Neveras que compran por ti y otras maravillas del Internet de las Cosas

Internet de las Cosas. Si aún no has oído esta expresión, apúntatela. Según los expertos está llamada a ser la próxima revolución tecnológica después del World Wide Web. Nos asomamos a un futuro que, en parte, ya está aquí.

Diana García Bujarrabal / Qué.es 14 de marzo de 2014

Un semáforo capaz de detectar que un anciano está cruzando la calle alarga el plazo para permitirle que camine tranquilo. Este mismo anciano tiene en su casa una nevera capaz de encargar la compra semanal de leche y huevos. Y sensores en el baño que avisarán a los servicios sociales si sufre una caída.

Todas estas son posibles aplicaciones del llamado Internet de las cosas, que en términos sencillos no es sino una Red a la que hay conectados más objetos que personas. Algo que en realidad ya sucede tras la eclosión de los smartphones y tabletas. Como nos recuerda María José Sobrini, directora de Cisco Consulting para EMEAR, hoy día ya hay 10.000 millones de objetos conectados a Internet, frente a unos 2.500 millones de personas. Las cifras marean, pero todavía es poco: en el mundo hay 1,5 trillones de objetos susceptibles de ser conectados para ofrecer e intercambiar información.

Pero, ¿para qué sirven y cómo nos cambiarán la vida todas estas conexiones? Aquí entraría un segundo elemento que nos recuerda Raúl Arrabales, responsable del área de Ingeniería de U-Tad. "La idea es que todas las máquinas y dispositivos conectados hablen entre sí". Dotados de Inteligencia Artificail, estos objetos también tomarían decisiones. "Nos quitarían responsabilidad... pero claro, ahí está la controversia, eso es lo que da un poco de miedo", apunta.

Sobrini prefiere destacar los aspectos positivos: "El Internet of Things tiene el potencial de mejorar nuestras vidas, facilitando prácticamente todo lo que podamos imaginar. Por ejemplo, pueden utilizarse sensores en los bosques para detectar fuegos, controlar migraciones de aves o prevenir plagas. Seguro que acelera el descubrimiento de curas de enfermedades y mejora la gestión del cambio climático".

Y añade ejemplos aún más sorprendentes, desde cepillos de dientes que nos avisen si nuestros hijos pequeños no han cumplido con su higiene hasta un futuro en el que podamos "tragar una simple píldora que recopile datos exhaustivos de nuestro organismo y los remita a los especialistas".

EL MUNDO QUE NOS RODEA YA ES UN POCO INTELIGENTE

Uno de los sectores en los que estos desarrollos se encuentran más avanzados es en la automoción. Como recuerda Arrabales muchos de nosotros hemos conducido ya coches en los que suena una alarma si no nos abrochamos el cinturón. O que son capaces de llamar al 112 en caso de accidente. Los hay que incluso te avisan y te invitan a descansar si te estás quedando dormido porque están provistos de sensores capaces de detectar si se desvía la mirada. Y, por supuesto, todas las investigaciones y prototipos en marcha de coches sin conductor.

Por otra parte, eso que se ha dado en llamar 'ciudades inteligentes' en las que algunas administraciones ya están invirtiendo formaría también parte de esta nueva idea de conectar mediante sensores todos los objetos de nuestro entorno.

"En Barcelona, Cisco, en colaboración con el Ayuntamiento y otras empresas, está desplegando una infraestructura de red en las calles a la que pueden conectarse múltiples dispositivos (sensores, puntos de acceso a la información y dispositivos móviles) para mejorar la gestión de los servicios públicos ya existentes y adoptar otros nuevos (parking inteligente, bloques energéticos autosuficientes, optimización del uso del agua de lluvia para riego urbano, etc.)", cuenta Sobrini.

Aunque la inversión inicial pueda suponer un esfuerzo elevado, Sobrini subraya que merece la pena. "Según el Ayuntamiento de Barcelona, con la gestión inteligente del agua ha ahorrado ya 42 millones de euros, y con la iluminación inteligente ha ahorrado en un año una tercera parte de la factura (alrededor de 27 millones de euros)", dice.

En este sentido, Arrabales insiste también en la importancia de unos costes no muy elevados para lograr que una tecnología que está ya disponible se extienda. "¿Quién paga la factura? Los móviles se han extendido cuando las tarifas han sido asequibles", recuerda.

¿ES ORO TODO LO QUE RELUCE?

En Internet pueden encontrarse verdaderas utopías en torno a la idea del Internet de las Cosas. Un mundo en el que, al estar todo conectado, nada podrá perderse. Un mundo en el que no se podrá robar.

Más allá de que en estos casos la exageración es evidente, el Internet de las Cosas también traerá sus propios problemas. El primero de ellos, de índole tecnológica: los sensores necesitan baterías que los alimenten, pilas que si hubiera que cambiar por cientos nos traerían por la calle de la amargura. Por ello se investigan alternativas como que se puedan recargar solos, con vibraciones o con la luz del sol. "Esto tampoco valdría para el interior de una casa. La tecnología tiene que hacer esfuerzos para lograr que la duración de las baterías sea cada vez mayor", objeta Arrabales.

Otra cuestión no menor es, por supuesto, la privacidad: "Habrá que encontrar un balance adecuado entre la intimidad de las personas y los beneficios para la sociedad que resulten del envío de información por parte de sensores y su posterior análisis, y una de las soluciones podría ser la 'voluntariedad' a la hora de formar parte de ciertos servicios", opina Sobrini.

Claro que esa 'voluntariedad' a veces es inducida porque, ¿quién se lee la letra pequeña de los contratos y condiciones de uso? De acuerdo con esta opinión Arrabales recuerda que en realidad este problema está ya sobre la mesa con las aplicaciones. "Una tienda de ropa de Inditex, por ejemplo, puede ofrecer una app a cambio de ofertas y descuentos. Tú no lo sabes, pero al aceptar las condiciones estás permitiendo que te geolocalicen y facilitando tus datos. Así pueden saber por dónde se mueven todas las jovencitas de Madrid antes de abrir una nueva tienda. O si estás cerca y vas con una amiga, enviarte la foto de la falda que ella se ha comprado la semana pasada y proponerte combinarla", ejemplifica.

"Se trata de establecer un equilibrio entre la protección de los datos más sensibles, la comunicación clara a los usuarios sobre el uso del resto de información menos sensible y la capacidad de los propios usuarios para decidir si pueden utilizarse esos datos, todo además basado en las normativas internacionales y nacionales sobre privacidad y protección de datos personales", cree Sobrini.

En cualquier caso y aunque quizás no nos hayamos dado cuenta, el futuro ya está aquí. Hoy.