de hacer vibrar.
Marx: El nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir al proletariado. 

Juan Negrín: No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. 

Hoy se celebra un execrable aniversario: un 6 de octubre de 1934, el traidor Companys se sublevó contra la República proclamando la independencia de Cataluña. Un día más tarde la sublevación fue sojuzgada por el general Batet, catalán de Tarragona que acabó siendo fusilado por Franco en el 37. Es un acto de transformismo miserable considerar a Batet un defensor del orden y a los contingentes de policías y guardias del día 1 como a "fuerzas de ocupación", que, además, aplicaron una brutal violencia que ha dejado más de 800 heridos (Echenique dixit) y que, por cierto, la "prensa española, manipuladora", no ha encontrado por ningún sitio.

¿Qué son muchos? Cierto: las promociones escolares de los últimos cuarenta años, a los que se suman los que han oído hablar de 16.000 millones de euros y han sacado la calculadora, y piensan que vivirán mejor sin repartir nada con los vagos del sur; porque esta sacrosanta causa ilusionante y mágica tiene un soez componente de insolidaridad, de egoísmo fiscal. También cuentan con el apoyo de los que "inteligentemente" quieren castigar al PP en la cabeza de los demás españoles, los que confunden a detenidos por prevaricación con presos políticos (Pablo Iglesias dixit), los que van dando lecciones a todos con una demagogia pueril; hablo de esos que están haciendo de palanganeros del nacionalismo (Paco Frutos dixit), de ese partido asambleario que es el más presidencialista del panorama político y que lo único que ha conseguido demostrar hasta el momento es el lamentable nivel de algunos de nuestros profesores universitarios.
Para encontrar la solución hay que comenzar poniendo las cosas claras. Y el primer hecho indubitable es que la independencia de Cataluña es IMPOSIBLE. 

El anciano profesor Josep Fontana (independentista comprometido) lo ha dicho con meridiana claridad hace unos días: ... la secesión es imposible porque implicaría que el gobierno de la Generalitat tendría que pedir al Gobierno de Madrid que tuviera la amabilidad de retirar de Cataluña al Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional, y renunciar pacíficamente a un territorio. Pensar que esto puede suceder es una estupidez.

Solo hay dos hipotéticos caminos: el del pacto, que pasa por abrir esa puerta con una reforma constitucional, y las posibilidades de obtener una mayoría parlamentaria cualificada son cero, o la derrota del estado mediante el uso de la fuerza (motín y guerra), y en este supuesto catastrófico habría víctimas, pero ¿alguien duda qué bando saldría victorioso? Seamos realistas.

El segundo hecho incuestionable es que el diálogo, si por tal se entiende al del Gobierno con el Govern, también es imposible. Ningún representante del gobierno español puede reunirse con representantes del gobierno autonómico catalán cuando este se encuentra embarcado en un alocado motín separatista. 

Es jodidamente triste, lo sé, pero es la realidad. Escucho a vecinos, amigos, tertulianos, clamar por el diálogo, decir que esto se tiene que resolver hablando, que hay que negociar, y me conmueve, y me gustaría sumarme a ellos.   

Aparece la lluvia de mantras; la solución federal, el encaje, el marco competencial... y me pregunto por qué seguimos pensando en poner parches, que son pan para hoy y más de lo mismo para mañana. ¿No se dan cuenta de que esto de hoy viene de todo lo que hemos tragado en el pasado? Hace veinticinco años fui con mis hijos al Pirineo gerundense y vimos el tiempo en la televisión: pronóstico con mapa de Cataluña y los "países catalanes" (como si Galicia dijera que Portugal es el "país gallego"), y siguiente pronóstico con el mapa de ¡¡Europa!! ¿Quién se puede imaginar que alguien propusiera impartir en una región francesa todo el ciclo educativo, de escuela a universidad, en un idioma que no fuera el francés? La carcajada se escucharía al otro lado del mundo. Hay todo un rosario de tropelías; Lérida se llama en castellano Lleida, las carreteras se señalizan solo en catalán, las sentencias de devolución del patrimonio a un monasterio de Huesca se las pasan por el forro de los cojones, por no hablar de la inmersión lingüística (Cataluña ya era bilingüe cuando el Quijote recaló por Barcelona, y no por decreto franquista) o de la policía autonómica que no pertenece a la estructura del Estado. ¿Nos hemos vuelto locos?

Aquí va mi propuesta:

1º A corto plazo: aplicación del artículo 155 para disolver el Parlament y convocar nuevas elecciones; puesta a disposición judicial de todos los que hayan cometido algún delito (rebelión, desobediencia, prevaricación...) y asimilación de los Mossos a la Policía Nacional de modo provisional.

2º Paralelamente y a medio plazo: inicio de un proceso de reforma constitucional con participación de PP, Ciudadanos y PSOE (¿entiendes lo que decía antes?; se juega la gloria o la insignificancia), junto a los partidos que quieran sumarse, para garantizar una mayoría suficiente que pueda acometer una reforma para convertir al actual estado de las autonomías en uno federal de regiones autónomas compuesto por las que hay actualmente y reguladas por un ESTATUTO ÚNICO (como ocurre en Alemania y en la gran mayoría de los estados democráticos federales; lo nuestro, lo de estatutos a la carta es una auténtica rareza y una aberración). La aplicación de ese nuevo estatuto significaría el fin de las desigualdades, como los fueros vasco y navarro, las policías autonómicas y todo tipo de normativas que no sean acordes con el principio de la constitución de Cádiz: ciudadanos libres e iguales. 

3º Reforma de la ley electoral para mejorar su proporcionalidad y evitar que los gobiernos futuros sigan aceptando los chantajes de los nacionalistas por la necesidad de disponer de un puñado de votos.

No creáis que me he dejado llevar por el deseo. Sinceramente, estoy convencido de que no queda otro camino, de que seguir con las concesiones a la larga será tropezar otra vez en la misma piedra. Sé que habrá tumultos y rencores, y que tendremos que dar la talla y ser generosos y pacientes, pero también sé que la frase que escuchó un día Antonio Machado de un viejo pastor encierra una noble verdad: nadie es mejor que nadie.
Sí, es preferible una vez colorado que ciento llorando.