Se agrava la escasez de productos básicos en Venezuela: comida, papel y hasta bombonas de gas

El reparto de gas en cilindros es desde hace meses tan irregular como el abastecimiento de leche, huevos o aceite comestible. Un día si, 35 días no.

Mariángela Lando Biord (El Universal) 11 de julio de 2017

En Venezuela los ciudadanos hacen fila para todo. Y no es una exageración.

La escasez no es solo de medicamentos, alimentos, reactivos médicos, repuestos o libros. No. La escasez llega incluso a productos y servicios de fabricación o producción local. Como el butano.

Los usuarios de gas butano directo no tienen problema alguno. Encienden la hornilla y ya. Estos son los afortunados, los residentes en barrios de clase baja, media o alta, con la infraestructura necesaria para recibir este servicio por tubería directa, de la planta al hogar.

Pero para los edificios y casas construidos hace mas de 40 el panorama es otro. Ellos están en las mismas condiciones de servicios de butano que los asentamientos irregulares, de chabolas: Tienen que recurrir al butanero, el tradicional, el que reparte herrumbrosos cilindros cargados de gas.

Pero los que lo consumen por cilindros no consiguen el producto. No solamente porque los envases no se fabrican en el país o porque, al deteriorarse por el uso o el maltrato, se pierden unidades disponibles, sino también porque su transporte y venta quedó en manos no de empresas (sean privadas o públicas), sino de las comunas, esa idea que ha dejado tantos éxitos y beneficios como cerdos voladores.

Petróleos de Venezuela fue hasta 2002 una de las empresas petroleras mas importantes del mundo, gracias a la extracción de crudo y gas natural en uno de los países con mayores reservas del planeta.

El reparto de gas en cilindros es desde hace meses tan irregular como el abastecimiento de leche, huevos o aceite comestible. Un día si, 35 días no.

Las filas para comprar el butano son, desde hace semanas, kilométricas.

Uno de los principales lugares de repartes queda, literalmente, a orillas de una vía nacional, la carretera Panamericana. Allí se reúnen cada mañana decenas de personas que llegan cargando sus cilindros de butano vacíos en carretillas, en coche, en camión, en autobús, sobre sus hombros o en motocicleta. La fila de vehículos parqueados a orilla de carretera puede llegar a abarcar casi un kilómetro. Y no siempre regresan a casa con cilindros llenos.

Otros esperan a que el camión de reparto llegue a sus comunidades, algún día, expuestos a que los cilindros no alcancen para todos. Estos osados se ven obligados a tener cilindros de repuesto, a cocinar en casas de familiares o hasta con leña si el cilindro se vacía y no hay repuesto.

Algunos mas osados dejan sus pimpinas vacías a la espera de que en algún día se las repongan, aferrados a un número o factura desgastado y manoseado de tanto esperar. 

Así es la vida en esta antigua "tierra de gracia".