El Canal de Panamá

GALO MARTÍN 29 de agosto de 2013

El Canal de Panamá

El paso de la costa caribe al Océano Pacífico salvando el istmo de Panamá es un anhelo que se remonta a la época de los primeros descubridores, a la postre, conquistadores españoles, en el siglo XVI. Cristóbal Colón, Hernán Cortés y Vasco Núñez de Balboa, primer europeo en ver en 1513 el Mar del Sur (Océano Pacífico), divagaron con una ruta alternativa al paso por el estrecho de Magallanes en el Cabo de Hornos (Chile). Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico se aventuró a sugerir excavar un canal en la estrecha franja de tierra de Panamá para facilitar las travesías a Ecuador y Perú. La situación a nivel político y tecnológico en el año 1529 hizo inviable tan ambiciosa empresa. Hay que esperar hasta que Panamá se separa de Colombia en 1903 y, entonces, Estados Unidos de la mano de su presidente Theodore Roosvelt firma con las autoridades panameñas el Tratado Hay-Bunau Varilla, que permitió la construcción del Canal, inaugurado el 15 de agosto de 1914. Desde entonces la navegación interoceánica Mar Caribe Océano Pacífico y viceversa ha reducido el tiempo y ha acortado las distancias, mejorando la red comercial marítima a nivel mundial. Los grandes usuarios del Canal son Estados Unidos, China, Chile, Japón y Corea del Sur. Las cifras del tráfico del canal son mareantes: 48 embarcaciones lo cruzan a diario previo pago de una cifra que ronda los 350.000 dólares (dependiendo del tipo de barco, carga, etc.). El tiempo estimado que dura el paso es entre 8 y 10 horas.

En la costa pacífica, muy cerca de Ciudad de Panamá, se encuentra el cerro Ancón, denominado así en honor al primer barco, que era de vapor, que cruzó el canal. Desde sus 199 metros de altura por encima del nivel del mar se puede disfrutar de una vista panorámica que alberga la ciudad capitalina, el Puente de las Américas, las Esclusas de Miraflores y el Canal de Panamá. Enclavado en una zona declarada Área protegida, Reserva Natural y Patrimonio Histórico Nacional. En la cima del cerro y a la sombra de la frondosa vegetación que lo decora uno se imagina a los miles de trabajadores que construyeron el Canal protegiendo sus cabezas con sombreros 'Panamá', procedentes de Ecuador, para refugiarse de un sol que se manifiesta con violencia y quema por venganza.

Descendiendo el cerro Ancón, atravesando la zona residencial de los gringos durante los años de construcción del Canal, se alcanza el Centro de Visitantes de Miraflores, en el lado este de la esclusa del mismo nombre. Este punto, inteligentemente habilitado, es perfecto para observar las maniobras que realizan los barcos para cruzar el Canal. Entre que una compuerta de una esclusa se abre y otra se cierra y los buques empiezan o finalizan su tránsito por el paso, el visitante puede disfrutar de un almuerzo en un restaurante donde el plato principal son los grandes ventanales y su terraza con vistas a una de las esclusas.

Sin duda, otra manera de vivir el Canal de Panamá es tomando el Ferrocarril Interoceánico. Esta serpiente de hierro traquetea en paralelo al Canal y emplea en ir del Mar Caribe al Pacífico menos de una hora. El trayecto pasa por lugares históricos como: el Fuerte de San Lorenzo, las Esclusas de Gatún y la entrada del Canal de Panamá por el lado caribeño. En ese mismo lado de la costa se encuentra la Zona Libre de Colón, la segunda Zona Franca más grande del mundo. Es un Centro Logístico Global para el mundo. Por su situación geográfica la convierten en un centro portuario internacional.

Cinco siglos después de que el extremeño de Jerez de los Caballeros Vasco Núñez de Balboa contemplara y se bañara en las aguas del Pacífico el sueño se ha hecho realidad y desde el año 2007 se trabaja en la ampliación del Canal de Panamá. El año que viene es el primer centenario de este paso interoceánico que ha cambiado las redes de comunicación marítimas del planeta.