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La hora de comer es un infierno para la mitad de los padres

Los progenitores andaluces terminan cediendo a los deseos de los menores o recurriendo a los juegos y la televisión para ayudarles para terminar con uno de los momentos más desagradables del día.

P. Macías/ Foto: Archivo 2 de diciembre de 2009

La hora de comer es un infierno para la mitad de los padres
"Esto no me gusta. No puedo más. Quiero otra cosa". La hora de la comida es un verdadero suplicio para la mitad de los padres andaluces, que se encuentran con reproches y quejas cada vez que sientan a la mesa a sus hijos. Así se desprende del último estudio elaborado por el Observatorio de la Nutrición Infantil de los laboratorios Abbott, que se presentó ayer en Sevilla. De esta forma, el 47% de las familias andaluzas admite que sus pequeños se alimentan poco y mal, lo que convierte el acto de comer "en un momento desagradable del día". Según este estudio en Sevilla son más de 103.000 niños los que tienen malos hábitos en la mesa.

El pediatra y profesor de Alimentación Infantil de la Pablo de Olavide Alfonso Rodríguez advirtió de que más de 425.000 niños de entre 1 y 10 años en Andalucía "comen mal", ya que "se pasan semanas y semanas en las que no prueban las verduras, las legumbres o el pescado".

Con el tiempo los malos hábitos de alimentación se van a multiplicar, "lo que puede suponer un riesgo tanto para el desarrollo físico, como para otro tipo de problemas como el escaso rendimiento escolar", abundó Rodríguez. Casi un 70% de los padres reconoce que el problema del hijo preocupa de forma importante en la familia por sus repercusiones.

El psicólogo infantil Luis Torres, por su parte, aludió a la incorporación de los dos cónyuges al mercado laboral y a la proliferación de familias monoparentales como factores "que dificultan el que a la comida se le pueda dedicar un tiempo suficiente o que se lleve a cabo de forma correcta". Además, el 90% de las familias cede en las comidas a los deseos del niño o bien acaba gritándoles o castigándoles, según Torres.

Los menores que comen mal necesitan un suplemento nutricional. "No hablamos de fármacos, sino de que a las comidas se le añada más aceite o se hagan más platos rebozados o empanados que aporten más calorías a los niños", explicó el doctor Rodríguez.

Ingerir pocos alimentos no es sinónimo de delgadez. Aunque parezca paradójico, los niños que comen mal "pueden sufrir sobrepeso en el futuro", aseguró el pediatra. De hecho, el 4% de estos niños está por encima de su peso.

El experto explica que las discusiones y los enfados a la hora de comer llevan al niño a negarse a participar de la comida, "puesto que concibe este momento como una situación de estrés y por tanto intenta evitarla a toda costa, con la consiguiente imposición por parte de los padres, la discusión y vuelta a empezar". Así, el estudio detecta que en el 40% de las ocasiones la hora de comer termina en enfrentamiento.

Las distracciones no ayudan. El 75% de los niños come viendo la televisión. Que colaboren a preparar la mesa, que la comparta con los adultos o evitar la televisión son pautas aconsejables. Hay que ser pacientes, firmes y consistentes.

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