Un día cualquiera en la vida de un programa de
Buenafuente comienza a las ocho de la mañana, cuando el primer guionista llega a la redacción y confecciona el resumen de la actualidad del día con los periódicos recién salidos del horno, y con la ayuda de las principales webs. A las nueve de la mañana, el resto de guionistas (diez en total) se reúnen para dar forma al grueso del programa.
Analizan el camino por el que discurrirá la entrevista al invitado, las noticias de actualidad en tono de humor, el monólogo, y el resto de secciones que componen el programa. Una vez claras las líneas maestras, cada guionista comienza a dar rienda suelta a su imaginación, un trabajo sólo apto para unas pocas mentes privilegiadas,
ingeniosas, brillantes... o quizá también algo perturbadas.
Andreu
Buenafuente llega después de comer, directo al plató. Con su equipo de confianza analiza el trabajo realizado hasta el momento, y a partir de ahí, le da el visto bueno, o lo modifica...
¡El jefe ha llegado! El ensayo es un buen momento para que técnicos de sonido e imagen hagan los últimos retoques.
Mientras Andreu, Berto y
Ana Morgade pasan por maquillaje, es el turno del público. Llegan de diferentes partes de España para presenciar en directo el espectáculo. La banda de Joan Eloi no les abandona, y ameniza la espera con música, mucha y buena música en directo.
Andreu tampoco se olvida de ellos. Interactúa con el público minutos antes de empezar, conversa un rato con ellos, comparte anécdotas y les agradece su presencia... ¡Es la hora del show!
Cuando la sintonía suena, todo lo que se ha hecho antes pasa a un segundo plano. La base está creada, pero es ahora cuando la puesta en escena se convierte en protagonista. El
monólogo pulsa la temperatura del público... y de Andreu. Ha habido días que el monólogo se ha alargado hasta cuatro minutos porque Andreu no paraba de improvisar. El programa no se interrumpe por nada del mundo, esa puede ser una de las claves del éxito de este programa, que ante todo trata de hacer reír de una forma natural pero diferente y con un tono respetuoso e inteligente.
Cuando uno presencia el programa en directo aprecia los pequeños detalles que en casa no se ven. Es en definitiva, estar presenciando en directo una
obra de teatro donde cada uno tiene un rol, un cometido preciso, una maquinaria que necesita de cada una de las piezas para funcionar bien, y en BFN lo hace, vaya si lo hace.
Una vez finalizada la función, sólo queda esperar a que
La Sexta se lo ofrezca a los miles de españoles que prefieren irse a la cama con una sonrisa, una sonrisa que ha costado mucho trabajo conseguir,que ha costado muchas horas de trabajo...
¡y mañana más!