Opinión.- El valor de la atención farmacéutica domiciliaria.

La capilaridad del actual sistema farmacéutico español convierte al farmacéutico asistencial en la primera línea de fuego en contacto con el paciente

Amparo Bonilla. 4 de junio de 2018

La capilaridad del actual sistema farmacéutico español convierte al farmacéutico asistencial en la primera línea de fuego en contacto con el paciente en muchas ocasiones. Muchas consultas, antes de llegar al médico de atención primaria aparecen en la oficina de farmacia.

 Por eso, cuando hablamos de Atención Farmacéutica Domiciliaria no hemos de pensar sólo en que el farmacéutico se convierta en un repartidor de medicamentos (que es la primera idea que nos viene a la cabeza), sino en el abordaje integral de la salud que puede hacer el farmacéutico de un paciente dependiente, que no puede salir de casa, igual que lo hace de cada paciente que entra por la puerta de su farmacia.


Cuando hablamos de Atención Farmacéutica Domiciliaria, nos referimos, en primer lugar al servicio prestado a un paciente dependiente por un farmacéutico formado y preparado. 

El servicio es prestado en el hogar, donde el farmacéutico se asegurará que el paciente sabe qué medicación debe tomar (en caso contrario, tendremos que prepararle su mediación en sistemas personalizados de dosificación), garantizará que la medicación no está caducada, y que el botiquín del hogar está adecuadamente conservado. Asimismo, el farmacéutico realizará los controles de tensión arterial, peso o azúcar que sean preceptivos.

 El farmacéutico, además, puede mejorar la calidad de vida del paciente dando formación y/o información al paciente y/o a sus cuidadores sobre nutrición, ayudas técnicas (¿puede caerse el paciente cuando se ducha?, ¿tiene riesgo de escaras o úlceras por permanecer demasiado tiempo en la misma posición?...) y otras áreas de la salud igual que lo hace en su oficina de farmacia.


Todo esto es la Atención Farmacéutica Domiciliaria. Un servicio que requiere, lo primero una regulación pero que sin duda, la sociedad necesita cada vez más.

Amparo Bonilla,  farmacéutica.